Creció, pues, eligioso y confiado, entusiasta e integro.
Con 22 años se casó. Se le hizo casa con una prima, educada como el, sencilla como el, pura com
o el. Tuvo cierta suerte inestimable de tener por compañia una honesta mujer virtuosa, es decir, lo que hay de mas escaso y respetable en el mundo. Tenia hacia su madre la venetración que rodea a las madres en las familias latriarcales, el culto profundo que se reserva a las divinidades. Traladó sobre su madre un poco de esta religion , apenas atenuada por la familiariadades conyugales . Y vivió en una ignorancia absoluta de la picardía, en una estado de rectutud obstinada y de tranquila dicha que hizo de el un ser aparte. No engañado a nadie, no sospechaba que se le pudieran engañar a el .
Algun tiempo antes de su boda había entrado como contable en la empresa del señor Langlais, asesinado por el hace unos dias.
Sabemos, señores del juradao, por los testimonios de la señora Langlais, se su hermano, el señor perthuis, asociado de su marido, de toda la familia y de todos los empleados superiores de este banco, que Lougère fue empleado moderno, ehemplo de probidad, de sumisión, de dulzura, de deferencia hacia sus jefes y ejemplo de reguralidad.
Se le trataba, por otra parte ,con la consideracion merecida por su conducta ejemplar. Estaba acostumbrado a este respeto y a la especie de veneración manifestada a la señora Lougère, cuyo elogico esta en boca de todos.
Unos días después, ella murio de unas fiebres tifoideas. Él sitío seguramente un doros profundo, pero un dolor frío y tranquilo en su corazón metódico. Sólo se vio en su palidez y en la alteración de sus rasgos hasta qué punto había sido herido.
Entonces, señores, ocurrió algo muy natural.
Este hombre estaba casado desde hacía diez años. Desde hacía diez años tenia costumbre de sentir a una mujer cerca de el , siempre. Estaba acostumbrado a sus cuidados, a esta voz familiar cuando uno llega a casa, al adiós de la tarde a los buenos días de la mañana, a ese suave sonido del vestido, tan del gusto femenino, a esta caricia ora amorosa, ora maternal que alivia la existencia, a esta presencia amada que hace menos lento el transcurrir de las horas. Estaba también acostumbrado a la condescendecia material de la mesa, a todas las atenciones que no se notan y que se vuelven poco a poco indespensables. Ya no podía vivir solo. Entonces, para pasar las interminables tardes, cogio la costumbre de ir a sentarse una hora o dos a la cervercería vecna. Bebía un BOCK y se quedaba allí, inmóvil, siguiendo con una mirada distraída las bolas de billar corriendo una de tras de otra bajo el humo de las pipas, escuchando, sin pensar en ello, las disputas de los jugadores, las discusiones de los vecinos sobre política y las carcajadas que provocanban a veces una broma pesada al otro extremo de la sala. Acababa a menudo por quedarse dormido de lasitud y aburrimiento. Pero tenía en el fondo de su corazón y de su cuerpo de mujer ; y si pensarlo, se fue aproximado, un poci cada tarde al mostrador donde reinaba la cajera, una rubia pequeña, atraído hacia ella invenciblemente por tratarse de una mujer.
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