Brillo en sus ojos.

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Sus manos recorrían por cada centímetro de su muslo que con cada caricia se tensaba mientras dejaba besos en su abdomen, ella solo jadeaba cerrando los ojos mientras ese hombre que siempre vestía trajes costosos y exclusivos. Ese hombre que nunca se cansaba de su princesa, que daba todo por esa pequeña, que ya no era tan pequeña y eso lo preocupaba.
La mañana de caricias y besos lentos fue interrumpida cuando este ya traía una erección insoportable pero fue interrumpida por ella, y él no podía negarle o cuestionarle nada.
-U-uhm papi espera. -se separó con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados de el beso. Este solo se detuvo en seco mirándola a los ojos esperando que siguiese.
-¿Puedo ir al patio hoy? No he salido en estos días y quiero ver a los pa-pajaritos ¡la flores seguro ya florecieron con nuevos colores!

El jardín estaba libre, libre de la servidumbre y de los guarda espaldas, solo se encontraban ellos, ella jugando con uno de los perro guardianes en medio de las rosas blancas que estaba allí, se veía feliz y libre, reía y corría con ese cachorro como una niña de 9 años.
Gerard estaba sentado, tomando el café que nunca debía faltarle, mientras miraba a su princesa tan libre e inocente jugando, se sentía jodidamente enfermo, entonces los recuerdos volvían a su mente, necesitaba tenerlo así que solo dejando el café en la mesa blanca con diseño rustico se levantó, acercandose lentamente a ella, ella seguía concentrada oliendo los brotes de los jazmines. Estaba parado allí, mirando a la chica que traía un bralette blanco con una falda lila pastel, medias cortas y un zapato de muñeca negro. Sonrío al verla, no quería interrumpirla, pero ella se volteó y sonrío marcando sus hoyuelos.
-Ven. -se acercó tomando su mano.
-No, yo estaré allí, viéndote.
Mirándolo a los ojos hizo una mueca de pucherito y este solo asintió.

Luchando para poder entrar el asistente personal del señor, discutiendo con las empleadas, él dejó una orden, nadie podría interrumpirlos.

-Por favor joven Elías, no quiere que nadie lo interrumpa. -suplicaba al chico con lentes que estaba peleando con los escoltas.
-Miren, esto es algo del trabajo, es algo muy importante, déjenme entrar.
Y este se zafó, fue casi corriendo al jardín un jardín bastante extenso con todo tipo de flores y adornos.
Buscó con la mirada a su jefe pero no lo vio a primera vista hasta que a lo lejos lo vio, Julise le estaba poniendo flores de todos los colores en el pelo sonriendo emocionada ¿y él? Sonreía para ella algo incomodo.
Nunca lo había visto en esa situación, se veía feliz, esa chica lo hacía feliz, él decía que era una niña pero todos sabían que ya no lo era, nunca había tenido a una "niña" por tanto tiempo.

Recuerdos De Una Prisionera. [PAUSADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora