Capítulo II. ¿Regreso a casa?

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Y me levante, pese a estar en modo zombi todo el día, visite la casa Azul de Diego Rivera y Frida Kahlo, admiraba a esa mujer y sabía que no tendría mucho tiempo en la ciudad, así que tenía que conocer su museo antes de irme

Ver la historia de Frida y las cartas de Diego me hacía sentir menos rota, menos fracasada, más yo.

Hoy, solo quedan los recuerdos de las calles coyoacanescas y los lobos imponentes que te miran como si estuviesen vivos, es tiempo de empacar la ropa y los sueños rotos, mi autobús sale a las cuatro y veinte de la tarde y planeo llegar en metro hasta central del norte, así que tengo que estar lista para salir antes de las tres.

Como toda chica organizada y responsable reviso mi lista de pertenencias antes de dejar el hotel y despedirme de Gabriela, ella también está por dejar el hotel, pero no para regresar a casa, se muda a un modesto pero lindo departamento cerca de la facultad. Gaby insiste en acompañarme, pero no se lo permití, quiero que mis últimas horas en mi ciudad favorita sean lo menos tristes posibles.

Camino y bajo a la estación de metro, pronostico que por ser domingo mi viaje será placentero y gracias a Dios así es, llego a la terminal a las 4 en punto, tengo el tiempo justo para comprar un subway de pollo sin cebolla y registrar mi equipaje.

Los 20 minutos pasan en un abrir y cerrar de ojos y por alguna extraña razón el autobús llega con extrema puntualidad.

Abordo el autobús y empieza mi rezo por no tener compañero de asiento, mis suplicas parecen ser escuchadas, el autobús empezó a moverse y yo estoy sola... ¡Siiiiiiiii! Grito para mi interior hasta que un ruido externo interrumpe mi celebración.

- ¡Hola! – dice un tipo alto y atlético, de tez morena y ojos negros – estuve a punto de perder el viaje, el tráfico aquí es horrible.

Lo miro y sonrió, aunque amo estirar mis piernas mientras viajo, no podía quejarme de mi acompañante de hoy, era el tipo de persona que necesitaba para aligerar mis 22 horas de camino, parecía interesante.

- Hola, que bueno que no fue así – dije tranquila.

- ¿Te molesta si ocupo todo el compartimento superior?... llevo algunos souvenirs – pregunto con voz agitada.

- No, para nada, yo no lo necesitaré – respondí.

- Excelente, gracias – comento sonriendo y se apresuró a guardar su equipaje, el autobús iba aumentando velocidad, y si no guardaba rápido en cuestión de minutos terminarían en el suelo, él y sus múltiples souvenirs.

Finalmente se sentó sin ser víctima de ningún accidente y empezó a hablar tranquilamente.

- ¿Cómo te llamas amiga?

- ¿Cómo sé que no eres un tratante de blancas amigo? – Respondí sarcásticamente.

- Eres morena, no correrías peligro – dijo a la vez que guiñaba su ojo derecho.

En ese momento solté una carcajada monumental, este tipo me estaba agradando.

- Buen punto – dije entre risas – Soy Alex ¿y tú?

- David, pero mis amigos me llaman Davo, tu dime David – su sonrisa era amplia, sabia jugar mi juego.

- Ah, interesante David ¿a dónde viajas?

- Mazatlán, Sinaloa, ¿y Alex?

- Un poco más allá, siempre voy más allá – Dab, había anotado un punto.

2000 FormasWhere stories live. Discover now