Mi mañana aquel día no empezó demasiado bien. Felicity Aston, mi compañera en German Phillips, uno de los periódicos más famosos de Londres, había llamado hacía escasamente unos quince minutos diciendo que no podría cubrir una de las entrevistas más importantes del mes para el periódico aquel día. Y cuando digo importantes, me refiero a una cosa casi vital para nosotros.
Aquí se toman las cosas muy en serio, demasiado diría yo, y desde que empecé a trabajar aquí hacecomo un año, no he podido bajar mi rendimiento en absoluto. Son demasiado exigentes con algunas cosas y si no cumples los requisitos te ves de patitas en la calle en menos que canta un gallo, pero el caso de Felicity era muy distinto. Ella vivía pegada al culo del jefe lo cual le daba cierto privilegio, cosa que no era del todo justa, pero bueno así eran las cosas.
Como mi querida compañera no podía hacer esa entrevista debido a un "asunto familiar", sí lo digo entre comillas porque todos sabemos a lo que me refiero, me tocaría cubrir esa sección a mí.
Desde que llegué aquí como columnista para el periódico no había sido demasiadas las entrevistas que había realizado, por lo tanto iba cagada de miedo, y lo digo completamente en serio.
Mis entrevistas no solían ser como esta y por supuesto no es lo mismo entrevistar a los ciudadanos, que entrevistar a uno de los tíos más importantes de todo Londres. Y todo esto iba sujeto a que yo no tenía ni la más remota idea de quién era ese tal Daniel Cavill. Bueno, sabía que era empresario y que tenía una buena labor social con los niños más desfavorecidos pero poco más.
Así que mientras entraba en el imponente edificio de su compañía me devanaba los sesos pensando con qué pregunta comenzaría la dichosa entrevista.
Cuando entré en recepción había una mujer mayor con gafas escribiendo en su ordenador. Tuve que carraspear un par de veces para que me hiciera el más mínimo caso. Parecía que ese dichoso ordenador era más importante que yo.
- ¡Oh, lo siento! No te había visto. ¿Qué necesitas cariño?
- Hola, soy Spencer Mills. Vengo del parte del periódico German...
- ¡Ah, sí! El señor Cavill me dijo que no podría atender la entrevista a la hora acordada. –dijo resuelta como si allí eso fuera lo habitual.
- ¿Perdón?
- ¿No la han avisado?
- Es evidente que no.
- ¡Oh, claro que tonta soy! –<<no hace falta que lo jure>> pensé. –Si quieres puede esperar al señor Cavill aquí, no tardará demasiado. Ha tenido que salir por un asunto personal esta mañana temprano, pero seguramente no tardará mucho en regresar.
- ¿Está segura? Si no puedo regresar otro día. –mentí como una cosaca. Si esa entrevista no estaba para mañana rodarían cabezas y la mía sería la primera.
- Por supuesto que no. Le prometo que no serán más de diez minutos.
- Está bien, estaré esperando por aquí.
Ya habían pasado más de diez minutos, bueno que digo minutos habían pasado casi dos horas desde que le pregunté a la secretaría y aquí seguía. Me daba a mí que estaría aquí parte de la mañana.
La hora de mi almuerzo con Grace desgraciadamente ya había pasado, y ahora por culpa del señor Cavill, el cual me caía como una patada en mis partes bajas y ni siquiera lo conocía, estaba allí sentada muerta de hambre y viendo pasar el tiempo con cara de lerda.
- ¿Señorita Mills?
- ¿Sí?
- Acaba de llamar el señor Cavill diciendo que ya está aquí. En unos minutos la recibirá en su despacho.
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30 Días ©
RomansaSpencer Mills tras empezar como columnista en German Phillips, uno de los periódicos más famosos de Londres, conocerá a la persona que le cambie su vida para siempre. Harta de planificar su vida constantemente decide correr el riesgo y conocer a Dan...