Tras la repentina mejoría tuve que empezar a prestar atención a la situación.
Me hallaba en el suelo, aferrada a la barandilla como si la vida me fuera en ello. De fondo un mantra cada vez se hacía más nítido y audible "inspira y espira".
Entonces busqué el origen del sonido y me topé de frente con la chica a la que había ayudado segundos antes.
La pobre estaba arrodillaba a mi lado con cara de verdadera preocupación. Y, sin saber por qué, se me rompió el corazón al verla así. Parecía un pobre perrito desvalido y asustado.
Necesito recapitular y revisar los hechos porque la situación ha sido muy extraña.
Recuerdo que empecé a encontrarme mal y que, sin previo aviso, mi cuerpo se desplomó como una marioneta a la que le cortan los hilos. Y justo después todo se volvió confuso y sin sentido.
Espera, espera, ahora lo recuerdo todo. ¡El coche! Debe de tener relación alguna con lo que ha pasado.
Cuando llegué en la bicicleta comencé a sentirme mal, justo cuando apareció la chica de ojos verdes. Después, al acercarme a ella para ayudarla, la sensación de malestar fue aún mayor, tanto que no pude sostenerme sobre mis temblorosas piernas.
Entonces cuando me percaté de que el vehículo arrancaba y desaparecía al final de la calle, todo aquel malestar fue desapareciendo como por arte de magia. ¿Por qué? Es la pregunta que repiquetea en mi mente sin descanso.
Algo me sacó de mi ensimismamiento. Era la mano de la chica que se posaba en mi hombro y buscaba conseguir mi atención.
- ¿Te encuentras mejor? Me has dado un susto de muerte cuando caíste al suelo. ¿Te has hecho daño? - preguntó con una notable preocupación en la voz y, curiosamente, un acento que no reconocí.
Haciendo un considerable esfuerzo pude articular algunas pocas palabras para tranquilizarla.
- No te preocupes. Ya me encuentro algo mejor. Siento mucho haberte asustado. - aunque realmente quién estaba asustada era yo.
- Me alegro de verdad de que no haya sido nada grave. Si no me hubiese caído tal vez no te hubieras sentido mal. Probablemente la culpa sea mía. - dijo ella mientras bajaba la mirada con arrepentimiento.
- No seas tan dura contigo misma. De ninguna manera sabías que ibas a tropezarte y, menos todavía, que mis piernas iban a convertirse en gelatina. - dije con un tono burlón para quitar algo de hierro al asunto y también con la esperanza de que siguiera su camino. Necesitaba librarme de ella. Estos actos sociales me ponen de muy mal humor.
De alguna manera conseguí ponerme en pie gracias a su ayuda. Se creó un silencio bastante incómodo y yo, con mis nulas habilidades sociales, no hacía otra cosa más que mirar al suelo y hacia mis zapatos que, por cierto, debo abrochármelos mejor.
Sin aviso, una ligera y vacilante voz rompió el tenso silencio, haciendo que la volviera a mirar.
- Mi nombre es Mariya pero todos me llaman Masha. Encantada de conocerte - dijo con una amplia sonrisa y su mano tendida en medio de ambas esperando un apretón de manos.
Muy a mi pesar, tuve que hacer de tripas corazón y estrechársela. ¿Ya había comentado antes que no me gusta nada este tipo de cosas?
Extendí mi vacilante mano y apreté su mano en la mía. En un primer instante el contacto generó en mí algo de rechazo hacia ella pero, antes de darme cuenta, ajustó la suya en la mía y apretó con una fuerza algo inusual para una chica tan menuda como ella.
Sin previo aviso, una leve ola de calor inundó mi ser y una corriente eléctrica recorrió toda mi espina dorsal. La sensación residual de agotamiento que soportaba debido al desfallecimiento se esfumó por completo y sentí mi cuerpo ligero como una pluma.
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Mi luna
WerewolfNatasha es una chica huérfana de 18 años, criada por sus abuelos maternos, que se desplaza a la ciudad rusa de Samara para comenzar sus estudios universitarios. Lo que para ella consistía en un inofensivo cambio de aires, significó ser un vuelco to...