La 5° Hokage

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*Naruto*

Nunca imaginé que un simple batir de alas pudiera cambiarlo todo.

Un halcón mensajero bajó en picada hacia Jiraiya-sensei y hacia mí justo cuando terminábamos el entrenamiento del día. Reconocí el sello de Konoha y sentí que el corazón se me subía a la garganta.

Mi mano tembló un poco al abrir el pergamino...
y se me heló la sangre.

El Tercer Hokage estaba muriendo.
Un veneno extraño lo estaba consumiendo lentamente.

—Jiraiya-sensei... —logré decir, pero mi voz apenas salió.

Él leyó el mensaje, frunció el ceño, y por un segundo dejó de ser el viejo pervertido que conocía. Era un shinobi. Uno temible.

"El veneno fue obra de Orochimaru", decía la nota.
Había logrado infiltrar a Kabuto para inyectar al Hokage en un descuido. Un veneno lento. Cruel.

Jiraiya apretó el pergamino.

—Incluso muerto... ese hombre sigue siendo una maldita sombra.

Luego leyó la siguiente línea.

Nuestra misión era encontrar a Lady Tsunade: la última Sannin.

Él soltó un bufido entre curioso y molesto.

—Qué gracioso... justo escuché rumores de que estaba por aquí. —Suspiró—. Aunque nada con Tsunade suele ser gracioso de verdad.

Nos separamos para buscarla.

Y yo fui el primero en encontrarla.

Estaba en un bar.
Apostando.
Rodeada de botellas de sake.
Riéndose como si el mundo no le importara.

No podía creerlo.

Volé para buscar a Jiraiya sin saber si gritarle o esconderme.
Lo encontré rápido y, cuando se lo dije, él solo rodó los ojos como si no le sorprendiera.

—Por supuesto que está bebiendo —murmuró.

Fuimos juntos al bar.
O bueno... él entró al bar. Yo me escondí detrás de una columna.
No sabía por qué, pero quería escuchar sin que me vieran.

Y la escuché reírse del título de Hokage.

—Un honor inútil. No quiero nada que ver con eso —dijo Tsunade con una risa amarga.

Me temblaron las manos.
Yo quería ser Hokage. Era mi sueño. ¿Cómo podía burlarse así?

Sentí que algo se rompía.
No lo pensé: me di la vuelta y salí corriendo.

Pero esta vez... Jiraiya sí me vio.

—¡Naruto! —escuché que gritaba.
No me detuve.

Corrí sin rumbo, tragándome la rabia, pateando piedras, sintiendo que el mundo me quedaba grande.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché pasos detrás de mí.

—¡Naruto! —era la voz ronca del viejo. Venía rápido—. ¡Oye, mocoso, detente!

Me giré justo cuando él apareció, literalmente arrastrando a Tsunade del brazo.

—¡Suéltame, idiota! —protestó ella forcejeando.

—Ni hablar —gruñó Jiraiya—. Tú vienes. No voy a perder de vista a una borracha que podría huir en cualquier dirección.

—¿Y por qué demonios debería seguir a este niño? —espetó ella mirándome.

—¡Porque me insultaste! —le grité sin querer contenerme—. ¡Llamaste inútil al Hokage! ¡Llamaste inútil a mi sueño!

Tsunade se quedó helada.
Jiraiya también.

Y antes de poder decir algo más... una voz que heló el aire nos interrumpió.

—Qué conmovedor.

Kabuto.
Sonriendo.
Con esa calma enferma de siempre.

Jiraiya se puso al frente en un instante, aflojando el agarre sobre Tsunade. Pero fue tarde: Kabuto ya había dado un paso hacia ella.

—Mi maestro dejó una última voluntad —dijo ajustándose los lentes—. Acabar con Lady Tsunade.

Todo pasó muy rápido.

Kabuto atacó.
Tsunade retrocedió, paralizada por algo más profundo que miedo.
Jiraiya se preparó para defender.

Pero yo...

Yo me lancé.

No pensé.
No tuve tiempo de tener miedo.
Solo vi la kunai de Kabuto dirigida a ella y salté frente al ataque.

Sentí el filo atravesar mi piel.
Un ardor punzante.
Una presión en el pecho.
Pero no caí.

No iba a dejar que muriera.
No iba a dejar que Orochimaru siguiera destruyendo gente.

Cuando desperté, estaba recostado en el suelo.
Tsunade estaba frente a mí, temblando.
Mirándome como si yo fuera un fantasma del pasado.

—Eres... igual que ellos —susurró con la voz quebrada—. Igual que... mi hermano. Igual que... él.

No entendí, pero su dolor se sentía real.

Jiraiya ya tenía a Kabuto acorralado y lo obligó a huir.
Cuando todo terminó, Tsunade volvió a mirarme.

Y entonces hizo algo que ninguno esperábamos.

Se quitó el collar del Primer Hokage.
El que nunca regalaba.
El que era más valioso que cualquier tesoro.

Me lo puso en el cuello con manos que aún temblaban.

—Te lo ganaste —murmuró—. Por tu corazón. Por tu valentía. Por... recordarme lo que significa creer en alguien.

Luego se inclinó y dejó un beso suave en mi frente.

Sentí calor.
Sentí orgullo.
Sentí esperanza.

Se levantó, respiró profundo...

—Jiraiya —dijo con firmeza—. Acepto.
Seré la Quinta Hokage.

Y por primera vez desde que Sasuke se fue...
sentí que el mundo dejaba de caerse.

Que la voluntad del fuego seguía viva.
En ella.
En Jiraiya.

En mí.

Mi salvación (Editada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora