Un conocido desconocido

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— ¿Shiro? —La joven detuvo su carrera hacia el joven sintiendo el corazón latirle en los oídos, se sentía confundida y podía sentir que le faltaba el aire — ¿Qué significa esto?

Shiro la miraba con una expresión difícil de descifrar, parecía confundido y a la vez como si estuviera escaneando a la chica como si tuviera visión de rayos X, pero en un parpadeo cambió aquella expresión por una frívola sonrisa cínica.

— ¿Te gusta? — Preguntó mientras extendía sus brazos para que pudiera apreciar mejor su uniforme —. Es nuevo.

— ¿Desde cuando eres comandante del imperio galra? — Cuestionó la chica sin responder a la pregunta pero la sonrisa del joven solo se amplió.

— En realidad no mucho — contestó con un tono irónico como si estuviera divirtiéndose con ella —, digamos que fue una oportunidad que no pude rechazar.

— ¿Por qué no me dijiste? — Pidge se sentía extraña reclamándole al joven pero a la vez se sentía herida, traicionada, y deseaba una explicación.

— ¿Tenía que hacerlo?

La respuesta irónica de aquel hombre pudo con Pidge, sentía como las lágrimas amenazaban con salir de su rostro que cada vez se sentía más caliente por la vergüenza que tenía, quiso salir de inmediato, se preguntaba porque había ido en un primer lugar. Acababa de dar la vuelta dispuesta a salir corriendo cuando sintió la fría mano de aquel sujeto entrar en contacto con su muñeca.

— Espera — le pidió deteniéndola y aunque esta le obedeció se soltó de su agarre en cuanto se giró y este se limitó a ofrecerle su mano — ¿Quieres bailar un poco?

Pidge se sonrojó conmocionada, miro a las parejas bailar en la pista de baile y de nuevo a la mano de su acompañante como si tratara de averiguar cómo funcionaba aquello. Empezaba a pensar que todo era una broma de Shiro, una muy mala y pesada broma pero una broma al fin y al cabo, y ella había caído redondo.

Soltó una mezcla de un suspiro y una risa mientras asentía, tomó su mano y al momento el joven jaló de ella hacia la pista de baile y colocando una mano en su cintura empezó a bailar de forma suave, grácil y sutil. Pidge apenas sentía sus pies tocar el suelo, era como si todo lo demás hubiera dejado de existir y se encontrará en un lugar etéreo a solas con Shiro.

— No tenía idea que sabías bailar — admitió con cierta vergüenza.

— Hay muchas cosas que no sabes de mí — le respondió el joven con una cálida sonrisa que se parecía más a las que el usaba con frecuencia cuando estaba con ella.

Pidge sonrió tímida mientras se dejaba llevar al compás de la música con sutileza y acomodó la cabeza en el pecho de su acompañante, se sentía algo avergonzada de bailar con su tutor pero quizá no tendría otra oportunidad pronto así que decidió aprovecharla.

— Esto es aburrido — suspiró el joven después de un rato—. No entiendo como la gente puede entretenerse de formas tan absurdas.

— Creo que estoy de acuerdo contigo — rió Pidge que también empezaba a aburrirse de la monotonía de los movimientos, aunque por la compañía podría seguir haciéndolo toda la noche.

— ¿Qué te parece si lo hacemos divertido?

— ¿Qué tienes en mente?

De forma repentina aquella melódica danza se volvió una mezcla de empujones y tirones con los que el joven hacia girar a la chica por alrededor de él. Al principio eso había sorprendido a Pidge pero después de un momento se unió al chico provocando que ambos terminarás riendo mientras giraban en el centro de la pista ante la prejuiciosa mirada de las personas alrededor de ellos.

Garrison ProudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora