-Con que te lo has encontrado ¿eh? – dice mi madre desde el marco de la puerta. Supongo que me habrá escuchado decir el nombre de <<Carlos>> las veces suficientes como para preocuparse. Como nunca hablo de él. Y no es ironía. Cuando me lo encontré observando mi maleta en el vestíbulo no fui capaz de formular ni una frase coherente así que opté por irme de allí lo antes posible. En menos de un minuto ya estaba parada delante de los ascensores marcando el número de Tyler para preguntarle donde estaba la habitación. Entré echa una furia, aunque enseguida me puse a llorar como a quien se le ha muerto el perro.
Ahora que estoy más relajada, he dejado de llorar. Por nada me quería encontrar a esa persona. Ni en esta vida ni en otra. Y eso ha pasado. Me lo he encontrado, y de la forma más ridícula.
-Ajá – respondo distraída. La única razón que me hacía feliz al venir aquí era las vistas. Las preciosas vistas que hay, y sobre todo por la noche.
Son las cinco y media, una hora perfecta para pisar la piscina. Ya tengo el bañador puesto así que cojo mi bolso de playa y lo empiezo a llenar con lo esencial. Una toalla, mi cámara, protector solar del 90 (soy muy blanca), mi ordenador, mi móvil y mis gafas. Tyler que me mira atónito preguntándose seguramente a donde voy en las condiciones en las que me encuentro, se acerca y me mira extrañado a través de sus negras pestañas.
-Me voy a la piscina principal. ¿Te vienes? – le respondo leyéndole la mente
-Sabes que no hace falta preguntar – responde metiendo otra toalla y su móvil en mi bolso. Salimos de nuestra habitación al salón y me acerco al baño donde mi madre se está desmaquillando. Ya hacía un rato que nos dejó a Tyler y a mi sumergidos en nuestra propia burbuja. En pocas palabras, que se fue de nuestro cuarto para dejarnos espacio.
- Mamá, nos vamos a la piscina principal. Cualquier cosa ponme un mensaje, me llevo el móvil.
Me responde con un vale y un <<Que te lo pases bien, cariño. Te lo mereces>>. Tyler, que me espera en el sillón, se levanta cuando me ve venir. Salimos de la estancia donde pasaremos nuestras próximas semanas procurando irnos tan rápido para que nadie nos pregunte nada más. Caminamos en un agradable silencio hasta la grandiosa piscina. Le indico a Tyler con la mirada que nos acerquemos al muro para ver lo que yo llamo, las mejores vistas de este asqueroso hotel. Me lo acabo de inventar. Me propone que le saque unas fotos chulas para subirlas al Instagram y eso hago. Luego las editaré con el ordenador y estarán listan para muchos me gustas y comentarios. Después de un rato de risas y flashes nos sentamos en un césped de mentira con algunas sombrillas que tenemos a nuestra derecha. Miramos como quedaron las fotos y lo que dirá la gente de ellas. Todo va según lo planeado días atrás. Pasármelo genial con la mejor persona que conozco. Pero...
-Hola
Me giro buscando la procedencia de esa voz que me saluda y me topo con unas largas piernas. Levanto la mirada y me lo encuentro. No, no es Tyler. Es alguien peor.
-Oye, ¿te podrías levantar? Me siento estúpido estando aquí arriba y tu ahí abajo – me dice Carlos rascándose la nuca.
Obedezco y me levanto. La última vez que lo vi media veinticuatro centímetros más que yo. Ahora solo nos diferencia una pequeña cantidad de centímetros que si me pongo tacones los puedo eliminar por completo. Aún no me creo que con veinte años siga viniendo a celebrar su cumpleaños con su familia. Supongo que será una tradición. En mi familia no hay, creo.
-Tierra llamando a Ro, ¿estás ahí? – me dice Carlos agitando su mano enfrente de mi cara.
- ¿Qué quieres? – respondo borde apartando su mano de un manotazo
-Wow, yo también me alegro de verte-
- Yo no. ¿Me puedo ir ya o tengo que esperar para escuchar lo que sea que vayas a decirme? – digo poniendo los ojos en blanco.
-Sí, quería hablar de lo nuestro.
-Ay dios Carlos. No
Camino con paso cansado por el césped hasta llegar a los ascensores. Tyler observa atento la situación en silencio. Capta todos los detalles de la conversación, aunque manteniéndose al margen. Nos sigue a Carlos y a mí.
-Piénsalo. Podemos volver a intentarlo. Ya somos mayorcitos.
Me paro en seco y lo miro. Lo que acaba de decir es una estupidez. Si tuviera rayos láser en los ojos Carlos ya estaría en el suelo con dos agujeros en el pecho.
-Carlos. No. Olvídame. Es imposible. Me destrozaste el corazón.
-Lo siento – dice mirando al suelo avergonzado.
-Llegas cuatro años tarde.
Es ahí cuando me doy cuenta de que las lágrimas que antes amenazaban con bajar por mis mejillas ya lo están haciendo. Tyler viene hacia mí para estrecharme entre sus brazos. Me cuesta dejar de llorar. Todos los recuerdos que tengo con Carlos me asaltan de una manera increíble. Besos, fotos, días de cine, paseos, conversaciones. TODO. Eso hace que llore más todavía. Recuerdo el momento en el que todo terminó. El 26 de marzo de 2017. Esa tarde llegué a casa algo tarde porque había ido de compras con mis amigas. Estaba colocando la ropa nueva en el armario cuando me entró un mensaje de Carlos. <<Tenemos que hablar>> decía. No pensé que ese día todo por lo que había luchado se esfumaría como el vaho. Luché contra la distancia. ¿Qué hacía una chica de ciudad con un chico de pueblo? Nuestra relación estaba mal vista por nuestros padres y los 21 kilómetros que nos separaban. Nos costó mucho llegar hasta donde estábamos como para dejarlo ahí y no continuar. Me puso una excusa que me persiguió los dos años siguientes. Se mantuvo en mi cabeza durante veinticuatro meses, sin salir de ella. <<Esta relación nos está haciendo mucho daño, creo que es mejor que lo dejemos>>Cuando leí lo que había escrito una daga invisible partió mi corazón, y tardó mucho tiempo en volver a juntarse. Un año después conocí a Tyler, me enamoré. Pero aquella ruptura no me dejaba fantasear con mi nuevo amor imposible. Tenía miedo de que me hiciese el mismo daño que Carlos. Nunca lo olvidé. Nunca lo llegamos a hacer y menos mal porque si no lo recordaría como la persona con la que la perdí. Y eso ya sería la gota que colmaba el vaso. Me costó, pero con el tiempo mis pensamientos se empezaron a dirigir más a Tyler que a Carlos, y eso era un gran progreso. Ahora tenía a los dos delante. A la persona de la que me enamoré y no funcionó y a la persona de que estoy actualmente enamorada.
-Tu sabías lo enamorada que estaba de ti, lo que te quería – digo con un hilo de voz
-Ro, jamás te olvidé. A pesar de los años sigues estando en mi mente. Recuerdo lo que sentía cuando te besaba, pero se va desvaneciendo. El tiempo pasa y los recuerdos se van yendo. No quiero que te vayas, por favor.
Se le quiebra la voz con la última frase. No soy capaz de ver a este chico llorar delante mía. Me duele verlo así, pero es lo que se merece por hacerme sufrir sin yo hacer nada malo. Decido irme a mi habitación y dormir todo lo que pueda.
-Me voy – anuncio en voz alta.
Tyler me coge del brazo y me conduce hacia el interior del ascensor cuando Carlos vuelve a hablar.
-Oh, vamos. No te vayas, por favor, Ro
-Ya nadie me llama así – digo pulsando el botón de nuestra planta. Dejándolo ahí, con las disculpas en la punta de la lengua. Se cierran las puertas. Parece un niño de cinco años que le acaba de regalar flores a la chica que le gusta y ella le rechaza. Triste, hundido, solo. Sin nada más que hacer. Solo quedarse ahí, con la mirada perdida y la cabeza en las nubes. Lamentándose
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¿Qué estás haciendo aquí?
Teen FictionRu es una chica de 17 años que vive con sus padres en uno de los barrios más caros de la ciudad ya que estos son ricos. Esta secretamente enamorada de su mejor amigo Tyler al que trata como un hermano. Cuando ellos y los padres de Taylor vayan de v...