¿Separados al nacer?

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Mi mismo pelo negro desordenado, altura, tono de piel, ropa y apariencia en general. La única diferencia era que sus ojos tenían un iris rojo fuerte, mientras que el mío era negro. Eso y el hecho de que él tenía cara de tranquilidad total, mienta que la mía era seguramente la de un idiota completamente perdido.

No sabía donde me encontraba, ni a quien tenía frente a mi. El lugar era una simple habitación con unas paredes y techo negros los cuales imposibilitaban saber si el lugar era circular o cuadrado. El suelo era de azulejo blanco separado por simples líneas de cemento. No había forma de iluminación, por lo cual parecía que los mismos azulejos eran los que emitían luz. El cuarto estaba totalmente vacío, sin muebles o cualquier otro objeto. Lo único que había dentro, era yo y... yo.

Realmente que por un momento creí que era uno de esos típicos sueños en los que te ves a ti mismo, pero en tercera persona. Pero mientras más tiempo lo miraba, más tenía el presentimiento de que esa persona no era yo. Él estaba tirado en el suelo del lugar, mientras yo lo veía desde un lado suyo, parado.

-Disculpa... ¿Sabes donde estamos?

No obtuve respuesta. Mi yo acostado seguía con la mirada perdida en el techo, el cual era tan oscuro que aparentaba estar viendo un cielo sin estrellas.

Me resigné a conseguir respuesta tras esperar unos cinco minutos, así que decidí imitarlo y me acosté en el suelo. Mirar la oscuridad infinita, lo cual sirvió para calmarme y comencé a pensar tratando de recordar la manera en la que llegué a éste lugar. La imagen de la máscara bipolar aparecía fugazmente, al igual de silueta ocupando todo mi campo de visión.

Recordaba paso por paso lo que había ocurrido, pero seguía sin saber donde me encontraba, y menos con quien estaba.

No sabía cuánto tiempo habría pasado mientras estaba sumido en mis pensamientos, pero de repente escuche un pequeño suspiro, mezclado con risa y unos segundos después aparecí frente a mi, como si fuera un gran edificio.

-Dentro de ti.

-¿Perdón? -pregunté, totalmente confundido.

Kai 2 sonrió y se acostó del lado contrario, dejando nuestras cabezas una al lado de la otra.

-No de la manera que pensas malpensado. Me refiero a que estás dentro de tu mente.

Lo miré, desconcertado.

-Eso no es de mucha ayuda, ¿Sabes?

-Lo se, lo se. -dijo riendo.- A ver como te explico... Creo que ya te has dado cuenta que soy como tu.

-Ajá.

-Pues soy, pero no lo soy.

-Muchas gracias, eso aclara todas mis dudas.

-Calma. -me dijo.- Déjame hablar. Para hacerte un resumen sencillo, soy la personificación física de tus poderes, y para estar hablando conmigo tuviste que poder entrar a tu propio subconsciente.

Hacía sentido. Al menos prefería eso a que de repente enterarme que tenía un hermano gemelo. Tenía suficiente con Alessandra y Hannah.

-Pero yo no tengo poderes. Aparte que nadie me ha mencionado el haber hablado con una copia suya.

-Hey, no soy una copia, tengo sentimientos. Y claro que tienes poderes. ¿Cómo explicas el ser la maleta humana de tu familia? Se que eso no es nada más que algo práctico, pero déjame decirte que eso es solamente es la primera capa de lo que puedes realmente hacer.

He de admitir que el escuchar eso me emocionó bastante. Así tal vez podría dejar de ser el más inútil de la familia.

-Aparte que nadie puede mencionar eso porque si lo hacen sus poderes se desvanecen. Es como ser Batman, si lo mencionas perdería el sentido.

No podría contraargumentar eso, me encantó ser comparado con Batman.

Iba a hacerle más preguntas, pero de repente sentí el cuerpo rígido y no pude moverme ni hablar.

-Parece que ya se te terminó tu tiempo. -dijo, mientras se levantaba. Se sacudió el pantalón, aunque no tenía idea de cuál era la intención, porque en ese cuarto no parecía haber ni siquiera polvo.- Espero nos veamos pronto, cuando logres aprender a utilizar tus poderes. Nos vemos.

Caminó hacia un lado y me dejó mirando hacia el techo. Estaba tan oscuro que no sabía cuando tenía los ojos cerrados o abiertos.

Lentamente comenzaron a aparecer luces en la oscuridad, mientras una a una las vendas se retiraban de mi cara y aparecía mi hermana frente a mi, mirándome desde arriba con cara de felicidad.

Prisión FantasmaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora