-Una de las nueve...¿Qué?
La sonrisa de la canica desapareció. Levantó una mano y comenzó a rascarse la cabeza. Aunque pensándolo bien, todo él era como una cabeza... ¿O no tenía una? Bueno, se rascaba la parte superior de su ser.
-O al menos algo así se suponía debía decir al llegar. Pero como me encontraste a la mitad de mi camino, pues solo puede estar impotente frente a ti. ¿Y porque no me has matado aún?
Parecía que era una línea aprendida, porque después de recitar su amenaza, su forma de hablar se volvió a ser débil y rápida.
-No soy malo. Solo defiendo, no ataco. A tu... ¿Profesor? -asintió.- A él tuve que eliminarlo porque me atacó. Aparte que ya tenía una presencia bastante fuerte y a los que son como él hay que detenerlos porque comienzan a causarles problemas a las personas. En cambio tú no has hecho nada. ¿O sí?
-No. No. No. No. No. -mientras hablaba negaba con la cabeza.- Se suponía iba a hacerlo luego, aunque no quisiera, pero aún no.
Para ser sincero, me hacía gracia. Era como un pequeño hámster al cual le acercas un dedo, corre a una esquina y se mantiene temblando en una esquina, viéndote de manera que parece que vaya a llorar.
-Bueno, ¿Entonces debo entender que no quieres hacer daño a nadie? ¿Como se que es verdad?
-Bueno, para ustedes tampoco es nuevo que nosotros nos encontramos en guerra, pero el que lo estemos tampoco significa que todos seamos unos agresivos. Comenzamos a venir poco a poco, unos escapando y otros intentando encontrar debilidades. Mis superiores venían por lo segundo, pero a decir verdad, yo no venía por ninguna de las dos razones. A mi solo me traían para acostumbrarme al lugar y aprender sobre ello.
Lo miré extrañado.
-¿Y tu profesor?
Se encogió de hombros.
-Nunca me ha caído bien. Aparte que al igual que todos, siempre me obligaban a hacer lo que me decían. Por alguna razón nunca pude ser como otro de los que se quedaban sin hacer nada en las afueras. Mi familia era Superior, así que tampoco tenía muchos que me apoyaran.
-Bueno, tampoco me cuentes tu vida -le dije riendo- Te dejaré sólo porque veo que eres bueno. Aparte el único con el que hablado de los de tu clase. Así que haré la vista gorda y me iré a ver si encuentro algo que llame mi atención.
Me levanté y me sacudí el pantalón, ya que el suelo de los callejones no era precisamente uno al que le pasaran la escoba frecuentemente.
-Oye, ¿No puedes llevarme contigo?
Lo miré fijamente. No podía saber si estaba solo molestando o era en serio. Solo veía que estaba inseguro de lo que decía porque se balanceaba de un lado a otro con las manos por detrás.
-¿Por qué me preguntas eso? -le pregunté.
-Me pareces una buena persona. Aparte también la única que me ha hablado hasta ahora, por alguna razón.
-¿No tiene nada que ver con el hecho de no poder regresar a tu hogar por ti mismo?
Dudó por un momento, yo estaba convencido de que me iba a decir que si pero al parecer estaba equivocado.
-Como ya dije anteriormente, todos me obligaban a hacer lo que ellos decían, sin tomar en cuenta lo que yo quería. Siempre quise poder alejarme y vivir tranquilo, pero no pude. Si me quedo contigo podré alejarme de ellos, y evitar que me lleven de regreso porque puedes derrotarlos.
-Así que me utilizaras como escudo.
-¡No! Bueno si... Pero yo puedo ayudarte en lo que necesites. Uno no se queda en un apartamento sin pagar la renta. Al menos no alguien decente.
No me parecía algo malo. Era cierto que llevaba cerca de cinco minutos hablando con ella, pero sentía que no era mala. Aparte que aunque lo fuera, por el nivel de aura que emitía no creía que pudiera entrar en algo más grande que una pelota de tenis.
-Veremos que dicen en mi familia. Pero puedes acompañarme mientras tanto en mis vueltas.
La canica se elevó hasta flotar a la altura de mis hombros.
-¡Bién! Gracias.
-¿Cuál es tu nombre, por cierto? -le pregunté al darme cuenta que no sabía como llamarlo.
-Cierto que no había dicho mi nombre. Soy Siete. ¿Y tú?
-Yo soy Kai, pero... ¿Siete?... ¿Cómo el número?
-¡Exacto!
-No se como puedes decir eso alegremente... ¿Quien se llama como un número? Que poca originalidad hay estos días. De ahora en adelante te diré... Murmel.
-Oye.. tengo nombre, no seas irrespetuoso. -ya su voz parecía no quebrarse tanto, ya estaba acostumbrándose a mi.- En cualquier caso, ¿Por qué Murmel?
Sonreí.
-Porque eres igual a una canica.
-¡Oye!
-Bueno, vamos, que si no se me termina el día. -me giré y comencé a caminar, siempre riendo.
Murmel se siguió quejando de su nuevo apodo, pero me siguió el paso para salir nuevamente a la calle principal.

ESTÁS LEYENDO
Prisión Fantasma
Teen FictionLos poderes son algo peligroso. No puedes vivir con ellos sin huir. Primero ser atacados y luego separados. Darse cuenta que aunque la mayoría de la vida a sido dedicada a entrenar, aún se puede ser muy débil ante los peligros del mundo. Kai está ca...