Parte 11 - 3

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Tarde muchísimo en publicar de nuevo...no recordaba que no lo había hecho pero aquí esta. :D


3

"Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza".

Se dice que en esta vida tenemos tres grandes amores que nos marcan para siempre, todos ellos son verdaderos pero cada uno es diferente y único, con el propósito de enseñarnos algo diferente respecto al amor.

1.- El amor idealista o ingenuo

Este amor es aquel que creemos eterno y perfecto, ese amor de cuento de hadas con el que todos soñamos pero que difícilmente cumplirá con las expectativas que hemos puesto en el.

Para Steve Rogers ese primer amor fue la maravillosa Peggy Carter, la mujer más formidable que el soldado alguna vez conoció; a sus 18 años Steve estaba seguro que la castaña era la mujer de su vida y la persona con la que al finalizar la guerra formaría una familia y junto a quien envejecería. Ambos eran lo suficientemente ingenuos para creer que el amor es lo único que hace falta para encontrar la felicidad y para ignorar las constantes peleas que surgían entre ellos y la falta de comunicación que siempre les metía en problemas. Si hubiesen sido un poco más maduros se habrían dado cuenta que en realidad no eran el uno para el otro, se amaban sí, pero no estaban listos para entregarse de ese modo a otra persona.

Su relación se basó en miradas intensas y coqueteos casuales, todo tan platónico como ellos mismos. Perfectos el uno para el otro pero tan irreales como los personajes de una película.

Por suerte y por desgracia el destino quiso separarlos antes de que su propia inmadurez lo hiciera. Steve y Peggy se separaron idealizando un amor perfecto, ambos eran el recuerdo más dulce del otro y aunque en gran medida solo fue una ilusión, agradecían por ello.

2.- Amor por necesidad

Este amor es aquel que necesitamos porque estamos rotos por dentro, nos sentimos perdidos y heridos y la única forma que tenemos de combatir todo ese dolor es enamorándonos.

Y aquí fue donde Steve de verdad conoció el dolor, primero el dolor de saber a todos los que alguna vez amo, muertos y perdidos en el tiempo, después el dolor de la soledad y finalmente el dolor del amor.

Steve estaba en una era donde todo parecía correr sin descanso, las personas siempre llevaban prisa para todo, prisa para conocerse, para abrazarse, para besarse, incluso prisa para amarse. Aun recordaba como apenas conocerlo Tony se abalanzo sobre él con su sarcasmo y coqueto proceder, siempre tratando de llamar su atención con pullas e insultos que escondían deseo y pasión. Por supuesto Steve tan inexperto en el amor no tardo en caer ante aquellas provocaciones, terminaron en una cama incluso antes de lograr establecer una conversación exitosa.

Y así siguieron durante mucho tiempo, sin ser capaces de exponer sus sentimientos en palabras, dejando que todo aquello que pensaban se deslizara entre ellos cual sudor durante el sexo. Se amaban y ninguno la dudaba, estaba claro para ellos y para todo el que los viera, sin embargo no se entendían ni lograban comunicarse; si alguna vez aquellos 70 años que separaban a Steve del resto del mundo resultaban obvios, eso fue al lado de Tony Stark.

Eran tan diferentes entre ellos que una simple diferencia de opinión podía provocar una guerra interna.

Tony era un visionario ególatra, Steve un hombre del pasado con moral intachable.

Tony siempre tenía prisa porque su cerebro simplemente no descansaba, Steve se detenía a observar con cuidado cada detalle que le rodeaba.

Tony era apasionado y desinhibido, Steve romántico y detallista.

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