02/04/17

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Sinceramente no sé cómo empezar esta carta, pues sé que no vas a leerla tú, que eres quien realmente quisiera que lo hiciese.

Anoche soñé contigo. Desde que sé de tu existencia, nunca había soñado contigo, pero anoche por fin lo hice.

Estabas conmigo, en una habitación que no recuerdo cual era ni qué había pasado para llegar hasta ahí, pero la verdad es que no es muy relevante.

Me dejaste que me acercase a ti y te abrazase

"¿Cómo estás, amor?"

Te susurré mientras sonreías tímido y me abrazabas con más fuerza.

Me sentí en una nube entre tus brazos, mientras disfrutaba de tu aroma y de tu fuerza.

Tu calor contrastó con la frialdad de mi piel y pude sentir un cosquilleo que juro fue lo más agradable que jamás podré experimentar.

Alguna sonrisa tímida fue tu despedida antes de que me despertase y recordara que no estás aquí, que estás tan lejos que por desgracia aún a día de hoy no sé a qué huele tu cuello ni a qué temperatura está tu piel.

Ojalá tus manos y las mías se entrelazasen al menos una vez en esta vida.

Vida que ya no es vida si no es contigo.

Y es que tu fortaleza y vitalidad llenan mis días de emoción y ganas de seguir.

Me tienes permanente perdida en tu sonrisa y en tu forma de mirar a la cámara cuando te disparan una foto.

Y es que a veces, y no tan a veces, imagino que es a mí a quien sonríes, antes de caer en la cuenta de que quizás eso nunca ocurra, y por ello las lágrimas vuelven a asaltarme de nuevo.

Juro que algún día tú y yo nos encontramos, y será entonces cuando mis preguntas se responderán y morirá todo sueño por haberse cumplido.

«Cartas Para Bae»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora