Finalmente su arduo día de labor había concluido. Y qué mejor que estar en casa y desplomarse en su desgastado y aterciopelado sofá de sala a plena hora de la tarde.
Y es que, para Min YoonGi el hecho de tomar turnos nocturnos y horas extras para poder cubrir sus gastos necesarios le eran de mucha prioridad -como a cualquier otro ser humano- y le importaba poco el tener casi completamente saturada su semana y parte del fin de semana en el trabajo si de esa manera conseguiría dinero suficiente.
No es que se quejara, su trabajo no era del todo molesto, pero requería demasiado esfuerzo -según él-; el tener que caminar de un lugar a otro, tratar de alguna manera ser amable y pasar la mayoría del tiempo de pie no eran sus fuertes. Pero afortunadamente su gerente había desistido en la idea de tener que obligarle a estar siempre sonriente y el tratar bien a los clientes, porque ni siquiera era así con él.
YoonGi trabajaba en una cafetería a tiempo completo en el que no le obligaban a tratar de ser falso, sonreír y hablar de una manera molesta e irritante, por lo que por esa razón, él se sentía cómodo trabajando allí.
Si bien era cierto, el trabajo en sí no era molesto, pero las personas que concurrían allí no podían ser la excepción. En muchas ocasiones YoonGi -con su caracterizada poca paciencia- se veía en problemas y sermones ya memorizados de su gerente gracias a los clientes que acusaban del maltrato que recibían de parte del pálido chico. Aunque YoonGi no entendía por qué las personas estaban acostumbradas a recibir la hipocresía que la fría honestidad.
Y tampoco era como si le importara, pues le daba igual recibir reproches de parte de los clientes y los ya mencionados sermones del señor Lee, pues sabía que a pesar de todo, el anciano no sería capaz de despedirlo.
YoonGi no podía estar más complacido, era Domingo por la tarde y su turno había terminado. El clima y todo su alrededor estaban a su favor, los destellos de luz que entraban por la ventana iban haciéndose cada vez menos notorios anunciando el ocaso.
Su pálido cuerpo que yacía sobre el sofá central comenzaba a relajarse, sintiendo sus músculos más pesados al igual que sus párpados que amenazaban con cerrarse abruptamente los cuales estaban acompañados de unas leves ojeras causadas por el sueño perdido.
La brisa fresca entraba por la ventana y acariciaba su delicado rostro. Sus ojos se cerraron lentamente y de sus labios se escapó un profundo y tranquilo suspiro del cual estaba complacido en exhalar. Nada mejor que dormir y disfrutar de un silencio abrumador en el cuál sólo se podía escuchar el tick-tock del reloj y su pausada respiración.
¡Crack!
Sus ojos se abrieron abruptamente enfocándose en el florero blanco situado sobre la mesa de estar.
Sus músculos se tensaron y pudo sentir cómo su sangre comenzaba a hervirle dentro de sus venas. No quería levantarse, caminar y ver lo que ya se temía, pero aun así lo hizo.Mierda.
Sus manos formaron un fuerte puño en el que sus nudillos se tornaron blancos y sintió sus dientes crujir dentro de su boca.
Habían quebrado su ventana.
Otra vez.Su maldita -y única- ventana francesa situada en la sala de estar había sido nuevamente quebrada. Habían solamente pasado tres días desde la última vez. Tres putos días antes en los que esos malditos niños la habían quebrado por estar jugando con una maldita bola de béisbol.
Su párpado se contrajo al ver la ya conocida pelota blanca en el suelo acompañada de unos cuantos fragmentos de cristal.
Hijos de puta.
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Grandpa ❂ YoonSeok
Short Story➸ La paciencia no es el fuerte de YoonGi. ↝Oneshot. ↝YoonSeok. ↝Alternative Universe. ↝Palabras soeces. ↝Completa.