Dedicado a AlexBlack13
En seguida nos pusimos manos a la obra en la cocina. Masha consiguió hacerme hablar y conocer así cuáles eran mis platos preferidos, a pesar de que me negué. La verdad es que no tenía suficientes fuerzas para llevarle la contraria así que, al final, tuve que decírselo. Al fin y al cabo, tenía un hambre voraz.
Para matar el frío comenzamos a hacer una sopa Borsch. Para aquel que no la conozca, es uno de los platos más conocidos de la gastronomía rusa y no es para menos. Lleva distintas verduras como repollo, zanahorias, cebolla y, su ingrediente estrella, la remolacha, la cual le da ese color especial. Una vez cocinada se le puede añadir un poco de crema agria y voilà, un grandioso plato reconstituyente, lo que yo necesito en estos momentos.
Sin embargo, Masha y yo tuvimos una pequeña rencilla con respecto a los ingredientes. Al proceder ambas de distintos lugares, la receta original varía y, en este caso, el problema consistía en que yo nunca había comido la sopa con carne de res y ella si, que era como lo hacía su madre y su abuela. Al final, la reyerta la ganó ella con el pretexto de que yo estaba débil y la carne me vendría muy bien. Si mi abuela se enterase de que la he comido de esa manera, lo más probable es que nunca más me la haga. Un auténtico apocalipsis para mí.
Una vez que la sopa estaba cocinándose a fuego lento, nos enfrascamos en la elaboración de unos pelmenis, que son una especie de raviolis rellenos de carne con verduras. Tras la experiencia anterior, esta vez no puse pega alguna a la elaboración de los mismos para evitar volver a estar en desacuerdo con Masha. Al poco de empezar a prepararlos empecé a encontrarme un poco mareada, con lo cual me senté y dejé a Masha con el timón de la cocina.
Mientras ella proseguía con su vaivén por la cocina, me dediqué a observarla con mayor detenimiento. En mi empeño por evitarla no había reparado en su personalidad amable y hospitalaria. Creo que el haber vivido toda la vida enfrascada entre libros y más libros ha nublado mi visión y mi entendimiento del mundo en el que vivo. No piensen que de repente voy a abrirme a las relaciones sociales, tener amigos y buscar pareja, nada más lejos. Pero después de recapacitar tras los últimos hechos, creo que podría intentar crear una excepción con el ser humano que tengo delante, la cual está preparando de nuevo un almuerzo para aquella persona que tiró al suelo el que había preparado anteriormente.Agotada, apoyé mis codos sobre la mesa y coloqué la barbilla entre mis manos. Entonces me dediqué a observar el revoloteo de Masha por la cocina, ultimando la sopa Borsch e hirviendo los pelmeni. Se la veía muy concentrada en su tarea. Me parecía bastante extraño en ella, ya que tras el poco tiempo que la conozco, no ha hecho otra cosa más que hablar y hablar sin pausa. Y, como no, aquí sale a relucir mis prejuicios sobre la gente...
El cansancio hizo mella en mí y cerré mis ojos por un momento intentando descansar, libre por un momento de malos sueños.
Casi al punto de llegar a un estado semi inconsciente, comencé a escuchar un sonido atenuado. Un especie de arrullo que provenía desde la cocina. Me llevó unos segundos identificar su origen. Era la melodía de una canción que Masha estaba tarareando mientras recogía la cocina. Sin llegar a abrir mis ojos, presté mayor atención para escucharla y disfrutar de su buena entonación. Lo que no me esperaba es que esa melodía me resultase tan familiar, a la vez que lejana en el tiempo. Mi corazón se sobresaltó un poco al descubrirlo y traté por todos los medios ubicar esa canción en mi pasado. Estuve a punto de preguntarle quién se la había enseñado pero fui interrumpida por el sonido de la puerta de la calle abriéndose, dejando entrar el sonido de una conversación bastante animada. Eran la hermana y la prima de Masha. Seguramente se habrían escabullido antes de clase, ¡y yo con estas pintas! Qué vergüenza.
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Mi luna
WerewolfNatasha es una chica huérfana de 18 años, criada por sus abuelos maternos, que se desplaza a la ciudad rusa de Samara para comenzar sus estudios universitarios. Lo que para ella consistía en un inofensivo cambio de aires, significó ser un vuelco to...