Ella

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Narra Maya:

Todo estaba tan obscuro y borroso, me costaba abrir los ojos pero algo llamó mi atención, Eros estaba a lado de mí, sobre una especie de cama con sabanas de seda color negro.

No quería levantarme de la cama, lo único que recordaba era haber bebido de más y después de eso caer en un dulce sueño, tiré apenas un poco mi cuerpo sin hacer demasiado ruido, el rostro de Eros estaba tan cerca del mío, tanta belleza era hipnotizante para cualquier mortal, sus finas facciones sobre salían del parámetro humano, mamá decía que los hombres griegos eran único pero definitivamente un Dios griego era mil veces mejor, además de toda esa belleza mi cuerpo no podía evitar sentir algo cuando estábamos tan cerca, mi corazón latía como si hubiera terminado de correr un maratón, mis dientes no podían evita morder mi labio inferior como reprimiendo un grito y mis manos se sentían sin fuerza con un ligero cosquilleo sobre las palmas.

No quería ni siquiera respirar, tenía miedo de despertar su sueño y arruinar el momento, acurruque mi cuerpo más hacia el de él y aspiré su aroma, por primera vez en mucho tiempo volvía a sentirme segura, protegida, no estaba segura de cuando había empezado a llorar pero de un momento a otro las manos de Eros rodeaban mi espalda con tranquilidad tratando de calmar mis sollozos.

-No me dejes- supliqué como niña pequeña, volvía a sentir esto después de sentir miedo todo el tiempo después de estar tanto tiempo sola volvía a haber alguien en mi vida y el simple hecho de pensar que se podía escapar entre mis manos era horrendo.

- Mi dulce Maya, estoy aquí... Estoy aquí... Siempre-

- Cómo es? - me atreví a preguntar, quería sacar todo de mi cabeza, todo menos a él

- El que cariño? - preguntó él con un dulce tono de voz

- Tu hogar-

- No sé si el Olimpo merezca ser llamado mi "hogar"... Sin embargó el Olimpo suele ser la mayoría de las veces tranquilo, hay un gran gran Jardín que cuida mi madre, lleno de vegetación inimaginable, con todos los colores de verde que te puedas imaginar, los aromas que salen de ese lugar son la mejor fragancia que pueda existir, puedes recostarte en el suave pasto y admirar cada hoja de los árboles, dentro del Olimpo no hay paredes solo grandes marfiles, los dioses suelen correr por todo el lugar, tratan de divertirse para dejar pasar los siglos, pero yo no he pasado tanto tiempo ahí, no desde hace ya varios siglos-

- Cómo es que prefieres dejar todas esas magníficas cosas de las que me cuentas por un simple mundo lleno de humanos? - la mirada de Eros se clavó justo en la mía y sonrió abiertamente.

- Todas esas magníficas cosas no me llenaban, eran eso... Cosas, fui creado para convivir con los humanos, estar entre ellos, verlos y guiarlos pero en algún momento algo en mí se rompió, la humanidad estaba cada vez peor, tanta maldad, crueldad, guerras y dolor me mataban, llegué a querer dejar mi puesto, el amor era lo que menos buscaban los humanos y yo había perdido el significado de eso, mi madre Gea se dio cuenta de ello y creo el amor para mi-

- Ella creó el amor para ti? - repetí sin entender, me senté lentamente en la cama con el ceño fruncido y Eros siguió mis acciones

- Frente a mí hizo a una mujer y la escondió frente a los humanos-

- Me hizo humana- le recordé
-Me mostrarás tú mundo, ese mundo bello y divino pero cuando eso termine tendré que volver, con los míos y tú con los tuyos Eros- alguien tenía que decirlo, aterrizar las ideas de una vez, si no lo hacía dolería más después.

- No- sentenció él - Te daré tu divinidad

-Basta- habló ella casi sin voz, y fue entonces cuando la voz de su madre penetró en sus oídos, aún y cuando toda su familia amaba la historia griega sobre dioses y el Olimpo, su madre siempre le advirtió sobre los hombres, no en si de los dioses que ella nunca había visto pero por ser una niña se lo recalcaba con historias y más tarde ella misma había confirmado ello en libros antiguos, los dioses bajaban a la tierra solo para buscar Bellas mujeres y a lo mucho tenían hijos con ellos y por más que sintieran un amor tan grande como el que Eros decía profesar le a ella al final se iban, no podían vivir en la tierra, dejaban a sus hijos y a su amor al otro lado, sintiéndose miserables en todo el esplendor de la palabra, ella no quería sentirse así, si bien empezaba a sentir algo por Eros en tan poco tiempo era mejor frenarlo ahora antes de que ni siquiera ella pudiera parar el tremendo dolor por su abandono.

Amor Escrito en Griego (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora