Harry. Días 16 y 17 (todo bien, hasta el momento)

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Para compensar la ausencia del viernes, decido hablarle a Embrión sobre Louis. 

No menciono el nombre, pero tengo que contárselo a alguien que no sea ni Zayn ni Niall, que no hacen más que preguntarme si ya me he acostado con él o recordarme la patada en el culo que me dará Austin si me atrevo a hacer algo con «su novio».

En primer lugar, sin embargo, Embrión tiene que preguntarme si he intentado autolesionarme. Es una rutina que repetimos dos veces por semana y que va más o menos así:

Embrión: «¿Ha intentado autolesionarse desde la última vez que nos vimos, Harry?».

Yo: «No, señor».

Embrión: «¿Ha pensado en autolesionarse?».

Yo: «No, señor».

He aprendido que lo mejor es no decir nada sobre lo que en realidad piensas. Si no dices nada, dan por sentado que no piensas nada, solo lo que les dejas entrever.

Embrión: «¿Está usted tomándome el pelo, hijo?».

Yo: «¿Cree que le tomaría el pelo a usted, una figura de autoridad?».

Como carece de sentido del humor, me mira entornando los ojos y dice:

—Espero que no. Me he enterado de lo del artículo del Bartlett Dirt.

—No siempre hay que creer lo que se lee, señor. —Y abandono por fin mi sarcasmo. Está preocupado y tiene buenas intenciones. Es, además, uno de los pocos adultos que conozco que me presta atención—. De verdad —digo, mi voz quebrándose, tal vez porque ese artículo estúpido me preocupa más de lo que me gustaría.

Terminado este intercambio, dedico el resto del tiempo a demostrarle las muchas razones que tengo para vivir. Hoy es el primer día que saco a relucir el tema de Louis.

—Hay una chico. Lo llamaremos Jack. Hemos entablado una amistad, y eso me hace muy, pero que muy feliz. Estúpidamente feliz. Tan feliz que mis amigos no me aguantan de tan feliz que estoy.

Me examina como si intentara buscarme el ángulo bueno. Continúo hablando sobre Jack y sobre lo felices que somos, y sobre que lo único que quiero es pasar mis días siendo feliz por lo feliz que soy, lo que en realidad es cierto, pero al final dice:

—Ya vale, ya lo he captado. ¿Es este tal... Jack el chico del periódico? —Dibuja unas comillas en el aire para acompañar el nombre—. ¿Él que lo salvó de saltar de la cornisa?

—Posiblemente.

Me pregunto si me creería si le dijera que fue justo al revés.

—Ándese con cuidado.

«No, no, no, Embrión —me gustaría decirle—. Precisamente usted debería saber que no es prudente decir cosas de este estilo a alguien que es tan feliz. "Ándese con cuidado", implica que todo tiene un final, que tal vez se produzca dentro de una hora, dentro de tres años, pero un final, de todos modos. ¿Acaso le daría un patatús si me dijera "Me alegro de verdad por usted, Harry. Felicidades por haber encontrado a alguien que lo hace sentirse tan feliz"?»

—¿Sabe? Podría simplemente decir «felicidades» y dejarlo aquí.

—Felicidades.

Pero es demasiado tarde, porque ya lo ha dicho y mi cerebro se ha aferrado a ese «Ándese con cuidado» y no está dispuesto a soltarlo. Intento hacerle entender que lo que quería decir Embrión era «Ándese con cuidado cuando mantenga relaciones sexuales. Utilice un condón», pero como que es un cerebro y, ya se sabe, tiene mentalidad propia, empieza a pensar en todas las maneras con que Louis Tomlinson podría partirme el corazón.

Broken Soul (L.S)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora