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Al día siguiente todo transcurrió como de costumbre, las personas y monstruos iban y venían. Todo parecía muy monótono, ya que la mayoría los clientes tenían la cabeza más centrada en lo que sería el 24 de Diciembre, una de las noches más importantes para la época de la navidad.
Fell no podía evitar poner una mala cara al escuchar repetidas veces como las personas hablaban sobre los preparativos con tanta emoción, era una simple noche nada más.
Para nada, no lo celebraba. Si quiera con su hermano mayor Papyrus. Lo único diferente de ese día era que su curiosidad no lo dejaba dormir por las noches, ya que gracias a un niño que liberó a los monstruos del underground, volvió una tradición para la tan esperada noche para honrar que los humanos empezaran a convivir con los monstruos.
Se trataba de reunirse todos bajo la luz de la luna a las doce de la noche y cantar villancicos. A pesar de que era un acto bastante humilde en su mente siempre repetía lo mismo.
Vaya estupidez.
Más eso no quitaba que no podía evitar sentir curiosidad y sobretodo espiar disimuladamente, desde hace dos años.
Nunca se animó a salir y unirse a la tradición, ¿para qué fin? seguramente sus conocidos si lo encontrasen ahí se burlarían de él de por vida.
—¡Fell! ¡Llegó un cliente!—salió de sus pensamientos de una vez al escuchar a un emocionado Blueberry al otro lado de la barra, sin duda no se le escapa ni un solo cliente.
No se había equivocado, una chica de pelo castaño se estaba a punto de sentar en una de las mesas observando levemente a su alrededor. Fell se acercó tras ver como abría el menú que descansaba sobre la orilla de la mesa junto con unas servilletas, y un vaso vació de cristal.
Tragó un poco de saliva, tratando de sonar amable. Ya que intentar sonreír amablemente no había salido del todo bien en intentos anteriores.
—Bienvenida, ¿puedo tomar su orden? —sin duda si Papyrus estuviera en ese momento viendo la escena le hubiera pedido a alguien que lo cacheteara en la cara. No se creería en un millón de años ver a su hermano mayor actuando amablemente, y menos hablar sin una grosería de por medio.
La chica se mantuvo viendo el menú con tranquilidad, dejando expectante al camarero. Pasaron unos pocos segundos, siendo una eternidad para el de colmillo de oro por su poca paciencia.
—Sí, me gustaría tomar un poco de agua y... —su mirada se clavó sobre el cuerpo del esqueleto como si lo estuviera analizando, cosa que lo inkcomodo un poco. —Un pastel de tres leches, gracias. —sonrío.
Fell se retiró tras anotar la orden de la chica, bastante desconcertado. Era raro de él, si hubiera pasado antes no hubiera dudado en tomar la oportunidad de salir con ella, como la mayoría de las veces que lo había hecho.
Pero... ¿Por qué esta vez no?
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