7 p.m.
21 HORAS RESTANTES.
Las primeras gotas llegaron con una brisa trayendo con ella hojas secas y polvo. Mateo cerró los ojos para impedir que las basuritas le molestaran y cuando la brisa cesó, miró hacia el cielo sobre ellos que ahora estaba más oscuro.
-¡Vamos! Dense prisa-. Gritó antes de que se escuchara un fuerte trueno a la distancia.
El grupo apresuró el paso, se podría decir que estaban corriendo una carrera. Karen tomó de la mano a la niña y la hizo correr más deprisa. Vivi y Abraham iban detrás de ellas y al frente, Mateo seguido de Rafa.
Alan iba hasta el frente, se encargaba de descartar caminos y buscar amenazas. Estaba corriendo al igual que el resto pero de pronto las gotas empezaron a caer más grandes y notó algo más. No solo estaban cayendo gotas, sino también rocas transparentes y heladas como hielo: granizo. De todos tamaños, desde un chícharo hasta un limón mediano.
El muchacho maldijo entre dientes; antes ya había escuchado que en algunos lugares había caído granizo del tamaño de pelotas de golf, inclusive de beis bol, solo esperaba que no fuera el caso.
Si bien, en La Zona había caído granizo un par de veces, pero gracias a Dios él se encontraba dentro del avión caído junto con Karen y Abraham, y fuera de cualquier peligro.
-¡Tenemos que refugiarnos!- gritó sobre el ruido- ¡Si una bola de granizo nos llega a dar, va a lastimarnos!
Mateo no había reparado en que caía granizo, hasta que Alan lo mencionó. <<Carajo>> ¿Y ahora qué? ¿Dónde conseguirían un refugio? Bueno en realidad esa no era la pregunta que le preocupaba; si no encontraban un refugio, había suficientes manos como para hacer uno, claro que no sería la gran cosa pero evitaría que el granizo los golpeara.
¿Cuánto va a durar esta tormenta? Esa, era la pregunta que no se quitaba de la cabeza.
La verdad es, que estando en La Zona, una tormenta podía durar desde 15 minutos, hasta dos días. Y claro que con diferentes intensidades. Entonces recordó cuando encontró a Fernando y a Silvia. Era un día lluvioso, apenas podía sentir las gotas delgadas y ligeras caer en su piel. Simplemente era una llovizna leve pero duró todo el día, hasta bien entrada la noche, la llovizna cesó.
-¡Matías!- Rafa lo sacó de sus pensamientos – ¡Los rayos!-. Gritó con fuerza. La mente de Matías comenzó a procesar la información ¿Los rayos? ¿Qué pasaba con ellos? y sin imaginarlo, una luz incandescente pasó cerca de 50 metros frente a él, descargando su energía en un árbol, éste se prendió en llamas al contacto y segundos después el trueno lo ensordeció. <<Los rayos>> y entonces todo hizo clic. Tenían que salir de ahí y evitar los árboles aislados.
Después de haber caminado cuesta arriba durante un largo tramo, Isaac encontró un lugar perfecto para cruzar. Si bien, ambos costados del río poseían árboles de todas las especies, de incluso de las evolucionadas. Esta parte del río era más estrecha y parecía tener un menor caudal, más accesible para cruzar nadando. Además un grupo de grandes rocas yacía justo en la mitad del caudal, provocando que la velocidad y fuerza de la corriente disminuyera, al menos un poco. Isaac entonces no pensó más, se quitó los zapatos y los arrojó al otro lado del río.
-Yo iré primero, son alrededor de 15 metros. Cuando llegue del otro lado van a lanzarme las mochilas, pero primero se aseguran de que estén bien cerradas.
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Si tú vas, yo también
AdventureLa Zona. Más de 90 kilómetros a la redonda de lo que fue el estallido del rector. Isaac, un SOBREVIVIENTE, creía que estaban solos, él y su pequeña hermana, pero se equivocó. Su objetivo estaba claro al inicio: buscaba algo, algo que le había si...