Tercer capítulo: "Un fracaso no tan fracasado"

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Me fui caminando mientras me arreglaba el pelo. Apenas volví, encontré a papá y nos fuimos hacia la convención. Eran las doce de la tarde y yo tenia el VIP a las 14, así que teníamos tiempo, así que decidimos pasear un rato.

Nunca en mi vida, la pasé TAAAN bien.

Pasabamos por los puestos, y nos parábamos cada tres segundos. Entre que papá y yo somos re frikis, más que habíamos llevado bastante plata, parecía que ibamos a llevarnos todo. Nos reíamos a carcajadas, nos probábamos cosas, jugábamos. También nos pasamos un buen rato viendo a las personas que competían estando disfrazadas. Se ve que este año les había venido con mucha imaginación.

A todo esto, yo no paraba de estar nerviosa. Visitaba y observaba un montón de cosas sólo para poder despejar mi mente, y, a pesar de eso, no lo lograba. No paraba de pensar en Finn, tenía un montón de preguntas: ¿Cómo sería así, cara a cara? o, mejor ¿como se sentiría? ¿me sonreirá? ¿estará cansado y no nos podremos sacar la foto? había leído que eso ya había pasado con Millie. Ay dios, necesitaba calmarme. Y no era tan solo eso, porque después tenía también el VIP del autógrafo. ¿Y si se acordaba de mí? ¿Y si me pide el número y nos volvemos amigos? No no, ya le estoy mandando cualquiera. ¿Cómo me iba a pasar eso? Yo no tengo ese tipo de suerte. Es más, mi suerte es más pequeña que la molécula más pequeña que existe en el universo. Seguramente, por que soy taaan fracasada, me mandaba alguna cagada. ¿Y si me caigo? ¿Y si le estornudo a Finn en la cara? ¿Y si me rio y me sale un moco? Ay, me voy a morir.

Sí.

No. ¡No! No me iba a pasar nada de eso, tenía que confiar en mí. Tenía que confiar en que todo iba a salir bien, y así iba a suceder. 

Desde ese momento, ya me fue mejor.

Volviendo a la realidad: creo que nunca, en mi bendita vida, me había comprado tantas cosas. Y no era que fuésemos la familia más rica de Argentina, ¡eh! nada que ver. Venía ahorrando desde hace meses, un poco me lo merecía. Me merecía los cinco funkos, las dos gorras, los siete cómics, los tres libros, la estela, la varita, el sombrero, los dos llaveros y los cinco pósters. Bueno, capaz me pasé un poquito. Un poquito bastante.

Eran las 13:30 y yo me estaba probando una túnica de Ravenclaw. Mi cabeza se había despejado lo suficiente como para olvidar la hora y el turno.

Me miré al espejo, notando como como el azul de la túnica me combinaba con los ojos, también azules. Al fin había logrado peinarme el flequillo y me había hecho un rodete medio flojo, con algún que otro pelo rubio suelto sobre mi cara. Le sonreí al espejo, justo al mismo tiempo en el que papá me gritó:

-¡CANDELARIA, VAS A LLEGAR TARDE!

-¡Ya voy!

Me eché una última mirada en el espejo, feliz.

Terminé comprándomela. Luego de pagar, con las bolsas en la mano, fuimos hacia los "salones" en los que eran los VIP. Estábamos por pasar cuando unos matones nos pararon.

-¿Entrada?

-Claro. -dije, sonriéndole. Sinceramente me daba un toque se miedo. Dirigí mi mano hacia mi bolsillo, para buscarla, y no la encontré. Intenté no desesperarme y me fijé, tranquila, en el otro. Tampoco estaba. Okay... ahora sí me estaba desesperando. Miré a papá -No la encuentro.

Papá arrugó los labios mientras me miraba, cansado.

- ¿Y en la mochila no probaste? ¿Alguna de las bolsas? -sonreí al escucharlo y recordar que, en la tienda de cómics, la guardé en mi "billetera" (una bolsita de lana, regalo de mi abuela Falka) la busqué y luego de encontrarla la besé. Pedazo de hermosura.

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⏰ Última actualización: Aug 23, 2017 ⏰

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