Entre dos mundos

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Eros se mantenía a lado de Maya, Percéfone había traído un par de bebidas.

- Vamos Eros, ella no se moverá, toma algo - el dios del amor suspiró con pesadez y se acercó a ella, tomó la rara bebida entre sus manos y le dio pequeños sorbos.

- Crees que hago lo correcto?- Percefone vio al dios, tenía la mirada puesta en Maya, ella se acercó hasta su lado y posó su mano en su espalda

-Aquí tú eres el dios del amor, los humanos comenten siempre locuras por amor...nunca en mi corta vida de humana hubiera pensado terminar aquí, nuestro destino siempre está sellado Eros y ella tiene una luz tan grande como la tuya, muchos trataron de detener a Hades cuando me trajo aquí en cambio tú lo apoyaste y aunque te odié los primeros días por ello cambié de opinión tanto que te volviste mi padrino de bodas.

-No imaginas lo que siento cada vez que la tengo entre mis manos, tantas emociones juntas son indescriptibles, pero ella parece lucir tan frágil y no sé en qué mundo la estoy metiendo- las palmas de sus manos se cerraron en puños hasta volver sus nudillos blancos.

- Creo que ya ha sufrido bastante en su propio mundo, aparte de la locura que se vive con los gritos de cada dios no creo que Maya tenga problemas, ella es tan buena, irradia bondad, luz y paz-

Eros se acercó al cuerpo de Maya y besó su coronilla, vio en Maya una pequeña sonrisa.

-Le enseñaré lo mejor de nuestro mundo, nunca volverá a sufrir, debí encontrarla antes- se culpó el dios pensando en todo lo que había tenido que pasar para encontrarla en tan malas condiciones.

- Todo tiene un tiempo mi querido Eros y no lo podemos cambiar, al final cada camino nos lleva a un mismo destino-

-Empiezas a sonar como mi padre, eso da miedo- los dos dioses soltaron una pequeña carcajada mientras el dios del inframundo entraba en la habitación junto a un frasco

- Aquí está- exclamó el dios con una pequeña sonrisa

-Qué se supone que es eso?- preguntó Eros antes de que el dios se acercara de más a Maya

-El como lo preparé es un secreto, pero hace  muchos siglos, cuando mi querida Percefóne aún no llegaba y descargaba mi agonía de una mal manera que no mencionaré, tomaba un sorbo de este elixir y adios malestares-

-Eres un dios como siquiera pudiste tener una resaca- le preguntó Percefone a su esposo

-Imagínate cuanto alcohol debía consumir para tener lo que los humanos llaman una resaca-Percefone rodó los ojos

Amor Escrito en Griego (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora