Me desperté por los rayos de Sol que pasaban por la ventana. Era gigante.
Me trajeron el desayuno pasado un tiempo y miré la hora: las nueve y media.
Desayuné tranquilamente y por la puerta, entró mi querida madre. Creo que nadie notó el sarcasmo.
—Lo siento por decirte eso, hija. Sabes que se dice en el momento. Yo te quiero mucho, y fue cosa del momento. Lo siento, perdóname —se disculpó mientras se acercaba y me daba la mano.
La abracé y suspiré, intentado no llorar.
—Yo también lo siento. Por cortarme, por no estar para ti, por todo. Me siento fatal conmigo misma.
Me abrazó más fuerte y sentí en mi pelo algunas lágrimas.
La abracé con fuerza.
—Todo pasó, hija mía —susurró con la voz quebrada.
Me separé y le quité las lágrimas.
—No quiero que llores mami —murmuré.
Después de ese momento emotivo, el doctor vino y me dio el alta.
Me quitaron el suero que tenía en mi nariz, y me vestí con la ropa de la maleta que había. Suspiré y salimos del hospital.
Muchas personas se arroparon contra mí.
La verdad es que me agobié mucho, porque preguntaban mucho y yo no quería responder, y claro, tengo que dar un buena imagen.
Entramos al coche de mi madre y condujo hasta... No sé a dónde íbamos.
—¿A dónde vamos? —pregunté en un susurro.
—¿Estás bien? Noté tu cara allí.
—Sí. Ya sabes, agobian mucho y agobian —sonreí levemente.
—Ya no quiero ser famosa —rió.
Sonreí.
—¿A dónde vamos?
—A Boadilla del Monte —contestó mirándome por unos segundos.
Asentí y suspiré.
Llegamos a las dos a casa. Entramos y Miriam estaba con Raúl en el sofá.
—Hola pareja —sonreí besando la mejilla de cada uno.
Mi hermana se levantó y me abrazó fuertemente.
—¿Estás bien? —miró mis muñecas, que estaban vendadas.
Tenía puntos, lo notaba.
—Estoy bien —sonreí, besando su mejilla.
Me senté al lado de Raúl y me puse a ver la televisión.
—¿Qué tal el bebé? —cuestioné, al no ver nada interesante en la tele.
—Lo mismo de siempre. Cada dos meses, voy a ir al ginecólogo. La última vez que fui, me dijo que todo estaba bien y me iba a ayudar en todo. Me dio consejos para no marearme tanto y todo eso. Es majo el ginecólogo.
—La próxima vez vas tú —le dije a Raúl.
Sonrió sonrojado.
—¿Y tú bebé? —me preguntó.
—Lo perdí —me encogí de hombros, bajando la mirada—. La sangre que perdí fue bastante, el bebé no pudo sobrevivir.
Raúl bajó la mirada y mi hermana me abrazó.
—Pero juro que no me intenté suicidar por el bebé, aunque no tenga muchas ganas de tener uno.
Pasó el brazo por la espalda.
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¿No quieres o no puedes? ➡ Antoine Griezmann ⬅
FanfictionElla no confiaba en el amor, porque había sufrido demasiado para su corta vida, aunque tenga 22 años. Sinceramente, no confiaba en nadie, nada más que en su familia y en sus mejores amigas. Después, le encontró. Él era perfecto. ¿Problema? Tenía...