Capítulo 8: El Rubí Azul.

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Quedaban unas pocas horas para navidad, la primera sin mis seres queridos de mi país lo único que pude hacer algún que otra video llamada por Skype y encargar los regalos de navidad vía internet.

-Señora Hudson aquí tiene, lo he arreglado lo mejor que he podido.

-Pero si está mucho mejor de cómo lo recordaba, las alas doradas que le has puesto por las viejas que estaban roídas son muy lindas.

-No es nada, siempre he sido algo mañosa en cosas de arreglar juguetes y adornos…

-¡MALDICIÓN! Chillo Sherlock en el salón.

-Ya estamos otra vez con otra rabieta.

-Creo que es porque no he hecho galletas.

-No pasa nada, iré a la tienda de golosinas del señor Stephan y le comprare unas cuantas ambrosias que le gustan, además a mí me apetece uno de los chupetes de sabor a manzana caramelizada que vende, son riquísimos.

-Ya que estás me traerías regaliz negro.

-Por supuesto, hasta hora.

Hacía mucho frio así que le cogí uno de los abrigos de Sherlock y su bufanda y rápida fui a la nueva tienda en la que el señor Stephan había abierto tras yo recomendarle el local hace unos meses.

-¡HEY! 3·4·20 como me alegro de verte, Felipe encárgate de los clientes que tengo que hablar con esta jovencita en la trastienda.

-Sí señor Stephan.

-Veo que te va tan bien que has contratado a un joven. Dije siguiéndole a la trastienda.

-Sí y no solo eso, he hablado con la compañía que fabrica las ambrosias que siempre le compra a su amigo.

-Las “Cua, cua.”

-Esa misma, le comente sobre su trabajo y bueno, creo que es mejor que lo vea. El señor Stephan retiro una tela que cubría unas cajas con unos muñecos.

-¿Uno muñeco de un pato y una gata?

-Ju, no son unos muñecos cualquiera, son detectives consultores- me señalo al pato –este Sherlock Duck y esta es su fiel compañera Cat 3·4·20.

-Han hecho una promoción con nuestra imagen.

-Sí algo así, dijeron que las ganancia que se ganen con estas promociones serán donadas para la fundación ningún niño sin su regalo de navidad, a cambio me dijeron que tendréis “Cua, cua” para todo un año y estos muñecos.

-Bueno, seguro que cuando se entere de lo de un año de “Cua, cua” gratis acepte, pero tendrá que esperar…

-Su amigo ya había dado su consentimiento, solo faltaba el tuyo para empezar a vender las ambrosias hoy mismo.

-¿En serio?

-Sí, no te lo dijo, me dijo que te enviaría hoy mismo por la caja de “Cua, cua”, los muñecos y firmarías el consentimiento.

-Vale, dame el contrato para leerlo. Me lo dio junto a un bolígrafo.

-Tomate tu tiempo, yo iré a ayudar a Felipe.

El contrato estaba muy detallado así que lo firme y la copia también.

-Señorita 3·4·20, el señor Stephan me ha pedido que le empaquete los muñecos en papel de regalo y le lleve la caja de “Cua, cua” a su piso.

-Sí, por supuesto, ahí le dejo los papeles firmados.

-Muy bien.

-También compraré regaliz negra y chupetes de manzana caramelizada.

Poniendo un sociopata en mi vida.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora