Trish.
Caminábamos. Elizabeth me estaba guiando por los intrincados pasillos del búnker como si los conociese de memoria, de vez en cuando se detenía y olisqueaba el aire a su alrededor para seguir un camino, ese camino nos llevó al bosque artificial que se encontraba varios pisos debajo de la zona residencial, cuando entramos Elizabeth chasqueó los dedos y la puerta emitió un "Clic" al quedar bloqueada, caminamos por los verdes y suaves pastos hasta llegar al límite del bosque donde se encontraba un enorme muro de acero inoxidable.
-Aquí no hay nada -le dije obviando las cosas.
-Veo que a Carter le gustan las ciegas -se burló mientras posaba su mano sobre la pared y esta empezaba a deshacerse como si le hubieran echado ácido- te sugiero que vueles antes de que ellos salgan -Abrí mis alas más por precaución que por obediencia y emprendí el vuelo, cuando el metal se terminó de disolver dejando como único rastro de su existencia un charco plateado en el suelo de la puerta- hey, chicos aquí tienen un poco de carne fresca -gritó Elizabeth a la apretura que había hecho con el ácido la cual tenía una forma rectangular perfecta, unas figuras tambaleantes empezaron a moverse en las sombras y salieron a la luz del bosque, eran humanos...o lo parecían, las formas eran personas de piel grisácea la cual era surcada por venas de color púrpura intenso por la sangre coagulada que se formaba en ellas, el pelo de ellos se caía a trozos por el movimiento al igual que su piel, era asqueroso, se parecían a las consecuencias de una antigua enfermedad de la época de Jesús llamada Lepra, pero mil veces peor, la piel de algunos de los "humanos" era tan frágil que cuando chocaban los unos con los otros ésta se caía dejando al descubierto un músculo muerto y putrefacto, no eran humanos, eran cadáveres andantes.
-Esto es lo que sucede cuando ustedes, estúpidos humanos intentan evitarme, todos se convierten en un grupo de desagradables muertos vivientes -gritó Elizabeth de entre los muertos, al parecer ellos no querían estar cerca de ella, por lo que parecía una piedra en medio de un rio de muertos- no dejes que te muerdan, o te convertirás en una de ellos si no te comen por completo. Sígueme.
Elizabeth empezó a caminar en dirección a la puerta y cuando intenté seguirla uno de los muertos me agarró por el talón e intentó morderme, yo le pateé la cara con el pie y mi tenis se hundió de lleno en su esponjosa y frágil piel, pero me soltó y cayó sobre sus demás compañeros.
-Oye, Elizabeth, estas cosas quieren comerme, no puedo bajar -le grité mientras que varios muertos se ponían debajo de mí y alzaban sus manos para intentar alcanzarme.
-Ah, claro -ella me señaló con su dedo índice y un fino rayo de energía oscura me impactó, los muertos bajaron sus brazos y empezaron a dispersarse.
- ¿Qué fue eso? -le pregunté cuando llegué a su lado.
-Un hechizo que hace que luzcas, huelas y te sientas distinta, ellos "piensan" que eres un árbol -empezamos a caminar entre ellos y ellos se apartaban de nuestro camino para dirigirse a la luz, yo miré preocupada el exterior- no te preocupes por eso, están encerrados en el bosque, no pueden salir, ya cuando terminemos me encargaré de destruirlos a todos.
- ¿Y ellos...?
- ¿Están vivos? -completó Elizabeth- no, si lo estuvieran no comerían seres vivos, cuando ustedes intentan revivir a los muertos la naturaleza los castiga trayendo de vuelta...a los cuerpos, pero sin una pizca de humanidad, no están muertos, pero tampoco están vivos...aunque quieran, ya probaron lo que es morir, quieren vivir de nuevo y algo le dice que si ingieren seres vivos ellos lograrán estarlo, si no fuesen tan desagradables y letales darían pena, pero lo mejor que podemos hacerles es matarlos...otra vez.
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Diario de un superviviente.
Fiksi RemajaÉl es un chico solitario y misterioso con tendencias a desaparecer en un parpadeo que guarda un secreto de importancia global, ella es una vivaz chica que busca arreglar el extraño corazón de él. Por otro lado tenemos a un chico sin pasado e inmorta...