4.GRITO (крик)

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En un instante la oscuridad desapareció. Me encontraba sentada en un tocón en medio de un espeso y frondoso bosque. La luz de la mañana se filtraba grácilmente entre las hojas de los árboles, dibujando el suelo con claros y sombras. El único sonido que provenía de aquel oasis de paz era el canto de los pájaros y el susurro del viento que bailaba entre las ramas de los árboles.

Me levanté y comencé a pasear sin rumbo, sin importarme a dónde. Tenía la sensación de que era imposible perderme. En lo más profundo de mi ser sentía que estaba como en casa.

Tras mis pasos las huellas de mis pies iban marcando el sendero que yo misma había elegido. Al poco tiempo el arrullo lejano de un riachuelo llegó a mis oídos y caminé hacia él, haciéndose más audible a medida que me iba acercando. Me desplazaba entre los árboles con una facilidad inusitada, como si en mente tuviese el mapa de aquel lugar.

Tras media hora logré alcanzar el riachuelo. Ahí el ambiente era distinto. Un fuerte olor a humedad y tierra mojada inundaban mis fosas nasales. El olor más puro de la madre tierra. Decidí seguir caminado río arriba, posiblemente hacia el este ya que el sol de la mañana se hallaba frente a mi, elevándose por momentos. Tras casi lo que parecieron ser 2 horas de caminata, al fin encontré un claro a mi izquierda. Una zona con menos densidad de vegetación. Me desvíe hacia él y descubrí un pequeño sendero que serpenteaba entre los árboles. Sin pensarlo dos veces, me interné en él.

Progresivamente el espesor del bosque se hizo menor y el silencio se hacía más acusable. Difícilmente lograba escuchar los lejanos cantos de los pájaros. Entonces, como salido de la nada, apareció una pequeña cabaña ante mí. Por segundos sentí como mi corazón se aceleraba. Quizás hubiese más personas en este bosque que me pudiesen explicar dónde estaba. Pero esa sensación mudó en una severa decepción al observar con detenimiento que estaba abandonada y bastante destartalada.

Dirigí mis pasos hacia ella y traté de abrir la puerta. Pero resultó ser una completa misión imposible ya que los goznes estaban muy oxidados. Decidí entonces dar una vuelta alrededor de la cabaña para cerciorarme de que esa no era la única entrada posible. Y estaba en lo cierto. Justo detrás hallé otra puerta que cedió de manera más amable que la primera. Entré con cautela en el caso de que algún animal del bosque hubiese convertido aquel cubículo en su hogar. Por suerte no fue así. No había rastros de vida pero no solo eso. Me impactó ver que estaba muy desordenada y patas arriba. Muchos de los muebles estaban rotos y desperdigados por todo el lugar, mientras que el suelo se hallaba invadido por decenas de objetos. Aquello no era normal. Algo muy grave debía haber sucedido allí dentro.

Tras caminar unos pocos pasos, el sonido de un cristal roto bajo mis pies me asustó. Retiré el pie y un marco con una foto en blanco y negro apareció tras él. Con sumo cuidado retiré la foto de debajo del cristal roto y la sostuve ante mí. En ésta aparecían un hombre y una mujer jóvenes y sonrientes y, entre ambos, una niña pequeña y morena, de unos tres años.
No sé por qué, pero tuve la extraña sensación de que aquellos adultos me eran muy familiares. Me fijé nuevamente en la niña y entonces mis ojos se abrieron como platos. No podía ser cierto. Esa niña era...

CRACK!

Un terrible sonido interrumpió mis pensamientos y asustada busqué el origen del mismo. Aquello no podía ser cierto. Pero si, la peor de mis pesadillas se hizo realidad frente a mí. Un rabioso y frenético lobo gigante tan negro como la peor de las cegueras y, a la vez, terriblemente familiar. Su respiración agitada y sus ojos ámbar denotaban una locura extrema y, para mi desgracia, sed de sangre.

Antes de que pudiese hacer el menor gesto para huir, la bestia negra saltó sobre mí. Me tiró al suelo sobre los múltiples escombros y sentí un dolor intenso quebrando mi espalda. Acto seguido me inmovilizó con sus patas delanteras apoyadas en mi pecho y me apresó. Por instantes acercó su hocico a mi cara mientras se relamía y babeaba profusamente. Su aliento apestaba a muerte y a sangre putrefacta. Sus ojos amarillos fulgurantes miraron directamente al epicentro de los míos. Mi final estaba cerca. Entonces fue cuando escuché su voz grave y terrorífica en mi cabeza: "Voy a acabar contigo al igual que hice con ellos. Te desgarraré y haré que te desangres en la mayor agonía que puedas imaginar. Al fin tu inmunda y débil estirpe será historia."

Mi lunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora