«Los hombres que intimidan a los demás. Los más malvados, crueles, abusivos. Esos, desgraciadamente, siempre han sido mi debilidad»
Su mensaje me impidió reaccionar rápido. Mi mente se encontraba divagando en busca de una respuesta. ¿Será que ya lo conozco pero no recordaba su nombre? No lo sé. Pero sabe más de lo que debería. Quizás sea familiar de Omar y de ahí sacan su actitud tan arrogante.
Alguien abrió la puerta bruscamente haciendo que ésta se golpeara fuerte a la pared. Ruido que me sacó de mis pensamientos y en un par de segundos mi celular ya estaba en las manos de Omar.
-¿Crees que tengo todo tú maldito tiempo? Déjate de dramas y vámonos. No estoy de tan buen humor así que no me hagas enojar más.
Me agarró de la cintura poniéndome en su hombro izquierdo, me dio dos palmaditas leves pero que me hicieron reaccionar de inmediato debido al estado de mis nalgas.
Cuando estábamos cerca del avión, Omar me soltó y prosiguió a abrazarme.-Lamento haberte hablado así. No lo merecías. -Dijo mientras me besaba la frente y acariciaba mi trasero. -No quiero que reconozcas a ese niño como tuyo. Está bien que vayas al nacimiento, pero no lo reconocerás. No quiero. -Solté sin pensarlo dos veces. Él tenía que saberlo. Que me perdone por ser tan egoísta pero creo que eso lo aprendí de él. -Ah si, ¿Y que me vas a dar para convencerme? -Dijo en tono juguetón mientras me miraba directo a los ojos con esa sonrisa que lo caracteriza, lo hace diferente, lo hace tan único. Como todo de él. -Aún no lo sé. -Dije sonriendo pícaramente y alejándome hacia el avión.
Ya estando los dos adentro nos encontrábamos de frente. Lo empecé a mirar de reojo mientras el leía un libro que desconozco el nombre, la verdad es que, ¿Quien en su sano juicio le pondría atención a un libro delante de un hombre como él? Por lo menos yo no.
Empecé a moverme de un lado a otro porque no podía encontrar una posición cómoda para mí y mis pobres nalgas. Y las risas de Omar observándome no sé hicieron esperar, yo por mi parte me puse roja.-¿Que pasó, pequeña, te duele?- Su sarcasmo era una característica principal de él. Ya lo estaba conociendo más.
-No, no me duele. No tiene por qué dolerme, ¿no?
-Ahhh, bueno. Si quieres te recuerdo los motivos. -Dijo mientras se paraba hacia mí.
-No, no no no, no perdón perdón. Si me duele un montón hombre, ya. -Le dije mientras él se echó a reír acercándose a mi sonriendo. -Tranquila, tranquila. Me abrazó y sostuvo entre sus brazos de tal manera que mi trasero quedaba sin contacto alguno. -Te pondré crema, por aquí la tengo.
Dio órdenes de que nadie pasara mientras me puso de pie, prosiguió a sentarse y habló.-Quédate desnuda de la cadera para abajo, después recuéstate en mis rodillas.
Aún sentía vergüenza de hacerlo. Aunque hoy hace unas horas estaba casi totalmente desnuda ante él. Pero obedecí, no tenía otra opción y de solo ver sus manos me ponía tan nerviosa. De hecho, su sarcasmo y bromas sobre el estado de mi trasero me hacían sonrojar y humedecer un poco mis bragas.
Sentí sus manos acariciando lentamente mis nalgas y un alivio me invadió. Que bien se sentía. La crema, sus manos. Me las imaginaba acariciándome por completo con esa dulzura y delicadeza con la que se encontraba sobando mi trasero.
No se cuánto tiempo teníamos pero el seguía sobándome, haciendo que mis nalgas se lo agradecieran profundamente.
-¿Ya estás mejor niña?
-No me digas niña. Dime mi niña. -Le dije mimada. Pero es que la verdad si hay mucha diferencia en que te digan "niña" a "mí niña". La primera hasta la podría tomar como un insulto. Es como si te dijeran "No la podemos poner a ella a cargo del negocio, es una niña, no lo haría bien" o algo así.
-Perdón, perdón. M-i -n-i-ñ-a.
-Así un poco mejor, pero sin deletrearlo como niño pequeño.
Se rió y empezó a deletrear de nuevo dándome una nalgada por cada palabra. Empecé a llorar. Y es que lo peor no es que te dejen las nalgas en pésimas condiciones, es aún más feo cuando te pegan estando así. Cualquier nalgada o azote por más mínimo reaviva todo el dolor que sintieron tus nalgas y en muchas ocasiones, te duele más. Es por eso que los castigos de mantenimiento suelen ser en ocasiones más dolorosos.
-No escuché bien, ¿me dijiste cómo debería de decirte? ¿Insinuaste a caso que debería hacer? Me soltó otras dos fuertes nalgadas; prosiguiendo a jalar mi cabello levantándome la cara y dándome un beso en la frente.
-No dije nada. Dime como quieras. -No me quedaba de otra. Sentía la humedad entre mis piernas, ¡que vergüenza! Me decía a mis adentros.
-Ya mejor levántate, no quiero llegar empapado. -Palmeaba y acariciaba mi trasero mientras lo decía.
Me levanté tan apenada que no fui capaz de verlo a los ojos.
-Así me gusta. Que seas obediente mujer. ¿Que te cuesta? Nada.
-Si eso dices.
-Vas a disfrutar mucho estas dos semanas. O bueno, yo si voy a disfrutar. Tú vas a hacer que disfrute. Aunque conociéndote, dudo que no sea de tu agrado que te haga mía.
Me reí sarcásticamente.
-No se quien disfrutará más. Tú "intentando" hacerme tuya o yo negándotelo.
-No me retes, querida. En fuerza soy mucho mejor que tú. Aparte, no te hagas la muy digna si te pongo como se me de la gana.
«Mientras tu me dices que no, tú cuerpo grita que sí» fueron las ultimas palabras de Omar que no dejaban de resonar en mi cabeza. Es cierto. Odio que tenga razón en esto. Pero sabía que tendría que contradecirlo.
-No me prende tanto un hombre que será padre y tendrá una responsabilidad mayor. Eso le baja puntos a un hombre como tú. Ya estás atado, ya no serás tan libre y ya no serás tan malo. Siempre se ablandan los corazones después de ser padres.
-Ya veremos. -Ahora si lo dijo algo entre molesto y no tanto. Se quedó pensativo y yo solo observaba cada una de sus expresiones corporales para ver qué me decían.
Nos avisaron por medio de micrófonos que ya estábamos por llegar. Que teníamos que prepararnos para bajar en máximo diez minutos.
-Prepárate para lo que está por venir, Esther. A partir de este momento eres completamente mía. -Susurró en mi oído mientras bajaba por el avión; todo mi cuerpo tembló, mi imaginación empezó a volar muy lejos. Me subí rápido las bragas y pantalón de la pijama y bajé. Iba sobándome el trasero con una mano mientras que con la otra cargaba una botella de agua. Espero adaptarme pronto. Pensé mientras imaginaba lo que venía para mi trasero..

ESTÁS LEYENDO
Tómame
Teen FictionNo es una mujer como cualquiera, esconde en su interior deseos que le avergüenzan y que por nada del mundo quiere que su alrededor conozcan... Hasta que lo conoce a él. (Es una novela que no tiene exactamente un orden estricto, pero si secuencia, s...