Justin trató de no mirar su reloj mientras esperaba a que se abrieran las puertas del salón en
que estaba a punto de inaugurarse el congreso. En cualquier momento, los asistentes comenzarían
a entrar en oleadas.
Una descarga de adrenalina recorrió sus venas cuando pulsó la tecla del ordenador que hizo
que la demo de Wintersoft apareciera en las pantallas. Aquélla era la mejor parte de su trabajo: la
anticipación de atrapar a un posible cliente y hacerle ver que su producto era el mejor del
mercado.
Sin embargo, aquel día había un toque de inquietud mezclado con la excitación. Estaba
acostumbrado a contar con Quentin Kostador en el puesto, un tipo robusto de un metro setenta y
cinco.
Respiró profundamente mientras ignoraba a propósito a ______, que estaba a su derecha
organizando los materiales con el logotipo de Wintersoft. Cada vez que se movía enseñaba las
piernas, cuya perfección quedaba acentuada por la falda negra y corta que había elegido ponerse
aquel día.
¿Por qué no habría elegido unos pantalones?
¿Y por qué se sentía él tentado por la hija de su jefe?
Se había pasado la vida manteniendo los negocios y el placer separados. Muy separados. No
salía con mujeres que buscaran algo duradero y profundo y sus relaciones no duraban lo suficiente
como para que alguna de ellas empezara a hacer preguntas sobre su pasado.
Hasta el momento le había funcionado, y había disfrutado saliendo con mujeres muy
guapas... al menos hasta hacía ocho meses. Uno de sus compañeros de estudios en Amherst,
actual director de la revista Boston Magazine y con el que había coincidido en un par de ocasiones
con dos mujeres distintas, había decidido incluirlo con el número doce en la lista que publicaba la
revista de los solteros más cotizados de Boston, lo que lo había convertido en el centro de cotilleo
de la oficina.
Salir por ahí con mujeres guapas perdió su encanto en cuanto se dio cuenta de que hacerlo
podía poner en peligro su carrera.
Desde entonces, se había mantenido lo suficientemente ocupado con su trabajo como para
no echar de menos aquellas salidas. La única que había tenido desde la aparición del artículo fue
para acudir a una cena en casa de Lloyd, donde se sintió obligado a asistir acompañado. E incluso
aquello salió mal. Invitó a una modelo que sabía que sólo iba a estar en la ciudad temporalmente y
sólo necesitó un rato para darse cuenta de que era una mujer totalmente insulsa y malcriada en
exceso por sus riquísimos padres. Incluso Lloyd bromeó sobre ello más tarde, en su despacho. Justin
le hizo saber enseguida que no iba en serio con aquella «niña malcriada». Pero aquello le hizo
preguntarse qué pensaría Lloyd al respecto, sobre todo después de haber visto un ejemplar de la
revista Boston Magazine sobre la mesa de su despacho.
