Astronauts

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—¿En que estás pensando, Yura?

Otabek era el tipo de hombre que se preocupaba demasiado, pero más que nada por puro y sincero amor. Para él, no había nadie mejor que el hombre al otro lado de la mesa. Y pensar en todo lo que habían pasado; todas las peleas, malentendidos y gritos que los llevaron a este momento.

Yuri estaba sentado justo al otro lado de la mesa, piernas cruzadas en perfecta elegancia. Sus mejillas le dolían de tanto sonreír, pero no podía evitarlo, incluso estando en público. Otabek era la luz de sus ojos y tenía la suerte de estar a unas cuantas horas de casarse con él. Mañana por la mañana se alejaría de este maravilloso hombre, solo para encontrarse con él después en el altar.

—Solo... en cómo nos conocimos. Tú, chocando contra mi y manchando mi playera favorita con tu café. Todavía no puedo creer que quisieras mi número, ¡después de todos los insultos que te dije!— río, mientras sus ojos brillaban por el dulce recuerdo.

El kazajo humedeció sus labios y se unió a las risas de su prometido, asintiendo en concordancia —. Sí, bueno... podrías decir que he estado, literalmente, loco por ti desde el comienzo .

El corazón del ruso se derritió por esas palabras y el mundo parecía desvanecerse a su alrededor. Otabek tenía ese efecto en él y ahora que era mayor, le había dejado acercarse a él, enseñarle a estar más en contacto con sus propias emociones y aún así...

—Desgraciado. ¿Cómo es qué se te ocurre tanta melosidad?

Aunque Otabek solo observaba el color rojizo que adornaba las mejillas de Yuri, porque él era el único responsable de eso. Nadie lograba sonrojar a su terco prometido tan fácil como él lo hacía.

—Siempre se trata de ti, Yura. Aunque ya sabes eso a estas alturas —dijo el moreno estirando su mano a través de la mesa, tomando la mano delicada del rubio en la suya y estrechándola suavemente—Tú siempre sacas lo mejor de mi.

La atmósfera que los envolvía era perfecta, un pequeño restaurante justo a la vuelta de la esquina, nada elegante. Tal vez esta era su última cena como una pareja comprometida pero nunca habían necesitado mucho para ser felices, el estar juntos había probado que era más que suficiente.

Si eran honestos, ambos se sentían algo divididos. El tiempo estaba pasando algo lento para su gusto, ambos querían adelantarlo hasta llegar al "sí, acepto", aunque al mismo tiempo no querían más que disfrutar este último momento juntos y hacerlo durar para siempre.

 El tiempo estaba pasando algo lento para su gusto, ambos querían adelantarlo hasta llegar al "sí, acepto", aunque al mismo tiempo no querían más que disfrutar este último momento juntos y hacerlo durar para siempre

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Otabek dejó escapar un suspiro pesado mientras arreglaba su corbata por enésima vez en los últimos diez minutos, aclarando su garganta, se volvió hacia sus amigos que lo acompañaban ese día.

—¿Cómo me veo? Se siente raro...—No se quejaba del diseño de su esmoquin, de hecho le encantaba, suponía que se refería a toda esta situación.

Primero, se había despertado solo; dormir con Yura y despertar para ver esa hermosa cara por los últimos años es lo que lo mantenía de buen humor. Cualquiera diría que hoy, de todos los días, debería sentirse contento y feliz, aunque solo se ha sentido... pues, exactamente así, raro.

Astronauts (Otayurio) - |Español|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora