Capítulo 10

908 94 61
                                    

Ganz se encontraba en el suelo, tratando de desatarse, produciendo torpes movimientos a cada intento debido a los nervios que experimentaba.

– Rompe esa maldita bufanda– sugirió Mel.

– No puedo...– Ganz se empezó a desesperar mientras dos gotas saladas asomaban por sus cuencas amenazando con salir.

– ¡Si puedes!

– Es la bufanda de Papyrus, es lo que más ama en este mundo– explicó.

Mel iba a responder, pero se calló al ver que Papyrus entraba al cuarto de mal humor, o eso parecía.

– Tsk– sin decir nada se agachó y desató a Ganz, poniendose la bufanda para luego irse del cuarto y seguido de la casa, dando un portazo.

Ganz se sentó en el suelo procesando lo de segundos antes y abrazó sus piernas escondiendo el rostro en estas, no iba a llorar, si no lo había hecho en tanto tiempo, ahora no sería la ocasión.

– Ganz... ¿Por qué no haces nada contra Papyrus? Sé que puedes hacerlo– comentó Mel, sentándose a su lado.

– No puedo... Es mi hermano... Es así por mi culpa, me merezco lo que me está pasando

– ¡Sabes que no es verdad!– se quejó Mel– sabes perfectamente que no te lo mereces

Papyrus por su parte, caminaba por Snowdin con enfado, al parecer dos guardias reales se estaban peleando por vete a saber qué y le habían ido a avisar a él para que los separara. Según el esqueleto caminaba y los monstruos que lo veían enfadado se apartaban, empezó a pensar en Ganz, en lo último que había visto al entrar nuevamente al cuarto, la mirada atemorizada de su hermano con esas leves gotas decorándola, por algún motivo sentía que su alma se había movido al verlo, ¿Sería por lo mucho que amaba ver a su hermano sufriendo o por otra cosa?

Tras unos minutos, Ganz se decidió a levantarse, y con cuidado salió del cuarto bajando las escaleras, iba a salir fuera de la casa, pero primero se abrochó el abrigo, pues no iría con las costillas al aire.

Al salir miró la nieve que se apoderaba del suelo del lugar y sin dudar se fue directamente a la parte trasera de la casa, sacando una llave que había escondida entre la nieve y entrando por una puerta que se encontraba ahí atrás.

– Gaster...– murmuró, cerrando la puerta detrás suyo una vez entró.

– ¿Qué hacemos aquí?– preguntó Mel.

Mel no obtuvo respuesta alguna, observando como el esqueleto se acercaba a uno de los cajones que había en la sala y lo abría, sacando de este un bote de cristal, el cual dentro poseía una serie de píldoras, el bote no estaba hasta arriba, pero si tendría más o menos tres cuartos lleno de estas píldoras.

– ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a tomarlas?– Mel observó al esqueleto quien miraba el tarro.

– ¿Debería hacerlo?

– ¿De que te serviría?

– Tal vez así Gaster salga de mis pesadillas

– Puedes intentarlo entonces, daño no te hará– Mel se cruzó de brazos– con un poco de suerte aparece una compañera para mí

Ganz abrió el tarro y agarró una de las píldoras para seguido guardar el tarro y tomarsela.

– Uhg...– Sin duda no se sentía tan mal como la primera vez que tomó una, pero aún así no era agradable de tomar– Ma... Mañana tomaré otra– afirmó.

– ¿Mañana? No sabemos que pasará si tomas una tan temprano luego de otra

– Simplemente mi determinación aumentará, fin– suspiró Ganz, llevándose una mano al cráneo.

Wasted [Fontcest]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora