prologo.

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Prologo.

Tristán.

La bicicleta se tropezó con una piedrecilla en el camino, y dio vuelta.

Algunas noches miraba junto a mi padre en el enorme sillón azul de la sala aquellos programas sobre deportes extremos. Me sorprendía mucho las grandes maniobras que podían dar esas personas sobre sus bicicletas, y yo intente hacer una.

Mi mente inocente de ocho años no midió el riesgo y solo me lance.

Debió haber sido una vuelta de trescientos sesenta grados, debí haber deslumbrado a la audiencia; debía ser uno de esos trucos que aumentan el ranquin del programa, debió haber sido un día para recordar el resto de mi vida por mi gran valentía, pero no fue así.

Tome la primera oportunidad que se me presento, justo en el momento en que mi padre se distrajo hablando con mi madre; tome la bicicleta que habíamos llevado al parque y me subí.

El armatroste de metal me doblaba la altura y me vi obligado a subirme en una banca para alcanzar el asiento.

Me prepare, tenia en mi mente la gran hazaña que quería llevar acabo. 

Mis pies se accionaron para poner la bicicleta en marcha. Comencé a avanzar, les eche una última mirada a mis padres; quienes seguían conversando. Entonces acelere el paso, mis cortos brazos tenían que estirarse al máximo para tener un control apropiado. 

Pedalee más fuerte.

Tenia visualizada la colina donde todo el mundo iba a ver mi espectacular salto.

Me enfoque demasiado en sorprender. Me enfoque demasiado en impresionar. Me enfoque demasiado en la cuesta del frente y no le di la atención suficiente a la pequeña roca al lado del camino.

Me aferre al manubrio, mis dedos apretaron fuertemente ambos extremos. 

Era el momento preciso. 

Hale el enorme manubrio con mis pequeñas manos y lo logre.

Logre que la bicicleta diera una pequeña vuelta hacia la derecha, justamente donde estaba la piedra.

La llanta se tropezó. La bicicleta tambaleo demasiado.

Solté mis manos del manubrio y apreté los parpados para no ver lo siguiente.

Lo único que sentí fue el concreto quemando y abriendo mi rodilla.

Yo lloraba.

Lloraba desconsoladamente sin importar cuantas personas trataban de consolarme. No sabia a ciencia cierta si el dolor era por el raspón profundo de mi rodilla o por la bicicleta de papa que había ido a colisionar con un árbol. 

No paraba de llorar. Mis padres reaccionaron al momento de escuchar mis alaridos, eran realmente exagerados. Creo que todas las personas en el parque se acercaron a ver lo que ocurría.

Papa llego primero, me tomo en sus brazos y me subió hasta la altura de sus hombros. 

Me abrazo. Fue uno de los mejores abrazos que haya recibido en mi vida, daría todo por recibir otro de parte de el.

Me preguntaba que había ocurrido y yo solo señalaba hacia la bicicleta rota al lado del inmenso roble.

Me dijo que todo estaría bien y me dio algunas suaves sacudidas en sus brazos. Era muy divertido, parecía como si estuviera sobre un cohete apunto de despegar. 

Me reí, pero aun tenia lagrimas en mis ojos. Luego el me pego a su cuerpo, y el roce de la tela de su camisa con mi rodilla produjo un ardor insoportable.

THE CONSTELLATION IN YOUR BODY (Counting the stars #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora