¿Amigo o enemigo?

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Almuerzo familiar era algo tachado de la lista hacía mucho tiempo. Al llegar cada quien hacía lo que se le antojara. Mi padre regresaba a tirarse nuevamente a la cama, al igual que Ale. Hannah y mi madre se sentaban a comer. Ellas dos eran probablemente las personas en la familia que más se asimilaba a una persona normal. Yo normalmente me encerraba en mi cuarto a leer o a practicar un rato con el Shin. Si, soy un niño aplicado que aprovecha el tiempo ¿Algún problema?

Bueno, el caso es que ese era nuestro último día en el apartamento. Ya tocaba cambiarse nuevamente. Siempre lo hacíamos de noche, por lo cual dejaba toda la tarde libre.

Salí a dar un pequeño paseo y visitar alguna tiendas. Normalmente salía a buscar libros, comida típica del país en el que nos encontrábamos, lápices o alguna que otra vez otra libreta de dibujo, cuando la mía se acababa. Lo menos que hacia era comprar recuerdos como esos muñequitos típicos o platos que tenían la imagen de alguna ciudad o algo así. Mucho espacio ocupan y aún mi pequeña maleta bidimensional probablemente ya estaría completamente llena. A los más que llegaba era a comprarme una pulsera. Pero eso solo era cuando la que llevaba ya parecía que solo se sostenía de mi muñeca por la sinceridad de los políticos.

En fin, que salí a dar unas vueltas cuando de repente siento la presencia de un aura extraña. Era parecida a cuando sentía que alguien que podía controlar el Shin o el Ssen se acercaba, pero de una manera distinta. Tampoco era la primera vez. Ya nos habíamos topado con estos entes. No sabíamos que eran, solo de donde venía. Pero ya habíamos visto muchas veces como utilizaban a gente o animales, así que ya era predeterminado eliminarlos cuando aparecían.

Seguí la presencia hasta un callejón. Si yo se, yo se. ¿Demasiado cliché verdad? Por más que lo sea no es como que pueda hacer algo, ahí estaba.

Era una de esas salidas traseras de un restaurante fino. Uno de esos a los que nunca he ido. Dentro de uno de esos basureros había un perro. Era uno de esos callejeros que podías ver tirados en el suelo a mitad de algún parque durmiendo, sin importarle que alguien llegara a patearlo ni nada por el estilo. Se encontraba tratando de abrir una bolsa negra, en la cual probablemente estaban todas las sobras que la gente no se había querido comer. La presencia que sentía venía de ese perro. Cuando lo miraba fijamente podía ver como tenía un suave resplandor constante morado.

El perro era hermoso. Era un Husky. Sucio, con el pelo gris largo y totalmente enredado, pero se notaba que era un Husky.

Introducí mi mano en una de las sombras que creaba una tubería y saqué la cadena que unía mi cuchillos. Cuando la saqué por completo y golpeó el suelo, el perro levantó ambas orejas, lo cual dejaba claro que había notado mi presencia.

En callejón tenía dos salidas, ya que unía la calle por la que yo acababa de entrar con la que se encontraba al otro lado. Pero sin importarle ese detalle, se abalanzó sobre mí mostrando todos sus colmillos. Yo sin dudarlo, lancé el cuchillo apuntando a su cuello. El arma atravesó completamente al canino, el cual cayó en el suelo de golpe. Para los amantes de los perros los cuales estaban ya esperando a que contestaran en la oficina para poder tirarme una demanda por maltrato animal: cinco segundos después de que cayera, el perro se levantó, y, ya ignorando totalmente mi presencia, se dirigió hacia el otro lado del callejón.

Yo estaba dándome la vuelta cuando me di cuenta que había otra presencia ahí mismo. Era menor y lo suficientemente débil para pasarla por alto, si no es porque yo me encontraba casi a la par.

Apunté al lugar donde sentía que se encontraba (el cual era una lata de Kola, medio aplastada, rallada y llena de hormigas. Seguramente llevaba semanas ahí), y le clavé el cuchillo por la mitad, esperando deshacerme de la otra presencia. Pero la sensación seguía ahí. Me acerqué con la otra arma en alto y cuando estuve lo suficiente cerca, tiré la cadena para quitar la lata y poder ver lo que había.

