Capítulo 25: Sarang

239 46 18
                                    


(N)

Como un pobre imbécil, me mantengo parado frente a la puerta de mi casa sin querer abrirla.
Todo mi alrededor parecía difuminarse junto con mis pensamientos, mi cabeza dolía, y el frio congelaba mis manos de las cuales sostenían mi bolso y las llaves.


Estaba perdido,
estaba demasiado perdido,
y ya no sabía como poder encontrarme.

Ni siquiera pude dormir toda la noche. Estaba avergonzado de mis decisiones y de la determinación que demostró Taekwoon. Él no me necesitaba, aún cuando yo lo necesitaba tanto, él decidió obligarse a no hacerlo.
En parte, de alguna manera tan desgarradora, me sentía orgulloso de él.
No merecía el sufrimiento que yo le otorgaba, y si en esta situación uno de los dos tenía que sufrir, ese debía ser yo.
Siempre he buscado que se desprenda de mi, porque era la única manera de que él no experimente la angustia que yo sentía por obligarme a perderlo. Y por ello me sentía también envidioso de su logro.

Pero... duele.
Duele tanto como si me hubieran arrancado el corazón del pecho.
Me siento vacio, me siento incompleto.


Cuando veo al sol elevarse entre los edificios, y los rayos golpean en mis ojos, despierto de mis pensamientos y abro lentamente la puerta.
Cada vez que entro a esta casa, me siento un desconocido. No conozco al hombre que vive acá.
Estan mis cosas por todos lados, pero no me pertenecen, porque no soy yo. No soy ese hombre que vive una vida compartida con una mujer.

Mis pasos se dirigen a la habitación donde está esa mujer que es ajena a mi. Porque no puedo evitarlo. No puedo evadirla sabiendo lo que hay allí.

Abriendo con cautela la puerta, observo su rostro dormido entre la penumbra. La luz del amanecer está empezando a iluminar, y mi mirada se queda detenida en ese pequeño bulto que está expuesto bajo su remera.

Dejando mi bolso en el costado de la puerta, me acerco hasta arrodillarme sobre la cama.
Odiaba el hecho de que no podía hacer las paces con el bebé que estaba creciendo allí.
No lo quería, y era tan injusto que siga creciendo cuando mis sentimientos eran esos.
Pero no era su culpa, era mía. Era culpa de su padre por no quererlo.

Apoyo suavemente mi mano derecha sobre la panza de Yangmi, y el frio de mi mano parece provocar que se mueva. O quizás era mi imaginación por nunca sentir algo así.
Por un segundo, me quedo estático y fascinado por lo que sentía bajo mi palma, pero al siguiente segundo solo empiezo a sentir como mi corazón golpea fuertemente mi pecho. Era agónico ser consciente por primera vez que estaba allí, que estaba creciendo algo ahí, algo mío, algo que me pertenecía.

- Tienes la mano fría.- se queja dormida Yangmi asustándome.- ¿Qué haces?.

- Nada. Seguí durmiendo que es temprano.- le digo levantándome si poder mirarla.

- Es la primera vez que la tocas. ¿Qué se siente saber que tu hija está allí?.- dice en tono adormilado y frio.

- ¿Hija?. ¿Es... es una niña?.- pregunto sorprendido sentándome en el borde de la cama por el temblor de mis piernas.

- Parece que si.

- Una niña.- digo casi pasmado por sentir como los bordes de mis labios se elevan. Estaba sonriendo.

- ¿Querías una niña?. Ah no, tu no quieres nada.- dice Yangmi cubriendo con las sabanas, ocultando su panza de mis ojos.

- Sa...Sarang.- pronuncio dificultosamente.- Quiero que se llame Sarang.

- ¿Con qué derecho tu puedes elegir su nombre?.- pregunta despertada del todo al escuchar el nombre.

- Es mía.- exclamo destapándola.

The Silence Of My Tears // #NeoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora