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Gracia Antigua (Olimpo)

La pura neblina blanca impedia ver si quiera los sueños que eran pisados por las divinidades, no necesitaban hacerlo, ni siquiera los límites inexistentes del lugar podían ser vistos, justo en el jardín donde los marfiles y mármol sostenían los pocos sentimientos estructurales se encontraba una escena de madre e hijo.

- Eros, si esto es un berrinche ya se te ha salido de control. No puedes estar así- reprendió Madre Naturaleza viendo al Dios alado recostado en una de las bancas de marfil, el dios suspiró pesadamente e ignoró las palabras de su madre, los últimos días había estado decaído, las faltas a las reuniones, los desaires con todos en los palacios, Eros no era así, no debía tampoco.

- Tú no lo entiendes...ellos, los humanos, se destruyen, he perdido mi camino, ¿cómo es  que siquiera  puedo profesar en nombre del amor cuando ellos destruyen todo lo que tocan, de qué sirve flechar dos corazones cuando uno moriría por la guerra, hambre, pobreza o malicia? - Madre naturaleza tomó asiento a lado de Eros he hizo que éste apoyara su cabeza en sus piernas, la fina tela absolvía las lágrimas de aquel joven dios mientras que las suaves manos de su madre peinaban su cabello en forma de consuelo.

Dentro de la divina juventud Eros tenía menos eones que cualquiera, los dioses a menudo pasaban por esta clase de crisis existenciales pero destrozaba el pobre corazón de su madre el verlo de esa manera. Si bien los demás dioses tenían la suficiente experiencia para controlar su pesar, el joven Eros no gozaba de dicha estabilidad.

- Nadie ha estado tanto tiempo en la tierra como tú, todos los otros dioses pueden verlos desde el más alto punto y escuchar sus peticiones sin embargo, tú hijo mío fuiste elegido para convivir con ellos y verlos más cerca que cualquiera, sé que te afecta pero sin ti, sin el amor, ¿qué queda? No hay palabra más fuerte en cualquier lengua que el amor, no hay acción más noble y pura que la que se profesa en su nombre, en el amor no hay maldad o vicio...es puro y agradecido-

- Lo veo todos los días, veo a hombres y mujeres flechados por amor pero después padre tiempo pasa por ellos y extingue más de lo que pueden dar, ellos se separan o se rompen mutuamente, hago lo mejor que puedo para que puedan encontrarse pero ellos parecen querer seguir en solitario, ¿Que miserable vida es esa y que puedo hacer contra ella?-

- No has de culpar a tu padre ( Cronos) por ello, Eros las pruebas son difíciles, no todos son capaces de encontrarse. Tú los marcas pero su destino los define-

- Tal vez sea tiempo de darle a mi hermano lo que tanto quiere- el dios endereza su postura y mira hacia el horizonte solo para evadir a su madre.

- Basta Eros, sabes bien que Himerio nunca podrá ocupar tu lugar, ¡¿qué desgracia caería sobre todos los hombres si el dios de la lujuria y el deseo sexual se encargara del amor?! Sería una completa abominación, es que has perdido tu sentido divino, hijo mío?-

- ¿Cómo puedo seguir siendo Eros, dios del amor cuando ni siquiera estoy seguro de que significado tiene? Es un mal chiste, mi propia existencia es un mal chiste entre la historia de los grandes dioses- la madre vio la mirada perdida de su hijo y lo hizo pararse a la altura de ella  mientras tocaba su mejilla.

- Tu padre y yo creamos hace siglos a los hombres de la Tierra, nunca creímos que fueran a ser tan complicados y complejos al paso de los años, cuatro brazos, cuatros piernas y dos cabezas, así fueron diseñados hasta que los separamos, es tu misión ayudarlos a encontrarse, volverás a la tierra y cumplirás tu trabajo- ordenó su madre en un tono más fuerte.

- Obligame- no se podía saber si aquella palabra en tono enojado fue un retó o laguna clase de súplica interior, pero por primera vez en sus siglos de vida y cegado por el tormento de los hombres Eros ignoraba a su madre.

- Si así lo pides, hijo. - Eros vio como su madre hacia un fino movimiento con las puntas de sus dedos apareciendo un poco de polvo sobre su palma sin tocarla.

- ¿Madre?- preguntó Eros confundido ante el inicio de su magia, no solía aplicarla.

- Has perdido tu misión en la Tierra Eros, te ayudaré a retomarla,  te daré un incentivo lo suficientemente poderoso como para que sigas en la Tierra...Maya será llamada, sus sentimientos serán buenos, hija de la luz del día, encontraras sus ojos hermosos tan verdes como los tuyos, será esa su señal de unión y tu cuerpo se sentirá completo el día que los veas, andarás por la tierra buscándola para juntar su caminos pero hijo mio no sabrás cuantos siglos pasaran para su nacimiento, esperarás por ella y profesarás el nombre del amor por tu ilusión - Eros pudo ver como una pequeña sombra se formaba a las espaladas de su madre, se sintió atraído hacia ella, quiso tocarla, lo necesitaba, algo dentro de él lo llamaba hasta esa figura sin rostro pero en cuanto alzó apenas su mano desapareció junto con algo en su pecho, casi como si hubiera sido arrancado.

Sintió angustia y desespero, en ese instante, algo le faltaba, necesitaba algo pero no sabía que.

- ¿Qué has hecho, madre?- preguntó Eros de rodillas ante el gran vacío, el pesar de perderla había sido tan grande que no soportaba ni siquiera su propio peso.

- Darte lo que tantos dioses anhelan, mi querido hijo, la he forjado desde mis costillas, he hecho nacer a tu alma gemela, por fin sentirás amor o lo harás cuando la encuentres. Ve Eros, se él mayor ferviente al dotar la tierra con amor y da inicio a la búsqueda de Maya-

y con esa angustia en el pecho y las palabras de su madre, Eros sintió lo que nunca para un inmortal... la muerte.

Amor Escrito en Griego (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora