En el momento que me levante, la vista se me nubló por el mareo y tuve que apoyarme en la pared mientras mi visión regresaba. Cuando esta regresó, me di cuenta que tenía frente a mi una pequeña esfera de luz con brazos.
-¿Pero qué ver...? ¿Cómo es que estás aquí?
Murmel se rascó la cabeza, como si estuviera desorientado o avergonzado. Esperaba que fuera la segunda porque estaba algo muy enojado con él en ese momento.
-Verás, me pegué a ustedes en el momento en el que tu hermana estaba se transportando hacia acá.
Me senté nuevamente y crucé mis brazos.
-¿Dónde estuviste cuando nos atacaron? -le pregunté pesadamente.
-Para ser sincero... Escondido dentro de un cuarto. -seguramente vió mi cara de enojo, porque se acercó un poco más al suelo, hasta quedar casi a la altura de la cama.- ¡Lo lamento! Yo te había dicho anteriormente que soy un completo inútil para defenderme, ¿Cómo quieres que proteja a alguien más si no lo puedo hacer por mi mismo? Aparte que ver a ese dos caras me dió mala espina, siento como si lo hubiera visto anteriormente...
-Bueno, eso es cierto. -dije, ya algo más tranquilo. No podía culparlo por algo de lo cual claramente no tenía culpa.- Aparte que ese tipo daba realmente miedo. Pero bueno, ¿Conociste a Anna?
-Este, no pueden verme, así que conocer, cómo conocer, no. Pero si la he visto como te a cuidado junto con tu hermana estos últimos dos días.
-Bueno, veremos qué podemos hacer para que puedan verte... Espera, ¿Dos...? ¿¡Han pasado dos días!? -grité, levantándome.
Murmel retrocedió, acercándose incluso más al suelo.
-Si... Desde que llegamos a este lugar dos días atrás, no se ha movido de la cama mientras que era cuidado por ellas dos.
Puse mis manos detrás de la cabeza y caminé de un lado para otro dentro del cuarto por unos segundos. Si eso era cierto, era imposible encontrar rastros del enmascarado. Después de tanto tiempo, ¿Cómo iba a encontrarlo y hacerlo pagar por lo que hizo?
Miré a la pequeña canica que se encontraba escondida tras la puerta, o al menos intentaba esconderse, porque le salía más de medio cuerpo de su maravilloso escondite.
Decidí ir a con las demás para ponerme al día, mientrastanto no podía quebrarme la cabeza sin tener nada por donde comenzar a pensar.
-Vamos. -le dije a Murmel.- Después de dos días medio muerto, necesito comida o voy a terminar vegetal aunque haya sobrevivido hasta ahora.
-Por favor Hannah, aún no estás lo suficientemente recuperada para estar con haciendo esto.
Un café bien caliente y pan tostado con mantequilla era un buena combinación para gente que se encuentra dentro de una casa de hielo, aunque a decir verdad no hacía tanto frío como es de esperarse.
-Oye, ¿Tú no comes o algo? -le susurré a Murmel, que estaba flotando cerca de mi hombro.
-Si, pero con esta forma puedo estar días sin comer y no me da hambre, así que no te preocupes.
-Anna, mi hermana no me hace caso. ¿Podrías detenerla tú? Yo ya no doy.
Anna suspiró y señalo el agua que mi hermana Hannah estaba intentando controlar con su mano izquierda, la cual se encontraba tan llena de vendajes que parecía que el brazo se le hubiera inflado a más del doble de su tamaño normal. Una de las vendas le iba al cuello, probablemente para evitar el movimiento, lo cual no estaba dando resultado porque ella seguía haciendo esfuerzos para moverlo y hacer levitar agua por sobre su cabeza. En un segundo el agua se congeló y el trozo se quebró al caer de golpe en el suelo.
-¡Hey! -se quejó Hannah.
-Ya deja de hacer eso. Vas a lesionarte y tendremos que repetir desde cero el proceso para que tu brazo se repare, nuevamente.
Mi hermana se limitó a tomar su taza y seguir con su café, mientras miraba de reojo los trozos de su agua congelada con recelo.
-Gracias. -dijo Ale.
Al parecer, toda la casa estaba hecha de hielo. El lugar no tenía ventanas, pero se veía hacia afuera sin problemas, ya que el hielo es medio transparente. Pero los muebles, tanto la mesa del comedor, la cocina e incluso los adornos eran de madera tallada. Fuera de la casa, podía verse como la nieve se amontonaba a varios centímetros apoyado en el hielo, pero dentro, el suelo estaba cubierto con un suelo de madera. Éste se ponía tibio y parecía que tuviera calentador por debajo. Me entro la duda de como hizo el lugar. ¿Colocó la madera del suelo y luego hizo la casa? ¿O primero la casa y luego acomodó el suelo? Aparte, ¿Cómo se iluminaba de noche? ¿Porque el estar dentro de un cubo de hielo gigante no hacía que me diera frío?
Miré mi desayuno. Un no muy nutritivo trozo de carne con arroz. ¿De dónde sacaba la comida?
-Bueno, ya que todos estamos aquí es hora de hablar bien sobre lo que pasó. -me miró.- Tus hermanas no me han querido decir nada de lo que había pasado antes de que despertaras.
Volteé a ver a Ale y luego a Hannah. Ambas me miraban con una mirada que intentaba contener la lástima, aunque claramente no podían.
Es cierto que los demás habían sufrido, pero más que todo había sido solo por encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado. Yo no entendía porque el enmascarado había venido por mi, ni que me había hecho, pero al parecer nadie lo entendía porque no dijeron nada al respecto. El único que parecía saber algo era mi padre, pero ya no iba a tener la oportunidad para explicarlo.
Comencé a contarle a Anna lo que me habían contado, mientras que mis hermanas escuchaban y de vez en cuando me interrumpían para aclarar algo que había explicado mal o no había mencionado.
Cuando terminé de hablar, Anna me miraba con curiosidad.
-¿Y no recuerdas nada de lo que sucedió luego de que te taparan la cara? ¿Alucinaciones o algo por el estilo?
Alucinaciones. No lo había pensado de esa manera. Pero aunque no tuviera mucho sentido, estaba seguro que no era algo inventado de la nada. Lo sentí demasiado real.
-No, nada. -mentí.
Anna se recostó en la silla, dando un suspiro.
-Parece que no voy a ser capaz de hacer nada por mi misma. Tendré que llevarlos directamente con Amis. Es posible que él sepa algo sobre el enmascarado también.
Los tres nos sorprendimos al escuchar eso.
-¿Quién es él? -preguntó Alessandra.
-Es algo así como el presidente del refugio. Director, jefe...
-¿Dictador?
-No eso no. Pero si es el que nos dirige a todos, pero no con tiranía. Ayudamos con las amenazas más complicadas, mantenemos el equilibrio y eso. Pero también damos asilo a todos los que son perseguidos por ser anormales ante la sociedad. No se si lo entiendes.
-¡O si! ¿Algo así como la Mansión X?
-No somos mutantes. Y no. Bueno si, pero no. Primero que todo no es una mansión, es algo más grande. Segundo, ya te lo dije, no somos mutantes. Somos igual a todos, con las mismas capacidades, pero si podemos usarlas como se debe. Y no solo se encuentran personas así, si no que también cualquiera que quiera ayudar.
-Este... Ya me estoy confundiendo. -dije, levantando la mano como si estuviera en el colegio. Mis hermanas tenían la misma cara de perdidas que yo.
Anna suspiró.
-Por esta razón es que trabajo desde afuera y no instruyendo. Ya Richard les explicará como es debido. -se levantó y fue a la cocina.- Terminen de comer. Y no se, báñense o lo que quieran. Saldremos cuando estén listos.
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Prisión Fantasma
Novela JuvenilLos poderes son algo peligroso. No puedes vivir con ellos sin huir. Primero ser atacados y luego separados. Darse cuenta que aunque la mayoría de la vida a sido dedicada a entrenar, aún se puede ser muy débil ante los peligros del mundo. Kai está ca...