Capítulo 11.

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Ashley apenas podía mantenerse de pie, Dana se encargó de ella durante todo el día, lo agradecía eternamente aunque su madrastra se viera miserable y poco creíble era una buena persona, jalaba su brazo cuando estaba a punto de dormirse en medio de las juntas y le daba café para ocultar su evidente cruda.

Todos lo sabían, oh, claro que lo sabían. Sus miradas los delataban, mirándola como si fuera una aberración o una vergüenza manchar el nombre de su partido, la joven rubia se contuvo para no gritar enfrente de ellos, ¿Por qué las miradas? Solo por salirse a divertir.

Su padre había pagado a los periódicos y televisoras locales para impedir que la noticia saliera a flote, claro que eso no impidió que lo supiera de manera inmediata su jefe, Thomas Hoggard.

- Oh, dios mío. – Jadeo de dolor al sentir una punzada en su sien, Dana apretó su mano en forma de alivio pero nada podía quitarle la jaqueca que tenía, los ejecutivos miraban emocionados su respuesta ante la oferta de negocios. – Lárguense de mí...

- Muchas gracias, señores pero necesitamos pensarlo con claridad. – Interrumpió rápidamente Dana, el trio de hombres salieron de la oficina con prisas y rogando no haber despertado el desinterés de un Flair, Ashley se recargo en el respaldar de su asiento, cogiendo aire y tallando su sien para remediar su dolor.

- No necesito hacer esto. – Comento con molestia, ella jamás había caído tan bajo como para asistir a las juntas de propuestas pero era un castigo impuesto por su padre gracias a su soberbia y desobediencia. – Tengo que irme.

- No, no puedes. – Y ahí estaba, aquella Dana que no soportaba, aquella que intentaba remplazar a su madre o tratar de controlar su vida pero no había nada que pudiera hacer en contra de ella, era el vivo retrato de su madre, quería odiarla pero era imposible. – Así que en dé vez de escuchar propuestas aburridas todo el día mejor me cuentas de tu fiesta. - Las mejillas de Ashley se tintaron en un leve color carmesí y esbozo una tonta sonrisa, el problema no era el haberse metido en problemas, el problema era que no recordaba absolutamente nada de la fiesta y sentía el tremendo alivio que si hizo algo sumamente ridículo o extraño jamás saldría a la luz gracias a el soborno de su padre.

[...]

Rebecca lo recordaba todo, con lujo de detalles inclusive, llego a su hogar con una tímida y dulce sonrisa, aunque su hermanastra casi la come viva después de dejarla encerrada doce horas en su habitación no había nada que pudiera quitar aquellas mariposas que revoloteaban en su estómago y su latir acelerado.

Tenía que reconocer que había huido como cobarde ante el sonido de las patrullas y el rugir de las puertas para encontrar a la responsable de su insomnio y posiblemente de su captura si no hubiera actuado rápidamente.

- Ella me ama. – Allen y Daniel sonrieron al escucharla mientras que Alexander prestaba más atención a su comida. – Me lo dijo.

- ¿Se besaron? – Pregunto Daniel con curiosidad.

- No.

- ¿No? — Allen escupió con indiferencia y casi molesto. — ¿Qué clase de persona es?

— Se durmió. — Excusó Rebecca tomando un poco de refresco. — No hubo tiempo de nada, la policía y los medios alteraron todo.

— Me cuesta creer que nadie hable sobre ello, la mejor fiesta del mundo solo por tener a Charlotte pasada de copas. — Comentó Alexander después de un rato admirando su comida, seguía intacta. — ¿Te ha llamado?

— No, no tengo su número.

— Oh, claro, lo olvidaba. — Allen y Daniel se miraron confundidos, el tono de Alexander sobre pasaba lo burlón y cínico. — Me alegro por ti, Rebecca.

Man Killer |CHARLYNCH|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora