Capítulo VII

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Aleksandra

—Llegué a los aposentos que están en el antiguo palacio, donde el Sultán esperaría la llegada de la Gozde que nunca llegó. Lale Kalfa me llevó asta ahí—.

No hace falta que te diga las reglas, ya las sabes de memoria ¿No es así Aleksandra? —me dijo Lale Kalfa, un poco ataviada por la situación, apenas y tuve tiempo de prepararme—.

Lale Kalfa, me estas poniendo más nerviosa de lo que ya estoy —dije mostrándole una sonrisa—.

—Mientras que platicamos, Lale hizo una seña de que ya habíamos llegado a los eunucos para que avisaran al Sultán—.

Puede pasar —dijo uno de los eunucos, camine a lo cual Lale Kalfa se quedó esperando afuera de la puerta—.

—Llegué y mantuve mi cabeza hacia abajo, el Sultán estaba en la cama tapado de los pies al pecho, camine asta ahí y me metí entre las sabanas, pero estaba tan nerviosa que antes de llegar a terminar la costumbre me reí y salí de entre las sabanas. En ese mismo instante comprendí que había cometido un gran error y pensé que estaba pérdida, pero eso se fue de mi mente al escuchar que el Sultán también se estaba riéndose—.

¿Cuál es tu nombre? —preguntó a lo cual me puse nerviosa, me hablo con una voz grave pero seductora—.

Mi nombre es Aleksandra —dije—.

¿No se supone que era Elif la que me visitaría está noche?

Ella se ha enfermado y la Valide me mandó como obsequió a usted.

Mi Valide siempre dándome gusto —oí que susurró mirando hacia la nada— Bueno como hoy me haz alegrado la noche, te obsequiare un nuevo nombre —dijo tocando una de mis mejillas y mirando directamente a los ojo— Tu nombre es Hürrem.

¿Hü-rrem?

Hürrem, significa la que ríe. —reafirmó, a lo cual sonreí—.

Es un nombre muy hermoso —sonreí, él de pronto me besó, sentí que la vida se me iría con un sólo besó de mi señor, los colores del arcoiris de repente aparecieron ante mí y se mezclaron con los sentimientos de mi corazón, el tiempo se detuvo y con cada caricia que me brindaba y con cada beso, me entregué en cuerpo y alma al sentimiento más hermoso que puede tener alguien hacia a otra, el amor. Ahora sé que nunca voy a estar sola y tendré algo por lo que luchar. La noche pasó en un abrir y cerrar de ojos, al abrir mis ojos me encontré con la sorpresa de estar en los brazos de mi amado—.

Dime, ¿qué es lo que deseas como regalo? —me pregunto todavía abrazándome—.

Mi Sultán, no quiero joyas ni oro. Tan sólo quiero seguir aprendiendo. Quiero leer libros, he leído muchos pero siento que debo aprender más. Y si no es mucho pedir, quiero siempre estar a su lado incondicionalmente —dije con gran fervor en mi corazón; pude observar que se había asombrado por mi pedido, supongo que todas las mujeres que venían a verlo siempre pedían joyas ó oro, pero yo no soy igual a las otras mujeres, ¡Eso nunca! Yo no seré igual que ellas, no dejaré que la inmadurez se apodere de mí—.

Esta bien Hürrem. Te daré los libros que quieras. Puedes irte, haré que te manden tu regalo. —dijo con voz grave—.

Mi señor —hice una reverencia y me fui—.

—Fue un momento mágico e inimaginable pero antes de hacerme ilusión de algo, debo primeramente cuidarme de Mahidevran Sultán si es que vuelvo otra vez a los brazos del Sultán; al volver al Harén me encuentro que todas las mujeres estaban alarmadas, supongo que por Elif Hatun ya que no fue con el Sultán y no sabían a quien habían mandado como reemplazo—.

¡Miren! —me señaló una de las mujeres- Aleksandra debe saber quien fue en reemplazo de Elif. -todas se juntaron alrededor mío y empezaron a preguntar—.

Aleksandra di nos quien fue con el Sultán —suplico otra—.

¡Esperen! —exclame para que pudiera hablar— la mujer a la que enviaron... ¡fui yo! —todas se rieron, no me creían, pero se callaron después al ver que el Klizar Ağa se acercaba a mí con un cofre, no duró mucho el silencio ya que un cofre pequeño lo veían muy poco por el precio de la pureza—.

¡Miren! A Aleksandra sólo le dieron un cofre pequeño y Mahidevran Sultán cuando aún era Gozde le dieron más que algo pequeño. Aleksandra debió de haberle gustado muy poco para sólo darle eso —me sentí un poco atemorizada por sus entre dichos, ¿acaso lo que había pedido estaba mal, para que lo subestimen tanto sin si quiera ver que es?—. 

Nuestro Sultán te ha enviado esto.—abrió el pequeño cofre y dejó ver una llave— es la llave de la biblioteca privada del Sultán, asegúrate de usarlo con debido modo —dijo— ¡Ah! Y ahora ya no la llamarán Aleksandra, el Sultán le ha dado un nuevo nombre. La llamarán ahora Hürrem, el Sultán lo quiere así. —hablo mirando a cada una directamente a los ojos, las mujeres se quedaron mudas al oír eso, despues de hablar se fue—.

Pero... ¡¿cómo lo has logrado?! Las concubinas son nombradas por la Valide Sultán o por el Klizar Ağa y además de eso, tienes permiso de salir fuera del Harén —dijo una de las Cariyes, ella estaba exaltada, mejor dicho todas las mujeres del Harén lo estaban— ¿acaso le hiciste brujería a nuestro Padişah?

¡Cuidado con lo que dices Cariye! Como te atreves a mencionar tan siquiera la palabra "brujería". Deja de montar injurias en contra de Hürrem. —dijo Lale Kalfa apareciendo en el Harén, le sonreí por la ayuda, aunque al parecer estaba escuchando desde antes— ¡ahora vuelvan al trabajo no se queden ahí paradas de holgazanes! —hizo dos aplausos para que se fueran— Aleksandra, digo Hürrem, la Valide Sultán quiere verte.

Si, ya mismo voy. —¿es así como me ven?, ¿como una bruja?; no pude seguir meditando las palabras de esas mujeres porque Lale Kalfa me habló—.

No le des importancia a lo que dicen esas Cariyes, están celosas por el regalo que te dio el Sultán —dijo mientras caminábamos hacia los aposentos de la Valide Sultán—.

Tienes razón, al final de cuentas ninguna concubina puede salir del Harén sin el permiso de la Valide Sultán y eso les despertó sus celos —dije aún pensando en sus palabras, en un santiamén habíamos llegado a los aposentos, Lale Kalfa tocó la puerta para poder entrar y desde el otro lado se escuchó un "adelante"—.























Continuará...


















EL SULTÁN Y HÜRREM [En Proceso] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora