Capítulo 2

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Un tic nervioso salió a relucir en la ceja izquierda de Michele mientras sorbía con furia su bebida de mango en cajita. A su lado, su hermana Sara y Seung-gil lo observaban curiosos.

—Mickey, el jugo ya terminó —avisó ella, retirando la cajita de la mano de su hermano.

Él no prestó atención y continuó con la vista fija en una escena a unas mesas más allá de donde estaban sentados.

Emil estaba sentado en una mesa diferente con unos chicos a los que Michele no había visto nunca. Conversaban y reían ruidosamente, tal como si fueran amigos de toda la vida. Incluso un rubio alto, musculoso y que gritaba "sexy" por donde se le mirara abrazaba a Emil por los hombros, diciéndole palabras al oído, a lo que Emil respondía con una sonrisita tonta.

—¿Discutiste con Emil? —preguntó Sara, captando por fin su atención.

—¿Ah? No, no lo hice —contestó con fastidio, mirando con el ceño fruncido la manera en la que ese rubiecito acariciaba los brazos de su amigo y él no lo alejaba. ¿Por qué diablos no lo alejaba?

—Pues qué raro, ya van tres días seguidos en los que Emil no come con nosotros. Al parecer hizo nuevos amigos —comentó Sara con inocencia, sin saber que al decir eso encendía una llama de ira en su hermano.

—Ese pedazo de... ¿No que iba a olvidar lo que pasó? Él es el que le da más importancia —murmuró, apretando sus puños.

—¿Olvidar lo que pasó? —dijo Sara mirándolo seria. Michele resopló sin responder—. Michele Crispino, ¿qué rayos le hiciste a Emil?

—¡Yo no hice nada! ¡Él fue el que quiso hacer esa cosa de besarme y luego me confesó que le gusto! —exclamó con nerviosismo ante la mirada penetrante de su hermana gemela. Incluso Seung-gil lo contemplaba con dureza.

—¿Qué? ¿Me hablas en serio? ¡Por fin se te confesó, sí! —gritó Sara emocionada, sacando su celular del bolso con rapidez. Michele la miró boquiabierto—. Tengo que contarle a Mila de inmediato, ella también los shippea.

—E-espera un segundo, Sara. ¿De qué hablas? —preguntó Michele confundido—. ¿Acaso siempre lo supiste?

—¿Eh? Pues claro, si Emil siempre ha sido muy obvio. Me sorprende que hasta ahora se atreva a confesarse. Y dime, ¿qué le respondiste? ¿Qué hicieron después? Cuéntame con detalles, ¿sí? —murmuró ella, arrimando su rostro irradiando de alegría al de su hermano. A un costado, Seung-gil se aclaró la garganta, incómodo.

—¿Que qué respondí? Le dije que no, por supuesto. ¡Emil es mi amigo!

Sara se alejó, cambiando de semblante. Lo miró con una especie de dolor en los ojos y Michele se alarmó.

—¿Lo rechazaste, Mickey? ¿En serio hiciste eso? —preguntó en voz baja.

Seung-gil le avisó en el oído que iría al baño, aunque en realidad lucía como que quería huir de la situación lo más pronto posible. Sara continuó hablando.

—¿Qué mierda, Michele? ¿Sabes lo difícil que es el confesarse a otra persona? Y estoy segura que el que sean del mismo sexo lo hace más complicado. ¿Siquiera pensaste en eso por un segundo? Vas y lo rechazas así sin compasión y luego te quejas porque él te ignora. Ahora entiendo todo. Y estoy del lado de Emil, hermano tonto.

Sara se incorporó del asiento con rabia, agarrando su bandeja de comida.

—Mickey, recuerda que todos los humanos tenemos nuestros límites. Estoy segura que el de Emil fue superado, se cansó —dijo ella, dándole la espalda. Lo miró por sobre los hombros con las cejas alzadas—. Y tú tienes toda la culpa. Déjalo en paz ahora, él intenta superarte a su modo. Si te preocupas por él tan siquiera un poco, respetarás su decisión.

Enmendando un corazón |EmilxMickey|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora