El sol tomó el aposento de la luna en el firmamento y su luz opacó a las pequeñas y lejanas estrellas.
Recuerdo como solía disfrutar las mañanas en Madrid, y ese día no sería la excepción.
Unos escasos rayos naranja se asomaban por el horizonte, pintando de colores amarillentos las calles y edificios de la ciudad. Nubes blancas y esponjosas adornaban en cielo que empezaba a tomar un color rosado y azul pálido. Una brisa gélida corría por aquel parque, tumbando a su paso las hojas de los árboles otoñales.
Solté un suspiro y observe como se formaba una pequeñita nube de vapor enfrente de mi boca. Cerré mis ojos y me puse a pensar en esa hermosa sonrisa que me trae babeando la banqueta. En esos hermosos ojos pardos que me hipnotizan y su ronca voz que logra llevarme a otro mundo. Simplemente pensar en él lograba que todos mis nervios se relajaran.
Sí, lo acepto. Yo, Miguel Ángel Rogel Ruíz, estoy enamorado de mi mejor amigo: Rubén Doblas Gundersen. Y no, no fue fácil aceptarlo.
Al principio, como todos, pensé que se trataba de una confusión. Pero al pasar el tiempo poco a poco esos sentimientos fueron saliendo a flote hasta que tuve que aceptarlo. Fue un difícil proceso, tuve que pasar por etapas y hubo momentos en los que quería salir corriendo al otro lado del mundo y no volver jamás, pero... luego entendí que el los sentimientos son una de las cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo. La atracción es uno de ellos.
Pensaba que no era más que simple atracción hacia ese gilipollas, pero nuevamente el tiempo hizo su trabajo. Descubrí que él era la única persona con la que podía ser totalmente transparente, ser verdaderamente yo, sin ninguna capa o barrera de por medio, y eso es difícil de encontrar en otras personas. Luego pensé en que era lo que más me gustaba de él, pensé en sus ojos, en su sonrisa, en su cabello, en su piel, en cada parte de su anotomía, pero me di cuenta que lo que verdaderamente me gustaba era su personalidad: era realmente un chico tímido, se sonrojaba fácilmente con otras personas y siempre acostumbraba a morderse el labio en situaciones de nerviosismo, le gustaba que las personas a su alrededor fueran felices sin importar si él lo era, era un chico optimista, luchando siempre por lo que quiere hasta conseguirlo. Y la lista podía seguir y seguir, había un montón de cosas que me habían inducido a enamorarme de ese cabrón.
Darme cuenta de eso fue un poco más sencillo, ya que mi subconsciente lo sabía, pero yo me había empeñado en ocultarlo en un rincón de mi mente hasta que simplemente ya no puede más, mis emociones estaban a flor de piel y ahora me encontraba luchando contra ellas para controlarlas, y que mejor que una velada en el parque con tu mente.
Realmente hay que dedicarse más tiempo a uno mismo y ponerse a pensar en lo que realmente siente, lejos de la opinión de los demás, lejos de la sociedad, un tiempo solamente contigo, como una "autocita" o algo por el estilo, y verdaderamente me había servido esa noche en vela para poder ordenar un poco mis ideas.
Mire el reloj de mi celular que indicaba que eran las siete menos veinte de la mañana, ¡vaya! Me había pasado como ocho horas sentado en esa banca.
Me levante perezosamente y mi trasero se había adormecido, estire un poco las piernas y me dispuse a caminar de regreso a mi morada.
En el camino pude observar el hermoso amanecer que la madrugada me regalaba, se podía respirar el aire fresco y limpio que corría a esas horas. Camine aproximadamente quince minutos hasta llegar a mi departamento, subí por las escaleras, necesitaba que mis piernas se estiraran aún más después de estar sentado literalmente toda la noche.
Saque mis llaves de uno de los bolsillos de mis pantalones y abrí la puerta encontrando todo oscuro ya que siempre tenía las persianas cerradas y era difícil que los rayos del sol penetraran por estas.
Mis pasos eran cansados y lentos, en el camino a mi habitación me quite la chaqueta, los zapatos y los pantalones, quedando solamente en mi ramera que la lance a un bulto de ropa al lado de mi cama. Me hundí en mis cobertores y respire el aromatizante que estos desprendían.
Trate de dormir pensando que sólo por hoy no soñaría con esos preciosos orbes pardos, pensando en que quizá toda esa cita con mi mente pudiera ayudarme a controlar mis sueños, pensando en que podrían dormir como antes.
Pero me equivoque.
Él de nuevo apareció en mis sueños.
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Estrellas Latentes (Rubelangel)
Fanfiction"Sentía como el corazón le palpitaba lentamente. Con las yemas de sus dedos acarició las ojeras que adornaban su cansado rostro: una caricia sutil, una caricia débil, una caricia suplicante y demandante. Besó delicadamente sus cienes, tan delicado q...