En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
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MERY
Yo era de diciembre, seguro sería de las últimas, pero Chad era de enero. Los primeros cinco pasaron sin problemas, y aunque salían pálidos, todos se sentaban de nuevo, sin decir nada.
—He escuchado que está prueba casi todos la pasan —Me avisó Chad, sonriéndome.
Era cierto, viviendo en las celdas éramos más fuertes, eso decía mi madre. Que algunos de los segundos enfermasen era demasiado raro, porque al estar en ese estado, nuestro cuerpo creaba otro tipo de protección, una más resistente.
—Seis —hablaron, Chad se puso de pie, y sentí el espacio inmenso cuando soltó mi mano.
Se acomodó la camisa que le quedaba un poco grande, y cuando caminó a donde estaban los doctores, me sonrió, marcando su hoyuelo derecho. Sentí incertidumbre, del simple hecho de imaginar que no pasase algunas de las pruebas me aterraba incluso más de lo que pasaría si yo no las pasaba.
—Siete —llamaron, y mi corazón me golpeó con fuerza el pecho.
Chad no había salido, y estaba tentada a preguntar por él.
Me mordí el interior de mi boca, haciéndome daño, ya iban más de la mitad y Chad no salía.
—Doscientos —mencionaron, y justo seguía después.
Me puse de rodillas, esperando ser llamada. La niña que entró salió, sobando el piquete que supuse le dieron en el brazo.
—Doscientos uno —Y me puse de pie dando un salto, caminando rápidamente hasta donde me escanearían el código en mi cuello por atrás.
El doctor me tomó del brazo, dirigiéndome por los pasillos hasta llegar a una habitación, y cuando entré, lo primero que visualizaron mis ojos fue a Chad, en una cama, inconsciente. Me tembló el labio inferior, y no quité mis ojos de él.
La enfermera me sentó en una silla, y cerraron la puerta.
—Te daré algunos piquetitos, no te preocupes, no dolerá —Su voz era amable.
—¿Qué le ocurrió a ese chico? —Señalé a Chad, ya no podía aguantar más la incertidumbre.
La enfermera se dio la vuelta, mirándolo con una sonrisa.
—Algunos les da inseguridad las agujas —Me avisó, preparando mi aguja—, él solo la miró, y cayó al suelo —Se encogió de hombros, tomando asiento al frente de mí.
—Pero... ¿estará bien?
—Claro, a todos nos da miedo algo —colocó un trozo de algodón con alcohol en mi ante brazo, buscando una vena—, ya le he hecho los estudios, solo falta el de vista, pero espero no tarde mucho en despertar.
Llevaba medio día ahí tirado.
El pinchazo me tomó desprevenida y chillé un poco cuando el ardor me recorrió el cuerpo. Dos tubitos fueron comprimidos con mi sangre. Tomó pruebas de mi saliva, mis reflejos, y lo bien que veía las letras. Y Chad seguía tumbado, como un muerto.