Un amigo de confianza. Anny (10)

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Nunca había ido a ningún psicólogo, así que estaba un poco nerviosa de que me iba a hacer, ni siquiera en la escuela con el consejero había ido. Aquel día, Juan Carlos no me pudo acompañar por que tenía algo mas que hacer. (Aunque insistí, su breve y recia respuesta fue que no podía)
Las "clases", si así se le puede llamar, continuaban y ese día, por desgracia mía, tenía él una actividad importante en uno de los talleres, así que fui sola al lugar.

El edificio estaba muy cerca de la biblioteca, de hecho lo conectaba con esta unos túneles de vidrio.
Juan Carlos me había ayudado para que el primer "maestro", bueno creo que el término correcto sería agente, con el que me tocaba la clase, rellenara el papel de permiso y así me canalizarán con el sicólogo ese día. Y así fue como me encontraba yo allí, sentada, sola, ante una gran puerta de madera.

Era un enorme pasillo con un ventanal con vista al bosque, después de algunas sillas pegadas a la pared estaba una maceta con una gran palmera verde en ella. Y en la puerta una inscripción en placa con letras doradas:
AIME
Psicólogo

Me había sentado enfrente de la puerta, puse mis manos debajo de mis piernas y veía un poco inquieta los pasillos, me habían quitado mi permiso desde la entrada así que no tenía nada con que jugar con las manos. Lo único que podía hacer era mirar la puerta, estaba leyendo el letrero una y otra y otra vez y pensando en por qué habían decidió ponerle AIME al lugar. De momento la puerta se abrió y salió un hombre como de la edad de mi papá y una gran bata blanca. No llevaba ningún papel en mano y tenía las manos metidas en los bolsillos de la bata.

-¿Anny Villalobos ?..- preguntó mi nombre ante aquel enorme pasillo donde no había nadie más, su voz retumbó por el lugar.

-Soy yo...- respondí al instante levantándome, me sentí como si pasaran lista en la escuela. Tomé mi teléfono entre las manos.

-Pasa por favor- dijo el retirándose de la puerta para que pudiera entrar.

Me brindo una cálida sonrisa y eso me dio un poco más de confianza
Detrás de esta, se encontraba una habitación muy acogedora. El lugar contaba con un escritorio y una silla casi seguido de la puerta, creo que para casos extremos se podía usar esa puerta de vía de escape rápido. Además tenían un diván también, había junto al diván un librero lleno de libros, un cesto de basura junto y luego, en la parte de atrás, una ventana que daba vista completa al auditorio principal.

- Si gustas, recuéstate - me dijo el cerrando la puerta detrás de mí.

Él entonces se sentó muy cómodo viéndome, yo me había quedado de pie

- Toma asiento por favor - me indicó el diván.

Me senté en él, en ese momento, percibí un olor a lavanda que relajaba el lugar.

- Ahora que ya estamos aquí - me sonrió - quiero presentarme contigo. Me llamo Sebastián Danvers y quiero ser tu amigo.

- Anny - respondí secamente.

- Bueno, dime Anny ¿Te sientes bien allí o quieres que salgamos?

- Aquí estoy bien. Gracias - guardé silencio. Él parecía no tener prisa alguna - Es que - junte mis pies un tanto nerviosa - no soy buena hablando con extraños - me sinceré.

- Entiendo. Para serte sincero, a mi no se me dan muy bien los adolescentes - soltó una risa - pero ¿Qué te parece si me tomas como un amigo que haz conocido de tiempo y lo haz vuelto a ver? ¿Sientes más sencillo hacerlo así?

- Quizá - Dudé nerviosa viéndolo.

Pensé por un momento en que, si él fuera Sol, podría decirle todo de manera más sencilla. Con ella no podía hablar por qué la zona donde estaba no tenía nada de señal, así que no sabría nada de mi ni yo de ella, hasta terminar el verano. Solté una risa y entonces le dije mi descabellado plan.

Nadie es quien dice ser.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora