Octubre.10
Esa fue la primera vez que encontré a Naomi Twen llorando en el cordón delgado de la calle y sabía que no sería la última.
Llevaba las piernas colgando por la acera como si no tuviera miedo de que un coche pudiera aplastárcelas. Quizá con cada lágrima que soltaba, deseaba que su dolor fuese por un par de piernas rotas y no por lo que sea que lo hacía.
Miré el terreno en busca de Travis, su madre o alguien, pero ella estaba sola.
Cerré la puerta de casa como si no me importara lo que fuera que estuviese ocurriendo. Mi abuela me observaba desde la cocina y podía notarlo. Abrí la puerta nuevamente y caminé con las manos en los bolsillos hasta donde ella se encontraba y me senté a su lado, pero manteniendo las piernas recogidas sobre el cordón.
Ella no desvió su mirada hacia mí, no le importó dejar de llorar y sabía por todas las telenovelas que miraba mi abuela que si una mujer realmente no le importaba que la vieran llorar, estaba muy rota por dentro.
— ¿Tienes un cigarrillo? — preguntó sorbiendo su nariz.
— Sabes que no.
Rió apenada y otras lágrimas escaparon.
Nunca había visto a Naomi con tanta ropa puesta, ni siquiera podía verse su ombligo y sin embargo, pude notar que estaba muriéndose de frío.
Le entregué mi tapado marrón y ella lo aceptó, pero lo puso sobre ambos para cubrirnos del viento que venía detrás de nosotros.
— ¿Por qué lloras?
— No es importante.
Yo también lloro por cosas que no son importantes, pero dudaba que Naomi Twen lo hiciera.
Ella era una chica ruda, valiente, no lloraba por cualquier cosa y no necesitaba conocerla mucho para saberlo.
Le ofrecí una mano y la levanté invitándole a pasar a casa, el viento no paraba de azotarnos.
Encontré a la abuela recostada en su cama y la tapé con un par de mantas para que sus pies no se congelaran. Cuando volví a la sala, Naomi había hecho un par de chocolates calientes y había sacado unas galletas de la alacena. Estaba sentada admirando las llamas y las brazas arrinconadas en la estufa cuando me senté junto a ella.
— Que conste que vine aquí sólo porque hace un frío de muerte y tú tienes estufa.
— No tienes que dar explicaciones.
— ¿Pero qué te pasa, Calum? ¿Siempre eres así de frío con todo el mundo?
Casi vuelca su chocolate en su arranque de histeria.
La miré absolutamente pasmado.
— Ehh...
— Soy una chica, siempre doy explicaciones y si me hago la difícil para enseñarlas, sólo tienes que seguir insistiendo, lo único que quiero es que sigas intentado.
— ¿De qué hablas ahora?
— Al carajo...
Se levantó muy enfadada volcando el chocolate caliente que tenía al frente y al salir cerró la puerta de un golpazo haciendo que toda la casa temblara.
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Atrápame en el siguiente otoño
Short StoryQué desgraciada hubiera sido mi vida si Naomi no hubiera aparecido repentinamente en ella. 15/01/18