Capitulo 10

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— Hola… - Saludé sin más.

— Hola… - Me contestó del mismo modo y se levantó, cortésmente, para retirarme una silla y ofrecerle el asiento.

Me situé a su lado y le miré, en silencio.

— ¿Te gusta este sitio? – Preguntó.

— No está mal. – Contesté.

— Si lo prefieres podemos ir a otro lugar o simplemente pasear.

Su voz delataba que se sentía nervioso. Me hizo mucha gracia pero no lo demostré. Ambos sentíamos el mismo hormigueo en la boca del estómago.

— Me apetece tomar un té. – Dije y miré la carta de tés.

Aquella cafetería estaba especializada en ese tipo de bebidas. Había tés de tantos sabores distintos que perdí la cuenta. Elegí un Príncipe Charles, de la marca Lipton, pues me gustaba el té negro con sabor intenso, y unas tortitas con nata y sirope de chocolate. Aquella tarde me sentía con hambre. Harry, por el contrario, se pidió sólo un café irlandés; pero terminamos compartiendo mi postre.

Me sentía muy a gusto con él. Tenía una forma de ser parecida a la mía. Me resultó curioso que coincidiésemos en tantos gustos y aficiones. Me confesó que su, pasión oculta era la lectura y que incluso, había llegado a publicar un libro. Hablamos sobre ello un buen rato y nos pusimos al día de parte de nuestras vidas. Él, al igual que yo, había tenido una mala experiencia en el terreno sentimental. Tuvo una novia, la cual conocía desde el instituto, y ésta terminó abandonándole cuando entró a trabajar para el ejército. Aquello le marcó muy negativamente y desde entonces no quería saber nada sobre una relación estable con nadie. Yo correspondí a su confesión y le relaté lo que me sucedió con Rayn. No me dijo, nada, pero en su mirada pude ver, comprensión y en parte enfado por cómo, me trató el que había sido el hombre de, mi vida hasta el momento.

— Y ahora, ¿tienes a alguien especial? –Preguntó y me miró, como si me estuviese estudiando.

— Puede. – Sonreí -. No es una relación, convencional. De hecho, ni siquiera sé si se podría llamar relación. ¿Y tú?

— Estoy en tu misma situación. He conocido a alguien pero no estoy seguro, de adonde me llevará lo que estamos viviendo.

— ¿Y dónde está ella? – Pregunté, con interés -. ¿No viene a la boda?

— Puede que lo haga, pero no estoy seguro todavía. – Sonrió. Le miré de soslayo y sonreí. Me pareció que estaba jugando conmigo, así que le seguí la broma.

— Quizás vaya, pero no como tu acompañante.

— Eso me partiría el corazón. – Sonrió.

— ¿Has probado a pedírselo?

— ¿Cómo sabes que no se lo he preguntado?

— Porque seguro que si lo hubieses hecho, no estarías tan dubitativo. Sabrías la respuesta. 

Harry me miró, arqueando una ceja y terminó riendo a carcajadas. “Dios mío…Qué guapo es… Y cuando sonríe me parece tan sexy…” Me dije a mí misma. Intenté tranquilizarme y centrarme en nuestra conversación, por miedo a despistarme y comenzar a desnudarle con la imaginación.

— Oye, Harry…

— Llámame Hazza. Mis amigos me dicen así.

Si antes me parecía sexy, al escuchar cómo quería que le llamase, su atractivo, a mi parecer, aumentó.

— Hazza… ¿Te han comentado Ale y Michael lo de este fin de semana?

— Sí, pero no estoy seguro de querer ir. ¿Tú… irás?

— No lo sé. Depende. – Sonreí.

— ¿De qué depende?

Harry mostró interés y apoyó los codos sobre la mesa. Me miró a los ojos y por un momento me perdí en ellos. Me encantaba mirarlos. Me hacían soñar despierta.

— No me gustaría ir yo sola con ellos. Me sentiría como una sujeta velas. – Reí.

— Eso mismo me ocurre a mí. Me gusta lo que han propuesto para el fin de semana, pero si no tengo alguien con quien disfrutarlo, no vale la pena.

— ¿Y esa chica especial? ¿Por qué no se lo propones? Puede que no tenga planes todavía.

— Quizás lo haga.

En ese momento el teléfono móvil de Harry comenzó a sonar. Me pidió disculpas y salió a la calle para hablar. La conversación se estaba volviendo muy extensa y me aburrí de tanto esperar. Me pareció una falta total de educación y me levanté. Aboné la cuenta y salí a la calle. Ni siquiera me vio. Estaba de espaldas y sumido en su charla. Le iba a decir adiós, pero al percatarme que hablaba con una mujer, negué con la cabeza, decepcionada, y me marché en dirección contraria.

Minutos después de caminar en dirección a mi casa, me detuve a contemplar un escaparate. Me sentía algo triste. Por un momento había pensado que Harry se refería a mí cuando hablaba de esa persona especial. Me quedó claro que no era así. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, mientras observaba la decoración y la ropa que había expuesta que no sentí que había alguien a mi lado. Noté cómo una mano se entrelazaba con la mía y miré, sorprendida. No me dio tiempo a reaccionar. Tomó mi otra mano y en menos de un segundo me encontraba aprisionada entre sus brazos, mientras sus labios acariciaban los míos en un beso sensual.

— Estaba deseando hacer esto desde que te conocí ayer. – Me dijo al oído mientras seguía estrechándome y pegando mi cuerpo al suyo.

— Yo estaba deseando que lo hicieses. – Confesé y correspondí a su beso.

— ____, ya sabes que yo no puedo ofrecerte nada serio. Además, en cuanto pase la boda, tendré que volver al Líbano.

— Lo sé. No te preocupes. Yo tampoco quiero atarme a nadie. – Sonreí.

— Perdona por la interrupción de antes. Cuando mi hermana me llama hay que temerla. – Sonrió -. Le encanta charlar y es difícil pararla. ¿Te apetece que hagamos algo en especial? – Me preguntó, mientras se separaba poco a poco de mí, y tomaba mi mano.

— Dejémoslo para otra ocasión. ¿Irás a pasar el fin de semana con ellos?

— Sólo si tú me acompañas.

— Está bien, pues entonces iré a mi casa a organizar la maleta. ¿Nos vemos mañana?

— Sí.

Me despedí de él con un simple “hasta luego” y seguí mi camino. No había dado ni tres pasos cuando tomó mi mano y me atrajo hasta él de nuevo.

— No me ha gustado nuestra despedida. Hagámoslo en condiciones y quizás así duerma mejor esta noche.

— ¿Por qué dices eso? – Le pregunté.

— Tengo la sensación de haberte decepcionado.

En el fondo, sí que me sentía decepcionada, pero él no tenía la culpa. La única responsable de mi propia infelicidad era yo. No podía ni quería engañarme a mí misma. Me gustaba Los. 

De hecho, me gustaba mucho; y no para un simple encuentro sexual, pero él ya se había encargado de hacerme saber que eso no iba a suceder.

— ¿Por qué ibas a decepcionarme? Apenas nos conocemos.

— ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

— Eh… No es necesario, gracias. 

Le miré de soslayo, sonreí y le dejé atrás. Me hubiese encantado que me acompañase, pero siendo honesta conmigo misma, lo que en realidad me apetecía era meterle en mi cama. Sabía que a la mañana siguiente me sentiría fatal, así que huí de esa opción.

Tuya en la oscuridad (Harry, Zayn & Tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora