Capítulo 10: Peleas por aquí, peleas por allá

21 2 0
                                    

Me acerco a Mirage con furia, sin darle importancia a la pistola con la que me está apuntando. Rápidamente, procedo a golpearla para que la suelte.
Le sujeto uno de los brazos y, con mi otra mano, la tomo del cuello: Noto al instante que se le dificulta respirar. No era consciente de que yo tenía tanta fuerza.
—Sé que tú tienes algo que ver con todo esto. No sé si con lo que pasó en todo el mundo, pero sí en este país... Y te juro... Te juro... Que lo voy a averiguar
Suelto a la rubia con brutalidad y ésta se cae al suelo, suspirando fuertemente con un ruido agonizante, a la vez que los colores regresan a su rostro.
—No te mato ahora por el simple hecho de que necesito información ¡Que lo sepas!
Me apresuro a correr en dirección al lago. Al llegar la primera imagen que captan mis ojos es espantosa: La gran criatura gruñe y arranca los árboles de sus raíces, intentando localizar a los chicos, que corren y gritan por todo el área. Luego de extraerlos, el gigante lanza con sus enormes brazos los troncos enteros a quién sabe qué parte del bosque, y a mí me alegra que no sea a la cara de mis amigos.
Por un segundo suspiro de alivio al ver a Julián, Luciano, Franco, Nahuel y Arian a salvo, moviéndose velozmente y evadiendo el rango de visión de la criatura con éxito.
El monstruo es horrible: Tiene la piel de un color verde brillante y arrugas por todo el cuerpo. Al gruñir, pueden verse en su boca una gran cantidad de dientes podridos.
No podemos huir... No podemos dejar a esta cosa en el medio del bosque. Y aunque lo intentáramos, nos alcanzaría antes que nada. Sin embargo, no tenemos munición. Solamente tenemos las flechas de madera y...
Una idea aparece repentinamente en mi cabeza.
—¡HEY! ¡SÍ, TÚ, EL TROLL FEO! —Grito con toda la potencia de mi voz y entonces el gigante voltea a verme —¡A QUE NO ME ATRAPAS!
El monstruo se dirige directo hacia mí y deja de prestarle atención a los chicos, a quienes les hago señas con las manos para decirles que se escondan. Julián y Arian me observan anonadados como si hubiera tenido una idea suicida. Por otro lado y para mi sorpresa, Luciano, Nahuel y Franco entienden que es simplemente una idea.
Me lanzo a correr en todas las direcciones para intentar marear a la criatura. Ésta intenta golpearme con uno de sus puños gigantes pero, por mera suerte, consigo esquivarlo. Me levanto y continúo con el trote.
De repente, el monstruo está a centímetros de atraparme, pero yo me lanzo hacia adelante dejándome caer.
Ruedo en el suelo unas tres veces y el impacto me causa bastante dolor en el cuerpo. El "troll" no me da un respiro ya que, cuando estoy tirada en el césped, trata de golpearme nuevamente. Vuelvo a rodar y lo esquivo.
Me levanto lo más rápido posible y empiezo a correr.
—¡Pásame el arco y el carcaj! —Le grito a Franco.
Sigo moviéndome velozmente, pero esta vez me dirijo hacia los arbustos donde se escondieron los chicos y Franco hace lo que le pedí. Me coloco el carcaj mientras continúo corriendo, alejándome del gigante, ya que escucho sus fuertes pisotones detrás de mí.
Cuando por fin creo estar a una distancia considerable de la criatura, me quedo quieta frente a él, mientras me observa con una oscura y turbia mirada.
Le apunto a su ojo derecho y, aunque soy agnóstica, sé que voy a necesitar de un milagro para no fallar.
La flecha sale disparada hacia arriba y la criatura escupe un feroz y agonizante gruñido. Un gruñido ensordecedor.
Bajo el arco y no puedo creerlo. No fallé.
El monstruo intenta quitarse la flecha del ojo, sin éxito, ya que al parecer tiene unos brazos más cortos de lo que parecía a simple vista.
Cae de rodillas en el suelo y todo tiembla a nuestro alrededor: Tengo que hacer equilibrio para lograr quedarme de pie pero sé que es el momento para terminar de ejecutar mi plan. Dejo el arco en el suelo.
—¡ARIAN! ¡LA ESCOPETA! —Le grito, y vuelvo a correr, acercándome a él.
El chico rubio me entrega el arma rápidamente de entre los arbustos y noto que estoy demasiado cerca del monstruo. Tengo que arriesgarme ahora.
No lo pienso dos veces: Sujeto con firmeza la doble cañón y le disparo al aún atontado gigante.
Le vuelo la cabeza... Literalmente: Ésta explota de forma brutal dejando que grandes salpicaduras de sangre caigan sobre mí.
El cuerpo del monstruo se inclina hacia adelante.
El potente retroceso del arma hizo que la soltara luego de disparar y que yo cayera al suelo, por lo que me levanto y corro a toda velocidad, antes de morir aplastada bajo el torso de la criatura: Cuando ésta cae se escucha un gran estruendo que parece hacer eco en todo el bosque.
Limpio de mi cara las gotas rojas que me alcanzaron. Arian, Julián, Franco, Nahuel y Luciano se acercan rápidamente.
—Tú siempre salvando el día... O, en este caso, la noche —Comenta Franco burlón.
—Qué gracioso
Escuchamos el ruido de unas hojas moviéndose violentamente: Por el sonido, está claro que son humanos quienes las están moviendo y no el viento. Al voltearnos, vemos a Javier y a Mauro.
Apenas ve al monstruo gigante Mauro se queda paralizado, boquiabierto. Deja de caminar, pero no dice nada.
—Mau, el camino a casa no era por aquí, te dije que... —Habla Javier, mirando hacia atrás, todavía sin ver a la criatura... Hasta que se voltea y grita —¡¿Qué mierda eso?!
—No lo sé, solamente me limité a matarlo
—¿Y LA CABEZA?.. TE.. ¿TENÍA CABEZA?.. ¿QUÉ... QUÉ LE PASÓ A LA CABEZA?
—Escopeta doble cañón. En toda la cara
Pese a la extraña y horrible situación, a Javier le aparece una leve sonrisa en el rostro.
—¿No te cansas de ponerte en peligro? —Me pregunta, divertido.
—¿Para qué vivir si no vas a vivir al límite?

Cuando El Apocalipsis Empieza (Masacre Mundial 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora