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La mañana era gris, como la vida del chico. Era un clima frío y sombrío. Bajó las escaleras y ahora no escuchó las conversaciones de sus padres como todas las mañanas.

-Joven Kim, su baño está listo- dijo un sirviente que atendía de su cuarto.

-¿Dónde están mis padres?- ignoró por completo las palabras del señor

-Lo siento joven pero no lo sé, no llegaron a dormir- se retiró sin más el sirviente.

Jin sintió algo feo en su pecho, pero eso siempre lo sentía, sus padres aveces no llegaban a dormir. Pero avisaban.

Se fue a la ducha y cuando terminó bajó a desayunar, pero ese desayuno constaba de sólo un jugo y una manzana. Las sirvientas que atendían la cocina lo miraban con tristeza, jamás se habían encontrado con un chico tan triste como lo era Jin.

-Joven Kim el joven Park lo espera en la sala- avisó el mayordomo.

A él cobrizo se le escapó una sonrisa y fue hacia allá. Jimin tenía una camisa negra con puntos rojos y un pantalón color mostaza.

-Hyung, me agrada verlo con una sonrisa, mire le he traído las tareas- el joven Park sacó de su mochila unos papeles en donde se encontraban las tareas del día anterior.

-Jimin te he dicho que no hagas eso... Siento que me aprovecho- dijo el mayor rascándose la nuca con pena.

-Claro que no lo hace Jin-hyung, recuerda esa vez que...-

-Esa vez que enfermaste y no fuiste por una semana. Yo hice todas tus tareas y así lograste salvar todas tus materias... Si, recuerdo esa historia, mil veces me la has contado- arremedó el chico

-Y apenas llevo muy poco, además lo Haría muchas veces y no solo por esa razón, si no por que es mi amigo y es el mejor de todos- Jimin hizo una sonrisa escondiendo sus pupilas con sus párpados, esos ojos tan bonitos ahora eran dos líneas.

Jin se sentía vivo de nuevo, su amigo lo llenaba de vida.

-Hyung vayamos a comer algo y de paso a la escuela, de acuerdo- dijo el chico tranquilo.

-De acuerdo, sólo iré por mis cosas- El chico señaló hacia arriba y con un movimiento de cabeza de aceptación el cobrizo subió las escaleras.

Ya estando afuera ambos hablaban muy tranquilos, en medio de pequeñas risas, bromas y anécdotas Jimin miro muy bien a Jin.

-Jin-hyung se pintó el cabello- tomó un mechón de cabello de Jin y el mayor rió

-No me vayas a decir que no te habías dado cuenta-

-Ya lo había echo pero solo se me olvida decirle- el pelinegro hizo una sonrisa y procedió a ver el menú.

-Le parece si desayunamos unas tostadas con mermelada de fresa, un jugo y un plato de frutas-

-¿No es mucho?- contestó el chico sintiendo lo pesado que debería ser comer todo eso

-Vamos Jin, es muy rico comer, así que ordenaré, disculpe- llamó al camarero y comenzó a pedir un todo lo que dijo.

En fin los platos de Jimin estaban vacíos mientras que los de Jin tenían, aún, una muy buena cantidad.

-Vamos, hyung, casi nos vamos- animó el pequeño

-No puedo más Park, hasta aquí dejo esto- azotó los cubiertos en la mesa a lo que Jimin negó.

-Sólo por esta vez, vayamos al colegio, hyung-

Ambos se dirigieron al colegio donde ya varios estudiantes estaban entrando.

-¿Quiere escuchar una nueva canción que escribí, hyung?- sin esperar respuesta Jimin coloco los cascos a su amigo, subió todo el volumen y Jin se asustó.

-Baja el volumen- gritó, pero fue ignorado, Jimin comenzó a caminar entre todo el alumnado que reía al ver a Jin.

-Miren ahí viene la gallina rosa- risas, insultos y burlas habían en el pasillo, pero Jin no escuchaba nada. Jimin era muy inteligente, mira que ponerle música a todo volumen a su amigo para que no escuchara los insultos. Sin duda, Park Jimin es un gran chico, una amigo excelente.

¿Puedes voltear? ~Terminada~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora