La Cabaña (Parte 2)

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Al entrar note un orden inesperado, a pesar de las notorias capas de polvo y telarañas la habitación en la que me encontraba se encontraba en perfecto orden, había un par de viejos sillones, una mesa pequeña y el centro del salón estaba coronado por una roída y vieja alfombra, no había foco alguno o señas de electricidad, la habitación se encontraba rodeada de candeleros oxidados y sucios de hollín, ninguna vela habría sido encendida allí hacia años, el ambiente se encontraba intensamente impregnado del olor de la humedad.

La cabaña tenia una gran chimenea de adoquín que dejaba entrever viejos pedazos quebradizos de leña quemada, las paredes estaban construidas en adoquín mohoso y madera húmeda e hinchada, pude ver lo que quedaba del retrato de quien seguramente habría poseído la construcción, estaba raído, desgarrado y muy probablemente alimentaba polillas, pero podía distinguir perfectamente la figura de una mujer, el rostro en la pintura ya no existía, al igual que la mitad izquierda de su torso, pero aun era notorio el tono vino de su vestido, y el pálido blanco de su piel en la mano que aun estaba intacta sobre el lienzo.

Decidí buscar si aun había alguna vela olvidada en algún lugar, avanzando sobre el salón pude distinguir a la izquierda una puerta del mismo color que la pared, al abrirla chillo estruendosa sobre sus viejas y oxidadas bisagras, las cuales no resistieron rompiéndose y dejando caer la pesada puerta al suelo, el golpe levanto una intensa nube de polvo, retrocedí tosiendo y cubriendo mis ojos, tomando un poco de aire comencé a avanzar y pude distinguir tras el ahora solitario marco unas escaleras y la entrada a lo que supuse fue el comedor.

Había una larga mesa de madera, con 12 sillas a su alrededor, todo de estilo victoriano, los candeleros también oxidados se encontraban vacíos, pude ver un gran arco de adoquín junto a un acceso en arco también, me apresure a revisarlo, era evidentemente la cocina, pude ver un viejo fogón de piedra, viejas barricas cazuelas ollas y cucharones, la mayoría roto y carcomido, había viejas estanterías de madera, las revise completas, encontré apenas cinco velas, pero eran suficientes.

Note además una puerta trasera, sin ventanas, era una puerta de roble solida y pesada, decidí que seria mejor revisar la planta superior, tal vez podría encontrar algo que me sirviera aunque lo dudaba, prefería pensar que encontraría un lugar cómodo para descansar.

Encendí una vela con mi encendedor de bolsillo, tome un candelero para llevar cómodamente la vela y me encamine a las escaleras, estaban construidas en su totalidad de madera, eran una construcción de excelente calidad, mis pisadas se marcaban una a una sobre el polvo acumulado, note grandes cantidades de telarañas entre los barrotes del barandal, suplique internamente no encontrar alguna venenosa.

Al llegar arriba note que la construcción de este piso estaba dividida por un único pasillo central, que se extendía a la izquierda de la escalera, recto y hasta el fondo, culminando en un amplio ventanal elíptico aun conservado, había tan solo dos habitaciones a cada lado con puertas mucho mas ligeras, las paredes y el piso estaban recubiertos de tablones y el pasillo estaba apenas  decorado por un busto de piedra y un par de jarrones manchados de negro, al acercarme a ellos note la tierra seca negra y pestilente que contenían, entonces supe que antaño habían fungido como maceteros dentro de los cuales las plantas se habían muerto y podrido, hasta dejar solo el rastro negro y hediondo de sus tallos marchitos sobre los jarrones, camine lentamente hasta el busto de piedra al centro del pasillo, estaba frente a una vieja talla en piedra caliza de galileo.

Decidí revisar las habitaciones comenzando por la izquierda, la parte trasera de la cabaña, intente abrir la primera puerta y sin embargo se detuvo a la mitad, pude ver el brillo de la luna colándose en el cuarto, el techo había colapsado en esa habitación, presa de las inclemencias del tiempo; comencé a pensar que no seria muy seguro pasar allí la noche, pero decidí revisar las demás puertas.

La puerta que seguía del lado izquierdo abrió fácilmente, pude notar grandes estantes de madera llenos a rebozar de libros antiguos, viejos, raídos y podridos, sillones mullidos de descanso con un acabado de piel rota y áspera, un piso completamente forrado por una alfombra ya descolorida y polvosa, llena de moho y ese asqueroso musgo verde que crece en la humedad, una pequeña parte del techo había caído con el colapso del cuarto aledaño.

Revise después la puerta al frente, era claramente la habitación principal, la estructura de la chimenea subía por la pared lateral, pude ver las ventanas que conducían al exterior, al frente de la cabaña, una vieja cama con esas cortinas que se usaban antiguamente, al lado una fina mesa de noche, y una pequeña alfombra ovalada al pie de la cama, había también una puerta que conducía a la siguiente habitación, enmarcada por dos grandes armarios.

Decidí revisar esa última habitación, era el cuarto de un niño, con una cama pequeña, un viejo baúl de madera y un caballo de juguete del mismo material, había un pequeño armario junto a una mesa ligera y simple y una venta idéntica a la de la habitación principal, a la cual decidí regresar.

El polvo y la suciedad eran demasiados, no se podría descansar allí, pero tal ves si sacudía y arrastraba uno de los sillones de la biblioteca podría dormir en ese lugar, así que decidí ir por el. Al entrar me percate de un detalle que antes abría pasado por alto, unas gruesas cortinas escondían dos grandes ventanas, que dejaban ver hacia la parte trasera de la propiedad.

Presa de la curiosidad decidí abrir las cortinas y observar el paisaje, pude ver un muro de piedra de aproximadamente dos metros de alto delimitado el jardín en forma semi circular, conseguí distinguir un sendero que se adentraba al bosque, y separando el mismo del jardín, anclada al muro de adoquín una pesada y gruesa puerta de hierro.

Tras las puertas de hierroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora