ʚ˚₊‧ ✿ ꒱꒱🏎️𖦹 ׂ 𓈒 🏁 / ⋆ ۪⊹˚˖
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-ˋ₊˚.ᶜᵃˡˡ ᵐᵉ [𝐒𝐭✪𝐫𝐛𝐨𝐲 // 𝐒𝐭✰𝐫𝐠𝐢𝐫𝐥]! ✦⌇༉‧₊˚
➥ [Las historias siguen a los piloto de Fórmula 1, que enfrenta tanto los desafíos de la pista como los enredos de su vida personal], [Sin embargo, en...
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Lucelia Brigdes siempre llevaba una sonrisa en el rostro, una expresión que parecía inquebrantable, como si la alegría fuera su segundo nombre. Con sus grandes ojos grises, que brillaban con curiosidad e inteligencia, Lucelia era el tipo de chica que podía iluminar la habitación más oscura. Su cabello negro caía en suaves ondas sobre los hombros, y el collar de bisutería que siempre llevaba parecía contar una historia secreta. Su estilo personal, una mezcla de elegancia y nostalgia, evocaba ese aire de "old money" que la hacía destacar en cualquier evento.
Era una estudiante aplicada; los libros eran su refugio y el violín su pasión. Podías encontrarla en la biblioteca, sumergida en las páginas de algún clásico, o en la sala de música, con su violín en las manos, creando melodías que reflejaban su perfeccionismo. Lucelia era exigente, no solo consigo misma, sino también con quienes la rodeaban. Era la amiga perfecta, pero solo si compartías su visión del mundo.
El Gran Premio de Mónaco 2024 fue la ocasión perfecta para que Lucelia expandiera sus horizontes. No solo había logrado asistir gracias a Arthur Leclerc, el hermano de su mejor amigo Charles, sino que estaba ansiosa por disfrutar del ambiente de lujo y adrenalina que envolvía la carrera. Con la emoción en el aire, las luces brillantes de los yates y la música resonando, Lucelia se sintió viva. La celebración por la victoria de Charles era un evento que nadie quería perderse.
Bailando y riendo entre un grupo de conocidos, Lucelia no pudo evitar notar a un chico con una sonrisa encantadora y una energía vibrante. Era Lando Norris, el joven piloto que tenía a todos en la pista como abejas alrededor de una flor. Su carisma era contagioso. Sin pensarlo, se encontraron al borde de la pista, intercambiando miradas y sonrisas, mientras el resto del mundo desaparecía.
Una conversación fácil fluyó entre ellos, marcada por el humor y las anécdotas de carreras. Los dos se sintieron atraídos el uno al otro, como dos imanes irresistibles. Con el ambiente festivo a su alrededor, la conexión que sentían los llevó a un rincón más privado, al apartamento de Lando, donde la atmósfera se tornó intensa y eléctrica.
Una cosa llevó a la otra, y la noche terminó en una explosión de risas, susurros y besos. En ese instante, el mundo exterior dejó de existir. Pero cuando la luz del día llegó, Lucelia se despertó con la sensación de que algo no estaba bien; la realidad era diferente de la fantasía que había vivido la noche anterior. Lando, el chico encantador que había capturado su atención, parecía estar involucrado con otra chica, un detalle que había eludido en su breve encuentro.
Con el corazón confundido, Lucelia decidió no seguirle el juego. Ella era una mujer que valoraba su dignidad y no estaba dispuesta a ser una opción en la vida de nadie. Así que se alejó, ignorando los mensajes que Lando comenzó a enviarle, buscando su atención con una desesperación que la hizo sonreír agridulce al mismo tiempo.
Lando, por su parte, se dio cuenta de que había hecho un gran error. Quizá no había prestado suficiente atención a lo que realmente significaba su encuentro con Lucelia, y ahora estaba perdido. Durante la carrera, la imagen de su sonrisa, su energía, y esa forma de ver la vida que lo había cautivado, lo atormentaban. Buscó por todos lados a Lucelia, esperando encontrarla entre la multitud, pero fue en vano.
Finalmente, decidió contarle a Arthur cómo se sentía. Arthur, con su carácter desinhibido, vio la frustración de su amigo y lo animó a enfrentarse a Lucelia. "Solo ve y habla con ella", dijo con una sonrisa. Así que Lando tomó valor y decidió buscarla, sabiendo que las excusas ya no servían de nada.
A medida que pasaban los días, Lucelia se dedicaba a los estudios, al violín y a sus amigos. Fue en una de esas tardes, mientras practicaba en la biblioteca, que Lando apareció, con una mirada decidida y un rayo de esperanza en sus ojos.
"Lucelia", dijo, acercándose con precaución. "Necesitamos hablar".
Ella levantó la mirada y, por un momento, el tiempo se detuvo. Intentó ignorar la inquietud que crecía en su interior. Después de unos instantes de silencio, respondió con firmeza: "¿Sobre qué, Lando? ¿Sobre lo que somos o lo que no somos?"
El tono de su voz era una mezcla de desafío y curiosidad. Pero Lando estaba decidido a no dejar que esa oportunidad se le escapara. "Sobre lo que podríamos ser. Quiero que sepas que no fue solo una noche para mí. Me perdí y no quiero que eso defina lo que somos."
Lucelia sintió un revuelo en su interior, un juego de emociones que la dejaba indefensa. La conexión que habían compartido no podía ser ignorada, pero también sabía que su corazón debía cuidarse. "Necesito tiempo para pensar", fue lo único que pudo decir antes de recoger sus cosas y marcharse.
Mientras se alejaba, Lando la observaba por encima de su hombro, sintiendo que todo su mundo podía cambiar con una decisión. El Gran Premio de Mónaco no había sido solo un evento; había sido una chispa que podía encender una llama entre ellos, siempre que ambos estuvieran dispuestos a luchar por ella.
Lucelia sabía que la vida siempre presentaba elecciones, y esta vez, su corazón latía con una mezcla de esperanza y precaución. El futuro podría ser brillante, pero eso dependía de lo que decidieran construir en base a aquella fugaz noche de pasión. Quizá, solo quizá, ambos podrías encontrar una avenida donde el amor pudiera florecer, más allá de las dudas y las desilusiones.
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