Capítulo 31
- ¿Hasta cuándo seguiremos? – Oyó preguntar – ella tiene que saberlo – lo dice exigente – no puede seguir saliendo con él, solo confundirán más sus sentimientos. Es hora de contarle la absoluta verdad – dice ella muy cortante y con un tono decidido – ¡Por favor ya no más mentiras! – rogaba esta vez casi al punto del sollozo – ya no aguanto...- suspira lamentándose.
El sonido del timbre no deja de retumbar mis oídos. ¿Acaso Elena habrá salido? Estaba dando vueltas por toda mi habitación, a la espera de la dichosa llamada de la cafetería en donde solicite el trabajo, ya habían pasado unos días, pero aún no sonaba el bendito celular y no sé si ya es momento de resignarme y enviar un cv a otra cafetería o cualquier lugar que encuentre.
Tuve que interrumpir mi preocupación por la llamada que espero con ansias, para ir a ver quién es el escandaloso que toca el timbre de esa manera.
- ¡Ya voy! – anuncio para parar el estruendoso sonido, pero aun así no paraba, que insistencia y que urgencia se necesita para tocar el timbre de esa manera.
Al abrir la puerta me sorprendo al ver a Matías con los labios ensangrentados, inmediatamente lo hago pasar y me dirijo a mi cuarto por paños húmedos y un poco de alcohol. Me acerco a él y me agacho para estar a la altura de su cara, reposo los pañitos sobre su rostro, para limpiar la sangre ya seca alrededor de su labio rosa –ahora se logra visualizar la herida – pongo el pañito con el alcohol sobre la herida y su reacción es inmediata.
- ¡¡Diablos!! – exclama – Sofía, ¡Basta! – retrocede el rostro por inercia.
- ¡Ven acá! – tomo su rostro y vuelvo a poner el pañito encima de la herida – esto hará que pueda cicatrizar más rápido y así me puedas contar como es que te hiciste esto – intento hacer que se olvide del dolor mientras trato de sacarle información de cómo se hizo eso en el rostro.
- No puedo – hace quejidos – arde demasiado – intenta zafarse del pequeño pañito – ya creo que con eso es suficiente – me mira adolorido y se aparta para que mi paño ya deje de tocar su rostro.
- ¡Uy ya ya! – me hago la indignada – Cualquiera solo se digna a decir gracias ¿No? – ruedo los ojos.
Posa su mano sobre la mía y me mira, aquí vamos una vez más esa mirada que ya no quería sostener porque temía que suelte un bochornoso suspiro que se supone que un simple rose no debería causar nada en mí. Trato disimuladamente zafar mi mano de la suya, pero no lo logro porque él la entrelaza nuestros dedos.
¡¡¡¡ ¿Qué está haciendo?!!!!
- Está bien pequeña Sofía – lo miro extrañada, ¿Qué le pasa? Nunca me había llamado así – gracias – emboza una sonrisa ¿Sarcástica? Y separa nuestras manos, que gracioso de su parte, hace que me alborote en vano.
¿Quién rayos entiende a este chico?
El cerrojo de la puerta empieza a moverse e inmediatamente Matías empieza a acomodar sus cosas para irse, poso mi mano en su brazo para que se calmara, pero se zafa inmediatamente, siento su cuerpo agitado debido a su respiración muy acelerada. No puedo creer que reaccione de esa manera, solo es su madre y está bien que hayan peleado, pero no es para tanto ¿No?
- ¡Matías! – exclama Elena preocupada – hijo ¿Qué te ha pasado? – el ni siquiera la mira, se pone la mochila que traía y se fue directamente a la puerta.
Elena no se separa en ningún momento de la puerta, obviamente no quería que su hijo se vaya de esa manera, sin solucionar sus problemas – además de una explicación por la herida que tiene en el labio – que al parecer arrastran desde hace años. Matías es completamente piedra, no muestra ningún tipo de expresión en el rostro más que su cuerpo tenso y la cabeza cabizbaja. Elena simplemente tiene los labios curvados hacia abajo, sus ojos están tan apagados – aunque hace mucho que ya no se le ve con ese brillo especial que solía tener – su rostro está muy demacrado, tiene unas ojeras realmente horribles. Sé que ella también ha sufrido mucho y lo refleja mucho su rostro y el descuido que se dio. Me imagino que para una madre lo peor que puede haber en el mundo es distanciarse de su hijo por una pelea que arrastra errores del pasado, tener esa terrible impotencia de no saber cómo hacer que tu hijo al que amas mucho te perdone porque no soportas más su indiferencia.
- ¿Me da permiso? – pregunta Matías de manera cortante – chao Sofía, nos vemos otro día – la seriedad en la que me lo dijo hizo que me confundiera por completo, hace menos de cinco minutos era otro.
- ¿Se ven muy a menudo? – pregunta Elena de la nada, ¿Y eso? ¿Ahora por qué le importa?
- Eso no es de tu incumbencia – responde Matías de lo más cortante.
- Solo... – toma del brazo a Matías – hijo sabes que no debes...
- Que no debo ¿qué? – lanza una mirada amenazadora, nunca lo había visto así, pareciera que estuviera respondiendo a cualquier otra persona menos a su madre – no debo salir con ella porque hay algo más fuerte que nos une, que porque ...
- ¡Matías! ¡Basta! – lo interrumpe de inmediato Elena – ya puedes irte, no necesito un hijo indiferente él cual solo le importa el pasado y vive en el – la actitud de Elena es completamente dura y recia, aunque podría jurar que también hay dolor en sus palabras. Me sorprende mucho y solo estoy ahí como parte de la decoración de casa al parecer, para ellos en estos momentos soy invisible.
- Pasado que sabes perfectamente que afecta nuestro presente, que sabes perfectamente que está mal, pero sigues apañando mentiras que dañaran a esa persona. ¿Pero te importa acaso? En lo más mínimo. Mira como estas, sabes que la mentira te está matando y te consume – lo dice con una cólera impresionante, no entiendo lo que pasa, no entiendo lo que dice.
Me quedo literalmente idiota, que hago yo aquí en medio de la posible tercera guerra mundial. Lo peor es que no tengo idea de lo que hablan, solo que están muy heridos. Matías se zafa del agarre de su madre y se retiró sin más. Elena por consiguiente se fue a su cuarto desde donde se oían sollozos evidentemente por lo sucedido.
No soporto el ambiente que se vive en mi casa es tan tedioso cada día. Tomo mi abrigo y salgo de inmediato para ver si de paso logro alcanzar a Matías.
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El Hijo de mi Niñera
Teen Fiction- No necesito niñera madre, soy una adolescente - pauso - casi una mujer adulta - hago puchero - puedo atenderme sola - menciono casi derrotada, mi madre me mira, y niega con la cabeza. - Sabes que no es por eso Sofía, es por tu seguridad - me repr...