No se que esperaba, sí mágicamente al levantar la lata apareciera un monstruo de 17000 metros de altura y me atacara o algo por el estilo. En su lugar solo había una pequeña esfera reluciente del tamaño de una pelota de golf que se encontraba flotando a unos milímetros del suelo, totalmente quieta.

Estaba acostumbrado a ver cosas extrañas para la mayoría, pero una esfera flotante era nuevo. No parecía amenazante (claro, era probablemente de unos cuatro o cinco, ¿Qué iba a hacer? ¿Devorarme?), por lo cual me acerqué para verlo más de cerca. Aunque con las cosas que había vivido no es que fuera muy confiado que digamos, por lo cual tampoco guardé mi arma.

Me arrodillé y estiré mi mano para tocarlo, pero en ese momento dos cosas se levantaron a cada lado rápidamente. Con mis increible-mazing reflejos, dí un paso atrás y levanté las cadenas.

-¡No! ¡No! ¡No! ¡Soy inocente! Solo estaba aquí porque me trajeron a aprender algo que no quería y tuve que venir porque si no iban a maltratarme y yo no quería eso porque soy muy débil y no puedo defenderme pero tampoco quería venir aquí porque había escuchado que era peligroso pero querían que viniera pero yo no quería y ahora que quien me trajo no está no se que voy a hacer van a decir que es culpa mía que tuve que ayudar y q....

No entendía qué estaba pasando. Tanto por el hecho que hablaba sin detenerse y por la incredulidad de que una canica estuviera hablando.

-...lo que me pasa por dejarme llevar por la presión grupal y hacer lo que me dicen pero tampoco tengo la fuerza de voluntad como para poder hacer algo...

-Oye...

-...como nunca tuve quien forjara mi carácter ni a nadie que me protegiera porque no tuve hermanos mayores ni amigos cercanos que pudieran hacerlo al igual...

-Oye...

-...otros amigos con los que me reunía los cuales algunos ya había venido sin regresar (al menos que yo me diera cuenta) pero heme aquí pidiendo piedad para poder regresar d...

-¡Hey! -hablaba tanto que tuve que subir un poco la voz para que me prestara atención. Eso pareció hacer efecto, ya que de repente el silencio regresó al lugar (sin contar las bocinas de los autos en las calles ni los insultos de los conductores claramente). Me acerqué arrodillándome nuevamente, solo que en éste ocasión guardé mi arma. Ya me parecía totalmente innecesaria.- No te asustés, no te haré nada. Al menos mientras tu no me des razones de hacerlo. ¿Lo harás?

-No... -se notaba que estaba totalmente asustada. Suspiré.

-En este momento estoy tan confundido como tú. Asustado no, pero si confundido. Ahora, estár así es algo que no me gusta, por lo cual quiero dejar de estarlo. ¿Entiendes?

-Si...

-Bueno, solo quiero hacerte unas preguntas, ¿Me permitirás hacerlas? No te haré daño tranquilo.

-Si no me hace daño... -dijo tras un momento de silencio, claramente con tanto miedo que parecía que se estaba esforzando por solo hablar. No entiendo como le costaba tanto ahora, luego de haber hablado tanto hacía menos de un minuto. Negué con la cabeza.- Muy bien.. Entonces, ¿Puedo bajar ya mis brazos?

Al parecer esas pequeñas astillas eran sus brazos.

-Claro, no hay problema.

Ya más calmada, pero aún con algo de desconfianza, bajó sus manos lentamente.

Me senté con las piernas cruzadas frente a frente.

-Veamos. Comencemos por lo más básico. ¿Quién...? O mejor dicho. ¿Qué eres?

La pelota se dió media vuelta (pude notarlo por la trayectoria que tomaron sus brazos), y pude notar que en todo el tiempo que llevaba, ésta estaba totalmente de espaldas.

En el momento en que se detuvo, en la parte inferior de la esfera, apareció una rajadura, la cual poco a poco se fue ensanchando hasta que dejó ver unos dientes totalmente blancos.

-Soy una de las nueve desgracias que caerán en su mundo.

Prisión FantasmaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora