Tanto Dios como el hombre tienen algo en común:
jugar con la vida como si fueran piezas de ajedrez.Un silencio incómodo apareció entre ellos, rato después que se dejaron de escuchar los sonidos de disparos. Las tres naciones no sabían cómo detener todo esto, ya que pese ser gente de gran poder, la verdad no tenían siquiera conocimiento sobre el origen de la epidemia en sí; la gente moría, mejor dicho, su gente moría, los que eran considerados sus "hijos".
—Yo... No sé qué decir al respecto, lo siento. —La nación americana se quitó los lentes, llevando su mano derecha a su cien, masajeándola mientas suspiraba. Éste se sentía un inútil, pues se suponía que se trataba de alguien con vastos conocimientos, ¿qué hacía ahí escondiéndose como una rata?.
—No tienes porqué hacerlo, Alfred... —Prusia había colocado una mano en el hombro ajeno en un intento de apoyo. No había otra cosa más que hacer, todo se estaba hundiendo de forma rápida mientras la sensación de horror permanecía latente en la piel de todos los que, aún, seguían vivos.
Dinamarca escondió la cabeza entre sus rodillas, sonriendo con incredulidad.
«¿Que se podía hacer?» pensó él, soltando un suspiro lleno de tristeza, notándose por completo. Era la primera vez en muchos años que tenía la sensación de que pesadas cadenas se hallaban en su cuerpo, tan nítida, tanto que era capaz de recordar aquellos tiempos oscuros de la historia de su nación.
—Aunque sea pudimos hacer algo en la Gran Guerra, pero, ahora... —El danés hizo una pausa breve—. Somos más indefensos que en la mismísima "Segunda Guerra Mundial", todos parecen estar dentro de un juego de niños en este caos.
El silencio volvió a reinar, puesto que nadie quiso seguir hablando. Mejor dicho, nadie quería seguir con eso, quedándose sólo sin hablar. Mas aquella calma no duró demasiado, ya que mucho después la puerta se abrió de golpe, provocando que los tres dirigieran su mirada a cierta nación rusa que sonreía.
—¿Y esas caras? —preguntó, mostrándose confundido. Las otras naciones estaban por responder, sin embargo negó con la cabeza—. Mejor no respondan. Tomen sus cosas, nos vamos a Rusia. Ahora. Nuestros jefes están en una reunión, decidieron que las naciones irían para allá y la gente a tu nación, да —apuntó al americano, volviendo a sonreír—. Andando.
—¿Qué? —Alfred se reincorporó mientras se colocaba los lentes de nuevo—. ¿Por qué no nos avisaron entonces?
—Si no lo hicieron antes, significa que la situación es aún más grave... —La nación nórdica se puso de pie, intentando no flaquear por el poco ánimo que tenía.
—¿Revisaron sus celulares? Puede que les mandaran algo a ambos —mencionó Rusia.
Por su parte, Prusia descartó la idea de que le avisaran a él, después de todo era inservible mantenerle con vida. Sólo esperaba que sobrevivieran muchas naciones, odiaría ver caer a Francia o a España. Lo peor era que siquiera tenía información alguna de ellos.
Todos comenzaron a tomar las pertenencias que llevaban consigo, recogiéndolas todas. Una vez que lo hicieron, el ruso ladeó la cabeza forma aniñada dirigiéndose pronto a ellos.—¿Ya nos vamos? —preguntó—. Quiero llegar a casa, tengo muchas cosas que hacer además de protegerlos, claro, ya que son tan vulnerables como dos palos de madera. Con un golpe, se romperían. —Él rió, girándose sobre sus talones al tiempo en que ensanchaba aún más su sonrisa.
Estados Unidos, igual que el resto, no dijo palabra alguna y comenzó a caminar. No le quedaba de otra, órdenes eran órdenes, aunque no le agradaba la idea de irse donde el imbécil del ruso.
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Pupa [EN EDICIÓN]
FanfictionPor el egoísmo de una sola persona, la vida de muchos es condenada. La humanidad llegó a su fin. ¿Qué podemos hacer? ¿A quién salvar? ¿Quién es el culpable? ¿En quién confiar? ESTA HISTORIA ES BASADA EN UNA HISTORIA PERSONA, ES DECIR, MÍA, QUE...