Capítulo 4

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Una, dos, y... Tres gotas de agua me caen en la frente mientras miro al cielo para comprobar algo que es obvio: la tormenta de esta tarde va a ser peor que la de ayer.

Por un lado es mejor... podré estudiar para el examen de mañana, y aunque lo vaya a suspender por lo menos me engañaré a mi misma pensando que he estudiado.

A pesar de la lluvia no me doy prisa, y poco a poco las zapatillas se me van empapando... los rizos de mi pelo empiezan a pesar más, y la ropa se esta volviendo de un color más oscuro.

Llegué a casa, no esta lejos del instituto, a penas cinco minutos, atraviesas dos calles, un grupo de chavales fumando, y una pareja besándose y llegas,no tiene pérdida.

Subo por el ascensor, vivo en un tercero, tengo dieciséis, los cumplí hace tres meses ya... tres meses desde que mamá decidió marcharse, bueno, más que eso se la llevo esa enfermedad. Dieciséis años y tres meses y piensan que te pueden dejar sola, así como así. pues no, a pesar de todo mi madre me hacía falta.

Subo las escaleras de tres en tres y al llegar a el tercero una mujer bastante fuerte con la cara muy colorada y una coleta que recoge su larga melena me mira con una amplia sonrisa:

- Irina mi niña, ¿Qué tal el instituto? ¿y el examen? pero ¡sí estas empapada!

-Hola Merce, el instituto como siempre, el examen es mañana y tranquila que me secó ahora mismo.

- Si esque, lo que hay que ver... creo que Carlota ya esta en casa.

-Vale Merce, ya nos veremos.

Un beso escaso y entro a casa mientras mis zapatillas encharcadas hacen una extraña melodía el entrar en contacto con el suelo.

Un olor a quemado me golpea la cara al pasar por el umbral de la puerta:

-¿intentando cocinar otra vez?- le digo a mi hermana a modo de saludo:

-cállate eh, cállate, ¿quieres que pidamos una pizza?- me contesta Carlota:

-Vale, pero la pido yo, no siendo que nos quedemos sin comida por segunda vez-bromeo.

Carlota me saca la lengua dejando al descubierto una bolita plateada, y mientras tanto coloca una sartén bajo el chorro de agua.

Yo me quitó las zapatillas empapadas y me tiro en el sofá. Cojo el teléfono:

Hawaiana de jamón y piña, solucionado, ya tenemos comida.

Me levanto del sofá y voy a la habitación.

Dejo caer los pantalones mojados, después la camiseta, me dirijo al baño cojo una toalla y me seco el pelo. Está demasiado largo, debería cortármelo. No se.

Me pongo el pijama y otra vez hacia la cocina, Hacía ya tres meses que sólo había que poner dos platos dos servilletas y dos vasos, así que no era una tarea complicada, después sacó una jarra de agua de la nevera y la coloco en la mesa, quince minutos después la pizza llega.

Carlota come sin prisa y yo hago lo mismo:

-igual me voy con Juan a Asturias pasado mañana, la casa de sus abuelos está libre y hace tiempo que no voy a la playa- me dice para romper el silencio que se había formado desde que empezamos a comer:

-ah, me parece bien-digo yo:

-tu te las apañarías bien aquí, ¿no? A ver, son cinco días y le diré a Merce que te vigile, además puedes hablar con David y quedarte en su casa:

- no te preocupes, sabes que se cuidarme, lo más probable es que hable con David:

-vale, oye y ¿tu tienes puente esos cinco días? por que yo no trabajo, es que eran los únicos días que podía hacer una escapada, si no hasta verano ya me podía despedir:

-no tengo Insti, así descanso un poco, me voy a la habitación un rato ¿vale? estoy cansada, recoge tu esto por favor:

-vale pero entonces haces tu hoy la cena, ¡ah! Y llama a David, Iri.

Carlota es una especie en extinción y para tener veintitrés años tiene la cabeza bien amueblada. Su relación con mamá no era muy buena, pero yo se que lo está pasando demasiado mal, lo oculta, pero yo lo se. Es buena hermana, y no se pensó dos veces eso de hacerse cargo de mi. Yo tampoco quiero ser molestia, por eso cuando hace planes con Juan yo no la pongo pegas. Juan también es buen tío y cuida bastante a mi hermana, estos meses la ha apoyado bastante, y a mi también me prestó ayuda: no la acepté.

El colchón está muy mullido y toda la habitación huele a vainilla, en el techo blanco hay un póster, una mujer con un precioso vestido rosa claro muy brillante, y unas letras enormes encima:"SALSA" ¿cuántos meses hace que no bailo? ya ni me acuerdo.

Cierro los ojos un instante, recuerdo la primera vez que le pedí a mi madre que me enseñara a bailar, a penas era una niña, con solo seis años me compró los primeros tacones y me empezó a enseñar salsa. Tal vez era lo que nos unía, yo mejoraba con los años, pero mi personalidad también cambiaba. Al empezar el instituto no volví a bailar con mi madre, sola en mi habitación y sin que me viera nadie,era mi pequeño secreto. Yo bailaba en la habitación, y al escuchar la música, dos estancias más allá mi madre se veía morir, me perdía poco a poco y no podía hacer nada.

La magia del baile, es algo que me enseñó bien. Tal vez tenía que haberla aprovechado un poco más.

Una gota me resbala del ojo izquierdo y muere en mi colcha, cojo mi teléfono y escribo un SMS:

-cuando puedas llámame.

David no tardará en contestar.

Cuando el olvido se plantea recordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora