4: Nueva opcción

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León apagó el motor de su camioneta en el momento que vi el letrero de Jethiet, la ahora famosa cafetería.

Tiene buena pinta... —dijo mi amigo admirando el interior de ella.

Alcé la cabeza para ver si la chica estaba por ahí limpiando algunas mesas, pero no pude encontrarla.

La cafetería era una construcción bastante vieja, pero mostraba estar bastante cuidada. En su frente había un ventanal enorme y paredes decoradas con estantes repletos de libros y plantas artificiales; la puerta era transparente y tenía un marco rojo y lleno de detalles, al abrirla sonó una campanilla que colgaba sobre ella.

Escogí una mesa alejada de las demás que estaban siendo usadas por algunas parejas que según mis suposiciones no estarían muy a gusto de escuchar mis suspiros por la camarera.

—¡Nick!

Trevor Frenchie apareció con sus piercings y cabello azul detrás del mostrador y me saludó alegremente, León curvó las cejas al verlo y supe al instante que su aspecto dark lo incomodaba un poco.

—¿Cómo has estado? —me preguntó como si me conociera de toda la vida y acomodó el mantel blanco bordado de la mesa.

—Bien, supongo.

Luego saludó a León con un apretón de manos y sólo lo observó un instante hasta volver la mirada hacia mí.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó.

Definitivamente no era por la comida. Sonreí y bajé la mirada, ni siquiera sé por qué hice eso, quedé como un idiota anonado por los encantos de una extraña.

Frenchie se estiró hacia atrás y apoyó una mano sobre mi hombro riéndose seguramente de mí y mi estúpido comportamiento.

—Está ocupada, viejo, y te dije que no le gustan muchos los admiradores.

Hice una mueca. Entrar en contacto con esta chica sería muy difícil.

—Por lo menos dime cómo se llama.

Meneó la cabeza ya disgustado y me di cuenta de aquello. Esa mirada no se la dirige a cualquiera, sólo podía significar una cosa.

—No me digas que es tu novia, Frenchie.

—No, por el amor de Dios, es prácticamente como mi hermana—luego agregó—¿Vas a pedir otra vida sin mierda?—sacó su cuadernillo y un bolígrafo.

León lo miró como si se tratase de un extraterrestre.

—¿Una qué?

—¿Y para él?—preguntó ignorándolo.

—Un café con crema—respondí sin darle su tiempo a León para procesar la conversación.

Frenchie se alejó a paso ligero con la orden en sus manos. Tenía un estilo muy peculiar, su rostro estaba siempre sonriente y tenía las piernas alargadas al igual que sus manos, su piel era blanca pálida y su cabello contrastaba mucho en él entonces. Sus movimientos eran precisos como si se tomara el tiempo para calcularlos y se notaba que hacía deportes extremos como parkour.

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