Entro en el apartamento y tardo unos segundos antes de encender las luces sabiendo que cuando lo haga veré que está vacío. Da igual los siglos que vivas, llegar a una casa donde nadie te espera nunca es agradable. Finalmente las enciendo y contemplo todo dejando las llaves en la entrada.
Tengo pisos clónicos en al menos una docena de ciudades del mundo: pequeños, de una sola habitación, con un salón con cocina adosada y un baño. Las paredes pintadas de blanco apenas pueden distinguirse con las estanterías abarrotadas de libros que lo cubren todo. Un caballete con un lienzo junto a la ventana y a una mesa llena de lápices y pinturas. Una televisión enorme con un mueble debajo hasta los topes de películas y discos duros con más films y series que le encargo a Raven de vez en cuando...y un solo cuadro sobre ella: el retrato que hice de Lexa hace ya más de un milenio reproducido en grande y enmarcado con un oscuro marco de madera casi negra.
Dejo mi abrigo en el perchero y me ovillo en el sofá de cualquier manera contemplando el retrato sin apartar la vista. Es lo único que logra consolarme cuando la desesperanza me embarga. Ver su cara, recordar el día en que lo dibujé e imaginar el sonido de su risa envolviéndome. Me da fuerzas para seguir luchando, paciencia para continuar esperando.
Sin darme cuanta me quedo dormida y despierto bien entrada la tarde, cuando el sol comienza a ponerse. Me gusta esta luz, desde que puedo recordar los atardeceres me han fascinado por su gama de colores y he pintado muchísimos a lo largo de los siglos...pero ninguno puede compararse a los que viví en aquel bosque, con la luz extinguiéndose entre los frondosos árboles y reflejándose en sus ojos.
Me levanto para prepararme algo de comer: un filete con unas patatas fritas de bolsa. No cuido mi alimentación especialmente. Descubrí con menos de un siglo de vida que engordar o adelgazar me era tan imposible como envejecer o herirme. Realmente tampoco necesitaba comer para sobrevivir ya que por circunstancias pasé casi un mes sin hacerlo y aquí sigo. Pero si que experimento la sensación de hambre y de ahí que trate de alimentarme con regularidad.
Lo cierto es que la maldición está bien pensada como tortura: siento tanto dolor como cualquiera, más mis heridas se cierran en segundos, podría no dormir aunque la sensación de sueño y cansancio sí que la experimento...por no mencionar que puedo sentir placer pero no desahogarme del todo. Un "todo lo malo sin nada de lo bueno" como dijo Raven cuando se lo expliqué.
Vuelvo a sentarme en el sofá con la comida en mi plato y pongo un canal de noticias que miro con gesto de desagrado. El mundo se ha convertido en algo que muchas veces detesto. Odio la política porque es pura mentira y falsedad disfrazada de buenas intenciones, las leyes actuales me resultan incomprensibles con auténticos asesinos paseando libres por las calles mientras otros dan con sus huesos en la cárcel por no haber podido pagar una factura. Se venera a gente por contar en público con quien se han acostado, se le da más importancia al último escándalo de un actor que a una guerra desarrollándose en un país tercermundista, los deportistas son los nuevos héroes de la sociedad y la gente prefiere trastear con aparatitos a leer un buen libro. No lo comprendo, de verdad. Pero ya he desistido de hacerlo. Prefiero quedarme con lo que me gusta de esta época como que una mujer pueda vivir sola y hacer lo que le dé la gana, poder conseguir todos los libros que quiera en la tienda de la esquina o el cine, la única invención de estos tiempos que he adoptado con verdadera pasión.
Tras terminar mi comida dudo entre ver una película o ponerme a pintar. Al final mi vieja pasión se impone y me visto con una camiseta ancha y vieja con varias manchas de pintura en ella y unos sencillos pantalones cortos. Me coloco frente al lienzo y cierro los ojos para visualizar lo más detalladamente posible el atardecer que he presenciado hace un rato. Los vuelvo a abrir y cojo un pincel con decisión.
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El tiempo de una vida (PAUSADA)
FanfictionLa distancia pesa en el amor, pero...¿Y cuando esa distancia es de más de mil años? De la edad media a la época actual Clarke luchará para volver a estar en los brazos de Lexa.